Después del fin

Capítulo 23: Nunca hay que confiar

Escucho a mi hermano y a mis primos hablando sobre el aparato que tengo en la pierna. Hablan bajito, pero no lo suficiente. No les reprendo ni nada, solo mantengo silencio.

No dejo de pensar en todo lo que vi en ese armario, en la ropa ensangrentada y en ese cuchillo, todo tan sospechoso y paradójico.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no hablas? —me pregunta uno de mis primos con un tono de preocupación. Sé que hablaron sobre mi silencio, los escuché.

—No es nada —les contesto tratando de hacer un tono despreocupado, pero solo consigo un tono frío, y casi de tristeza.

Caminamos hasta la Plaza Principal porque se escucha gente desde allá. Me detengo en seco. Mi hermano y mis primos también lo hacen. Ahí, frente a nuestros ojos, están reunidas tantas personas que la Plaza casi no se ve, y todos son pobres. Me sorprende el hecho que en la habitación no se escuchara nada. Entre la gente veo a mi papá, a mi tía (con vendas en el brazo izquierdo) y a mi tío (con vendas en las dos piernas).

Pienso en acercarme a mi papá, pero luego recuerdo toda esa sangre. Voy hacia Willy. Los niños me siguen de cerca.

—¿Qué ha ocurrido? —le pregunto, hablando lo más fuerte que puedo para poder ser oída ante todo este bullicio.

—¡Hemos ganado! —grita Willy, muy feliz. Lo grita dirigiéndose a toda la gente. Todos se ven muy felices.

—¿Cuándo saldremos? —pregunto manteniendo una expresión fría. No sé por qué no logro sentirme feliz sabiendo la buena noticia.

—Mañana por la mañana —me contesta Willy.

—¿Por qué no nos vamos ahora? —pregunto, desconcertada.

—Tenemos que tomar nuestras cosas. No nos iremos con nada —me explica Willy.

Eso no me convence.

—¿Qué harán los que quedaron sin nada? Destrozaron las habitaciones

—Sacaremos a los adinerados de sus casas y nos apoderaremos de ellas. Los traidores se han rendido, así que no creo que sea muy difícil

Todos siguen festejando. Me quedo con mi hermano y mis primos tratando de ser parte de ellos.

Unas horas después vamos a la habitación, solo para continuar celebrando. Observo como todos están alegres pensando en nuestra cercana libertad, sin saber lo que hay en el armario. Su ignorancia me parece hórrida.

—¡Basta! —grito, enojada. Nadie deja de festejar. No me han oído— ¡Basta! —vuelvo a gritar. Pocos se dan la vuelta a verme, y cada vez más lo hacen hasta que todos están mirándome, incluso mi papá, él que ha actuado de manera tan normal que me hace dudar hacer esto.

—¿Qué pasa? —pregunta mi papá. Luce tan frío que me da seguridad seguir.

Será mejor hacer esto frente a todos, y mejor frente a mi papá para que explique que él no fue, que esa ropa no es suya o que hay sangre en su ropa por otra razón. Eso es lo que espero, no soporto la idea que me planteé sobre mi papá como un asesino.

Me acerco al armario y levanto el tablón, dejando ver claramente la ropa y el cuchillo con sangre. Escucho el asombro de muchos. Me arrepiento de haber dejado que mi hermano y mis primos lo vieran.

—¿Esa es tu ropa? —le pregunto con voz temblorosa. No me había percatado de que ya estoy llorando.

Mi papá asiente. Noto en su rostro una expresión de culpa.

Ya quiero que diga una excusa que demuestre que él no fue, que me equivoqué suponiendo esas cosas.

—Yo la maté —confiesa mi papá.

Dejo caer varias lágrimas. Corro hacia él y lo empujo.

—¡Tú no lo hiciste! ¡Sé que tú no lo hiciste! —le grito dándole pequeños golpes en el pecho. Él permanece frío. Me alejo de su anatomía con dificultad.

—¿Mataste a mi hermana? —le pregunta mi tía de manera dura y directa. Su expresión de odio esta vez es aguda y real.

Willy corre a traer una silla mientras mi tía y mi tío sujetan a mi papá. Él no se esfuerza por escapar, quizá para mantener algo de su reputación.

Willy llega y amarramos a mi papá a la silla. En el momento de amarrarlo hace resistencia, pero lo conseguimos de todos modos.

Le quitamos el objeto que electrocuta que lleva en uno de sus bolsillos. No entiendo por qué no lo usó para detenernos, pareciera que sí quiere estar amarrado a esa silla.

—¿Por qué la mataste? —le pregunto, llorando. Siento repudio por él.

—Ella iba a decir mis secretos —me responde mi papá, con un leve tono de preocupación que hasta parece falso.

—¿Cuáles secretos?

—Lo que he estado haciendo. Bueno, es que... he estado contactando con los adinerados y... soy un traidor

Mis ojos y mi boca se abren en asombro.

—¿Cómo un traidor si peleaste de nuestro lado? —pregunto roja de ira.

—Yo les hable a ellos sobre los agujeros. Ellos sabían sobre eso, pero no cabían en ellos. Y también les hablé sobre nuestras "visitas" a las casas de nuestros jefes

—¿A quién o quiénes les iba a decir tus secretos mi mamá?

—A tu abuelo y a unos adinerados, los que vimos en la grabación

Todo encaja. El gran engranaje de los hechos funciona y encaja de manera perfecta.

—¿Qué haría mi abuelo con unos adinerados?

—Ellos eran adinerados del lado de los pobres. Como Willy, pero de otra comunidad

Me asombra que este confesando todo sin que lo hayamos presionado, si es que realmente está diciendo la verdad.

En este momento ya estoy hecha un mar de lágrimas.

—¿La mataste por eso?

—Tenía que hacerlo

Cada palabra me entristece. Me duele como el hierro caliente marcándome en toda la piel con palabras de "tu papá es un asesino". Yo no podría leerlas, pero los adinerados sí.

Esto no tenía que ser así, se supone que lucharíamos y ganaríamos... y saldríamos felices todos juntos.

—¿Cómo es que la mataste, a tu esposa, a quién amas solo por secretos?

—Yo no la amaba

—¿Cómo que no?

—Tú no lo sabes, pero los matrimonios de los pobres no son con la persona que se ama sino con alguien de tu mismo trabajo que esté solo. Nuestro matrimonio fue obligado

—¿Por qué no me lo dijiste antes?



the_icegirl

Edited: 19.07.2019

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