Ojos que Ven Fantasmas en la Noche

Capítulo Tres

Fue tal el grito al despertarse que Irisia se quedó afónica, era lo primero que hizo incluso antes de levantar los parpados y para cuando lo hizo se dio cuenta que todo regresó a la normalidad. Se encontraba otra vez en su cuarto, acostada en su cama aunque en algún momento de la noche tuvo que tirar sus sabanas al suelo.

Antes incluso de que un pensamiento pasara por su mente la puerta del cuarto se abrió, su padre entró corriendo a la par que encendía la luz. –Querida mía –dijo con un rostro preocupado como nunca antes se lo había visto su hija–. ¿Qué ocurrió? ¿Fue una pesadilla? –Los ojos color aluminio de su padre fueron de una punta de la habitación a la otra, inseguro de que las pesadillas pudieran ser reales.

Irisia se corrió el cabello castaño oscuro para atrás de sus hombros, ahí se dio cuenta de que las manos le temblaban otra vez, no, todo su cuerpo seguía el ritmo de ese temblor y su pecho se inflaba y desinflaba con desespero. Pero de entre todas las cosas ella solo se concentró en su padre, se le quedó viendo y notó esa genuina preocupación en su rostro como si él hubiera sido el que tuvo la pesadilla.

Su hija no lo dudó un segundo y fue a abrazarlo con intensidad, le aferró los brazos con fuerza al cuerpo y le apoyó el rostro en el pecho. Su gesto no tardó en ser correspondido y ella se sintió segura en ese momento, su padre no dijo nada y se mantuvo asi en silencio. Él esperó a que ella se sintiera más cómoda y tranquila para hablar.

–Desde ayer a la tarde –empezó a decir, le costaba más de lo que esperaba soltar las palabras–. Cuando fui a inscribirme para este año de la universidad… creo que unos visionarios me están acosando, me meten en una ilusión aterradora. –Poder decir aquello le sacó un peso de la espalda, le hizo sentir que recuperaba el control de su propio cuerpo. Con las manos temblándole un poco menos se limpió las lágrimas del rostro, y separó el rostro del pecho de su padre para poder verlo a la cara–. Empezó ayer en la universidad, luego a la noche en la parada de colectivo y ahora.

Con lentitud se padre separó los brazos de ella. –Qué horror –dijo moviéndose por su cuarto, como si buscara a los acosadores. Revisó debajo de la cama, en el placar de la ropa e incluso abrió un poco las cortinas para ver el paisaje urbano desde el séptimo piso. Como se esperaba no encontró a nadie ni a nada, pero de todas formas lo hizo para poder darle un poco más de tranquilidad y seguridad a su hija–. Todo va a estar bien ahora, intenta relajarte.

Y ella así lo hizo, se llevó una mano al pecho para regular su respiración, las manos le dejaron de temblar. Una vez que se sintió un poco mejor habló. –Perdón. –Bajó su mirada de flores plateadas al suelo.

Su padre se le acercó y volvió a abrazarla. –No, no. Jamás digas eso. –Le acarició el cabello con la mano un poco antes de separarse–. Te prepararé algo tranquilo de desayuno, luego llevemos a Claram a la escuela y de ahí vamos a hacer una denuncia ¿te parece bien?

Irisia asintió con la cabeza. –Sí.

Cuando su padre salió de la habitación ella notó que seguía un poco preocupado, pudo escuchar como en el pasillo otra puerta se abría y luego salía la voz de su hermano menor. –¿Está todo bien? –preguntó con el tono infantil que aún mantenía.

–Parece que tu hermana tuvo una noche complicada, te recomendaría que la dejes sola un rato –agregó al final su padre. Eso era justo lo correcto, ella sentía que en este momento la presencia de su hermanito, aunque fuera para intentar reconfortarla, solo la alteraría más.

Se llevó ambas manos a las ondas suaves de su cabello y volvió a tomar aire, reguló que sea una cantidad moderada la que entraba y salida. Acto seguido se levantó de la cama para buscar su ropa y cambiarse. <¿Lo de esta noche también fue una ilusión?> Una parte de ella sabía que no podía haberlo sido, no importa que tal alto sea el rango del visionario Ilusionista Irisia estaba en su departamento en el séptimo piso, la única forma de ser afectada por algo así es que ese grupo de acosadores hubiera entrado en el edifico pero se hubieran expuesto demasiado. <¿Y hacer todo lo que implica eso solo para seguirme molestando?>. Las cosas empezaban a carecer de sentido para ella, otra vez.

Lo último que hizo al terminar de cambiarse fue colocarse los cuatro anillos de oro en los dedos de su mano derecha, lo que la distinguía en la sociedad como una Haut-quatre. Seguido salió de su habitación y fue al comedor del departamento, notó como en una esquina de la mesa ya se encontraba una laptop abierta con varios papeles a un lado y una taza de café. Sin dudas su padre estaba preparándose para trabajar cuando su grito mañanero lo interrumpió.

–No te preocupes por eso –le escuchó decir a pocos metros de distancia, desde el otro lado de la barra que separaba la cocina–. Esto me hace mirar lo que está más arriba, llamaré al trabajo para avisar que me retrasaré un poco y listo.

–Está bien –aceptó con pesadez ella y se sentó en la silla. Desde la cocina su padre le trajo una taza con una infusión caliente y de propiedades relajantes. Ella lo vio y notó que los ojos de él ahora estaban un poco más tranquilos, al igual que ella los irises de su padre eran cuatro círculos unidos que parecían formar una flor, aunque su color era más como del aluminio. Su cabello castaño claro y corto estaba despeinado, no era alguien que se llevara muy bien con el peine.

Al poco tiempo llegó su hermanito, se había cambiado solo e incluso tenía la mochila preparada. –Puedes dejar la mochila a un lado, todavía no vamos a salir a la escuela –le comentó su padre llevándole el desayuno también a él.

–Lo siento –contestó con su voz algo infantil haciendo caso. Su hermanito va a segundo grado de la primaria, y tanto la primaria como la secundaria iniciaban clases una semana antes que la universidad. Mientras los dos desayunaban ella sintió la dorada mirada de su hermanito cayéndole encima.




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