Poeta: La historia de un asesino

Capítulo 1 : Era un profesor

Talvez era una tarde normal, como aquellas que siempre pasan, todos tranquilos, los vecinos se saludan, algunos ni salen de casa, los niños van a la escuela, los jóvenes al colegio, prácticamente es un día normal. La rutina es la misma, todos los días es lo mismo, aunque desde algunas semanas, se puede decir unas tres, no hay respuesta de 4 muchachos de entre 16 y 17 años, ellos y otros son un caso sin resolver, se desconoce su ubicación, su paradero... a pesar de todo, la gente vive como si nada pasara, esperando respuesta en silencio, algunos con miedo de desaparecer.
La desaparición de esos muchachos generó muchas alarmas, causando que los padres acompañen a sus hijos al momento de entrada y salida. El colegio en el que los jóvenes estudiaban rindió homenaje, pidiendo a las autoridades respuestas, los padres querían de regreso a sus hijos sanos y salvos.
Estaban a punto de terminar el segundo de bachillerato, los veían como jóvenes buenos o eso se creía... las malas lenguas hablaban sobre bandas y de que los jóvenes no eran tan sanos como decían:

—Ellos andaban en malos pasos — decía alguna muchacha que los conocía.

Talvez algunas de sus compañeras y compañeros conocían algo que nadie conocía... pero ¿qué problemas tenían? ¿Y de verdad andaban en cosas malas?

—Ellos ya están muertos —decía una señora en voz baja.

—Talvez los secuestraron los rivales —decía un muchacho.

—Lo más probable es que estén muertos —decían algunos jóvenes.

Muchas especulaciones, teorías y demás, pero nada era cierto, por ahora... a pesar de que los días pasaban, se registraban más desapariciones, esta vez un joven de 16 años perteneciente al mismo colegio que los chicos desaparecidos y de un grado menor.
Otro muchacho de 16 años desapareció, esta vez era del segundo bachillerato «B», pero lo más raro es que eran del mismo colegio.

—Alguien los espera en la salida —decían los docentes.

—Los están cazando uno por uno —decía una joven.

Pero... ¿cómo era posible que se los lleven en plena salida? ¿O simplemente los seguía varios metros antes de llevárselos?

—Tenemos que pedir a las autoridades que resguarden los portones —decía un profesor.

Los profesores se juntaron en una sala, una reunión muy seria, tenían que hacer algo, incluso algunos padres retiraban sus hijos por miedo que ocurra algo malo.
Los profesores no pasaban de 30 y 40 años, máximo hasta 65 años que era el director de todo el colegio... pero de todos ellos destacaba Mario, un profesor de 24 años, quien solo enseñaba lengua y literatura y filosofía... Mario era el tutor del segundo de bachillerato «A» de donde pertenecían los 4 jóvenes desaparecidos, muchos docentes no hablaban con él, era muy joven como para hablar con ellos y solo daba materias fáciles.

—Tenemos que contactar a la policía —decía el director.

Aunque algunos profesores ya los contactaron y nunca se los veía llegar.

—Yo lo soluciono —decía Mario tranquilamente.

Los demás profesores lo observaban, casi no era de hablar en reuniones... pero hoy lo hizo.

—¿Cómo ayudarías? —le dijo la profesora Claudia.

Claudia era la profesora de lengua y literatura más antigua... de unos 38 años, muy mayor que Mario.

—Hablaré con mi hermano mayor, es policía —respondió Mario con tranquilidad — Déjenme ayudar.

El profesor Klever lo pensó... no era una mala idea e incluso el profesor Martín pensó lo mismo, pero quien no... fue Claudia.

—Sí, Mario buena idea, le pagaremos a tu hermano para que nos proteja —le decía Claudia burlándose.

Mario cambió su mirada tranquila a una mirada seria, por una parte, asustando a Claudia, es como si ella sentía algo malo.

—Di mi idea, si te parece mal, busca tu solución, no me importa más esto —respondió Mario seriamente.

Claudia enojada golpeó la mesa... dirigiéndose a Mario dijo:

—¡Qué te crees tú! ¡No me hables así! —gritaba—. Por mí estás aquí, no te pagarán más solo por poner a tu hermano a cuidar.

Mario se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta, decidido a irse de la reunión.

—No me importa —dijo Mario tranquilamente—. Tengo que preparar exámenes, me voy.

Mario cerró la puerta despacio y se fue, aunque nadie lo detuvo. Claudia tomó esto como mala conducta de él.

-Un profesor vela por sus alumnos, él no puede hacer eso, no sé por qué lo tenemos aquí —dijo Claudia enojada.

