Cementerio de deidades.

Capítulo dos.

Miraba a sus hombres, atento a lo que estos tenían para decirle. El cuchillo que sostenía en su mano, se deslizaba una y otra vez por un paño, en un intento de limpiarlo, llenándolo de sangre.

Una sonrisa macabra apareció en su rostro al oírlos, le acababan de dar la noticia que tanto anhelaba.

Pronto el negocio comenzaría a mejorar y él se posicionaría en la cúspide de todo y todos.

Sería considerado un Dios, digno de alabar por su descubrimiento.

Mientras tanto, el cuervo que permanecía privado de su libertad en una pequeña jaula graznaba una y otra vez, en un intento de liberar aquel dolor que, en parte, le pertenecía. A su lado el chico agonizante, a pesar de tener su rostro ensangrentado por la reciente herida, en lo único que podía pensar era en la catástrofe que se armaría si su especie fuera expuesta al mundo.

Temiendo por lo que acababa de oír, por su vida y por la de todos los que vivían en ese sitio.

La conversación de los hombres se vio interrumpida por el gran alboroto que ocurría a sus espaldas.

Las jaulas eran golpeadas, gritos, insultos,aullidos, graznidos y lamentos se oían por toda la sala. Todos habían oído los oscuros planes de esos hombres y enfurecidos, querían cobrar venganza por lo que planeaban contra su especie.

-¡Silencio todos! - Gritó el hombre que dirija todo, sus ojos negros que atemorizaban a todos eran fríos, demostrando su disposición en hacer lo que sea por poder.

Enfurecido por el ruido y la negativa de aquellos seres en acatar sus órdenes, se dirigió a un panel que se encontraba en una amplia mesa llena de computadoras, donde en ellas se veían las cámaras de seguridad puestas en las jaulas y presionó un botón.

- Será por las buenas o por las malas...

Seguido a eso, cientos de lamentos y gritos de dolor se escucharon, para que luego el silencio reinará en el lugar.

 



Violeta C

Editado: 18.01.2021

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