Corazón: La historia de Isabella y Massimo

Capítulo 11

Isabella

Todo me da vueltas y tengo ganas de moverme mucho. Quizá es el alcohol en mis venas. No debí aceptarle esos vasos de fernet a Federico, ahora estoy metida en problemas.

—Isabella —dice el Gato entrando en el baño. Estoy metida en la bañera, Massimo me ha metido aquí.

—Gatito. Miau, Rrrrr. —digo y él se ruboriza.

—Mira cómo estás, por Dios

—Estoy bien, aunque es horrendo estar en la bañera con ropa. Me la voy a quitar.

—Yo estaré afuera

Me quito la falda y la polera quedando solo en ropa interior. Me dejo la ropa interior porque puede venir Massimo o el Gato.

—Voy a pasar igual —dice James al momento en que entra. Lo miro y él me mira algo asombrado —, Perdón —agacha la cabeza y se vuelve hacia la puerta a la vez que la cierra.

—Hola —digo ya un poco más normal, el efecto del alcohol está saliendo de mí.

—Isabella, quiero saber por qué te fuiste con el imbécil de Federico

—No tengo por qué darle explicaciones —le saco la lengua y justo él se vuelve hacia mí.

—¿Acaso...me sacaste la lengua?

—Sí, lo hice —lo miro desafiante.

—Eres coqueta, Isabella. Y mucho.

Tiemblo de frío y me vuelvo hacia el grifo.

—¿Me puede ayudar a colocar el agua más tibia? Tengo frío

—Está bien

Se remanga su camisa y comienza a mover la llave comprobando el estado del agua con su otra mano. Me apoyo en el borde de la bañera mirándolo con atención.

—Creo que ya...—me mira a los ojos y deja de hablar.

—Usted es un hombre muy lindo —paso mi mano por su mejilla lentamente —. Pero prohibido

—Isabella, ¿Qué dices? —dice asombrado.

—Nada, perdón...

¿Qué carajo estoy diciendo? Está mal, está muy mal que le diga esto.

Massimo abre la puerta y James rápidamente se incorpora. Massimo me mira a mí y después a James.

—¿Qué pasa acá? —pregunta él.

—Me estaba regulando el agua, porque alguien muy cruel me dejó con agua helada —digo.

—Pues lo siento, no me dejaste más opción —se apresura a excusarse.

Rodo los ojos.

—Tráeme una toalla, por favor, James —dice y James rápidamente va por ella.

Cuando vuelve me entrega la toalla y me quedo mirando a los dos hombres que están en el baño conmigo.

—Creo que necesito privacidad —digo y Massimo asiente y se va con James.

Salgo de la bañera y me envuelvo en la toalla. Al salir veo que ya no está ni el Gato, ni Massimo, ni James. Me siento en la cama y decido darme una ducha tibia. Cuando salgo veo sobre mi cama a el Gato. Afortunadamente me coloqué el pijama en el baño.

—Quería hablar contigo, Isabella

—Claro

Saco una peineta de mi cajón y me siento sobre la cama, él se vuelve hacia mí ya que se encuentra en la esquina y cruza las piernas al igual que yo.

—Federico es alguien que no tiene límites Isabella, y según lo que veo yo, Massimo y James, él podría estar tratando de seducirte

—¿Qué? Yo no creo eso, es algo...loco

—Lo es, pero a la vez no. No quiero que te quedes sola con él, o que salgas con él. Puede hacerte daño.

—Gracias Gato, aunque la verdad todo esto me parece que es algo exagerado, pero de todas formas seguiré tu consejo

—Me dejas más tranquilo, buena tarde

—Igualmente

Me acuesto y rápidamente me quedo dormida. Después de tanto bailar y perrear estoy agotada.

Abro los ojos y me incorporo. Todo está oscuro y en silencio. Me levanto de la cama y salgo de la habitación, al bajar las escaleras veo en el sofá a James. Está viendo la televisión.

—Uh, Isabella. Me asustaste. —dice respingando del susto.

—Perdón, es que me dio algo de hambre

—Si quieres te preparo comida

—Yo lo hago

—No, no te preocupes, yo lo hago —dice colocándose de pie.

Voy detrás de él hasta la cocina, y me siento en el taburete. Él ya está con pijama, lleva unos pantalones negros de tela suave y una camiseta gris.

—Isabella —miro sus ojos grises y él alza una ceja —. ¿Por qué me miras tanto?

—Porque me gusta mirarlo. Aunque está más lindo el Gato —lo molesto justo cuando se vuelve.

Él se vuelve hacia mi frunciendo el ceño y apoya ambas de sus manos sobre la isla de cocina.

—Isabella, con mi hermano no —dice seriamente, más serio que antes, mucho más serio que antes.

—Su hermano me quiere mucho

—¿Qué? —se pone pálido.

—Pero como si fuera su hija y yo como si fuera mi padre —le saco la lengua y él sonríe asintiendo y después pasa su mano por su pelo castaño.

—Te gusta molestarme, ya veo

—Sí, ya ve

Me deja un sándwich de tomate en frente y comienzo a comer, él se sienta a mi lado.

—No me gusta que me miren mientras cómo —digo y lo miro.

—Ya ves cómo me siento cuando te me quedas mirando

—¿Usted se pone nervioso?

—Bueno...no, no, no, no, claro que no

—Con un solo "no" bastaba

Me mancho mucho la boca con el jugo del tomate y me coloco de pie para buscar una servilleta.

—¿Isabella? —dice James cuando me acerco al taburete para sentarme, me vuelvo hacia él —. ¿Qué opinas de mí?

—¿De usted? —la pregunta me toma por sorpresa —, Bueno...usted es un hombre muy serio, introvertido y apuesto...—cierro los ojos —. Lo siento, no debí decir eso, mejor me iré a dormir

Paso por su lado y él coloca su brazo delante de mí, acto seguido me toma por la cintura y me pega a su cuerpo encerrándome con sus piernas.

—Sé que eres algo más que imposible, Isabella, pero no puedo...—apoya su frente en la mía y suspira cerrando los ojos —. Me quemo pensando en que te tengo cerca y que no puedo hacer nada por lo que siento, cuando me dijiste eso en la bañera casi me desmayé de la emoción, por un segundo sentí que tú sentías algo por mí

—Señor James, mi corazón nunca había latido tanto por alguien por como lo hace por usted en este momento

—¿Qué? —sonríe.

—Usted me gusta, aunque jamás en mi vida creí que eso fuera posible



Chica Paraiso

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En el texto hay: romance, millonario, huerfana

Editado: 22.10.2020

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