Seis jóvenes era el total de jóvenes desaparecidos en el colegio, solo una parte de los 15 jóvenes que desaparecieron... todo quedó sin respuesta, no había culpables ni sospechosos…. Después de una semana de lo sucedido, desapareció un joven de 17 años, del mismo colegio, procedente del tercero bachillerato «D», curso en el que Claudia era la tutora.
Claudia quedó consternada, ella sabía que su alumno no era mal estudiante, aparte de todo ella en lo que sabía no andaba en malos pasos...
Se acercó el fin del año lectivo, dando con el último día de clases, en el patio del colegio se dio un último homenaje a los siete estudiantes desaparecidos, los profesores mostraban su tristeza y preocupación, pero de todos ellos Mario permanecía tranquilo y por ratos mostraba una sonrisa.
Cuando terminó todo, los profesores procedían a retirarse, todos dando sus ánimos y fuerza a los padres, amigos y demás familiares de los desaparecidos. Claudia miró a Mario y lo llamó:

—Mario, ven aquí.

Mario se acercó todo tranquilo.

—Sí, dime qué pasó —respondió.

Claudia no sabía por qué ese comportamiento tan fresco en él... pero le molestó.

—¿Dales ánimo y fuerza a los padres de tus alumnos? Siéntete apenado por ellos —le reclama Claudia.

Mario se toca la cabeza y con una mirada medio risueña dijo:
—Suficiente con el de ustedes, yo estoy de apuro, tengo que ver a mi novia.

Claudia cambió de rostro y se enojó más y le reclama:
—¡Cómo puedes decir eso!... tienes que ir a...
Mario la interrumpe.
—Ve, ve, ve... deja tu drama, Claudia, ahora... hasta el otro año me voy.
Mario se fue del colegio, dejando un mal aire a Claudia y a todos los que estaban con ella, le quedó como esa espina, sabía que algo no andaba bien con él.
Claudia quedó hasta el último, quería asegurarse de que todo esté bien, veía cómo se estaban todos ya marchando, pero ella veía algo que no cuadraba, dos personas vestidas bien elegantes, personas que nunca ha visto, imaginando lo peor fue a por ellos.
Cuando se les acercó demasiado, uno de ellos extendió su mano y le dijo:
—Tranquila, no somos lo que piensas.
Claudia puso cara de asombro y solo les preguntó:
—¿Quiénes son ustedes?
Uno de los hombres le dijo:
—¿Podemos hablar en privado?
Claudia, aunque dudando, aceptó... los llevó a uno de los cursos más lejanos...
—Aquí podemos hablar tranquilamente —dijo Claudia un poco nerviosa.
Sus nervios se notaron demasiado, pero uno de los hombres tenía que calmarla.
—Cálmese un poco... queremos ayudar —dijo uno de los hombres.
Claudia aún no entendía nada.
—¿Cómo que ayudarnos? No comprendo —preguntaba Claudia.
Uno de los hombres le responde: —Sabemos todo sobre los desaparecidos, o sea que sí nos contaron el caso y venimos a investigar paso a paso... el alcalde nos contactó. Claudia un poco satisfecha les dijo:
—Son detectives, me alegro ¿y cómo van por ahora? —pregunta.
Uno de los detectives le responde: —De los 16 desaparecidos, siete pertenecían a este colegio... tres pertenecían al barrio de la vía este y dos al norte de la ciudad y cuatro al barrio de «Los Ángeles». Claudia queda sorprendida... pero quedó más impactada con lo último.
—El barrio «Los Ángeles» es una urbanización y yo vivo ahí —dijo Claudia sorprendida.
Uno de los detectives sonrió, sabía que sería de muy buena ayuda.
—Eso nos puede servir, ¿además que raro? ¿No? De los siete desaparecidos de este colegio, cuatro de ellos pertenecían al segundo «A» ¿sabes quién era el tutor de ellos? —pregunta el detective.
Claudia aún más confundida le respond—Es Mario, un profesor muy joven, tiene 24 años creo... quieren hablar con él, es casi mi vecino, vive en el mismo barrio, a dos casas de la mía.
Uno de los detectives la miraba con calma.
—No... no queremos asustar a nadie, solo que por ahora... investigaré a todos, este será nuestro secreto —le dijo el detective.
Cuando salían del curso quedaron un poco con nervios, vieron como Mario salía del curso de a lado...
—Mario —dijo Claudia—. Pensé te habías ido.
Mario sonríe un poco y solo responde:
—Se me olvidó mi libreta, ya me voy... nos vemos Claudia.
Mario se alejó, dejando un ambiente muy frío, los detectives miraron a Claudia.
—Saben... creo que él será el primero en ser investigado... puedo apostar que escuchó todo —dijo el detective.
Con el pasar de tiempo, todo parecía muy normal, las desapariciones cesaron por un momento, lo que empezó a levantar las sospechas en Mario... Los detectives sabían que, desde lo ocurrido, se calmó la situación... es como que si saben que los están siguiendo... y solo dos personas lo sabía Mario y Claudia.




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