Poeta: La historia de un asesino

Capítulo 4 : Un moustro escondido

Ya pasaron cuatro días después de lo sucedido en la casa de Claudia, por ahora para Mario no había problemas es más asistió al funeral de Claudia y participó en su homenaje echo en el colegio, todo muy normal. Aunque Mario estaba tranquilo, no podía dejar de mirar a los detectives, aquellos que ahora se hacen pasar por profesores.

Mario se percataba de cada detalle... sabía en sí mismo que era el contra ellos. Pasaron ya dos semanas desde la muerte de Claudia, por ahora queda como una muerte accidental, los detectives por ahora ven todo normal, aunque al igual que este colegio investigan en otros lados, incluso en la urbanización donde vive Mario y vivía Claudia.

Muchos sospechosos, pero Mario tiene una posibilidad alta, los detectives los cuales tenían de nombre David y su compañero Arnol, la tenían muy difícil, así que se reunieron en la hora de recreo... tenían que idear un plan.

—Estamos en una situación muy difícil — decía David muy pensativo

Su compañero, Arnol respiró profundo y le responde:

—Los otros que investigan los demás colegios y barrios tampoco avanzan, no nos presionemos, lo hacemos muy bien, tranquilo.

Mario pasaba caminando cerca... ambos lo quedan observando.

—Y... ¿Y si perdemos tiempo con él? — miró, no parece matar ni una mosca. — dijo Arnol.

David no quería perder su tiempo con él, pero necesitaba seguir y solo responde:

—Nuestros compañeros están a punto de tirar la toalla, y si nos retiramos también, todo pasará de nuevo o simplemente el asesino se retiró.

Arnol se pone a pensar... y dice:

—Los desaparecidos... ¿Tenían algún historial malo? — pregunta.

Un momento de silencio los invadió... parecía que por fin tenían una señal, era su modo operandi.

—Según rumores de sus compañeros y conocidos, ellos pertenecían a bandas, algunos eran conocidos por ser ladrones... andaban en sus casas. — dijo David pensativo.

Arnol sonríe, la tenía clara.

—Claro... el asesino ataca a personas con un mal historial. — dijo.

Aunque David sabía que podría valer la pena, tuvo una duda.

—¿Y si solo fue un ajuste de cuenta? — pregunta. —Supongamos que sea guerra de bandas, en esas cosas casi ni nos metemos.

David lo pensó demasiado, pero no decidió tirar la toalla así de rápido.

—Juguemos la última — decía — si el asesino que tú y yo pensamos ataca a puros muchachos bandidos hay que jugarle una trampa, hagámoslo caer.

Arnol sonríe un poco...

—¿Cómo lo hacemos? — pregunta — son como 20 profesores.

David chasqueó los dedos y responde

—Usaremos camaleones, muchachos que se hagan pasar por bandidos.

Arnol lo pensó bien, puede servir de alguna manera.

—No podemos usar estudiantes de aquí, mejor que sean nuevos, aunque tardemos tenemos que intentar. — responde Arnol con dudas.

David tenía el plan.

—Tenemos que hacerlo la otra semana, tenemos que hacerlo pasar por estudiante, tiene que tener una mala conducta, ser problemático yyy... amenazar a sus profesores, así como los desaparecidos. — dijo David confiado.

Aunque el plan parecía perfecto, solo había un problema.

—¿Quién será esa persona? —pregunta Arnold.

David suspira... pensó tanto y por fin le dijo:

—Mi hijo Steven, él quiere ser detective como yo, solo tiene 17 años, pero hay que falsificar todo, el nombre, apellido y edad, podemos explicarle todo y sé que no me va a defraudar.

Arnold lo piensa demasiado, tenía sus dudas...

—Vamos... será un gran detective en cubierta, como su papá — decía David orgulloso.

Arnold sabía que era un gran riesgo y además conocía el peligro.

—¿Seguro? — pregunta Arnold — ¿Sabes que esto es muy peligroso?

David sonríe con confianza, y dice:

—Mira, si existe ese tal asesino, caerá así de fácil, estaremos pendiente de todo, usaremos micrófonos y de paso tendremos el permiso de ver las cámaras, todo saldrá bien.

Arnol sonríe, pero sabe que aun así sería peligroso.

—Bueno, que podemos perder. — dijo Arnold con seguridad.

Ambos sabían que esta era su última oportunidad, tenían que jugárselo toda esta vez, pero ¿Podrán equivocarse? ya solo queda en el pasar de los días. Pasó una semana y llegó la hora de ejercer con el plan, ante todo tenían acceso a las cámaras y para Steven, tenían que usar micrófonos para saber cómo serían sus charlas con sus compañeros o profesores.

Cuando hablaron con el director, solo pidieron una cosa más... que se agregué a Steven al tercero de bachillerato "A", curso en el cual Mario era el tutor.

—Queremos investigar en este curso, es donde inició todo — dijo David.

Llegó el día Martes, 11 de la mañana, Mario estaba en su curso, esperando los alumnos, cada uno llegaba... mientras cruzaban la puerta, decían:

—Buenos días profesor, podemos entrar. Mario parecía ver todo normal, cuando su mirada se cambió a un tono muy serio, un alumno pasó sin saludar, ni pedir permiso.... era Steven.

—¿Qué estar en tu casa?... ¿Acaso no te enseñaron a saludar? — pregunta Mario seriamente.

Steven al momento de escuchar eso, levanta su cabeza y respondió:

—No lo vi profesor.

Mario no cambió su mirada ante nada, solo se fue acercando a él y le pregunta:

—¿Cómo te llamas?

Steven controló todos sus nervios y responde:

—Alberto... Alberto Zambrano.

Mario se regresó a su escritorio.... y dirigiéndose a sus alumnos dijo fuertemente:

—Gracias al nuevo... me harán una repetición de 100 líneas, "¿Debo saludar al momento de ingresar al salón?" para ahora. Todos los alumnos se lo quedaron viendo, algunos con un enojo por dentro, bueno por lo menos dio una buena impresión.

Con el transcurso de los días Steven tenía que tratar de investigar algo, no era tiempo de hacer amigos, ni tratar de ser amigable, tenía que actuar y meterse en el papel que se le dio. Un jueves por el medio día llegó la clase de ciencia, el profesor encargado era el licenciado Ortiz, la clase siempre fue normal.... hasta ese día.




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