El verano de Summer y Adrián

Días Difíciles: Perdiendo por completo la felicidad

 

  Al siguiente día me desperté de muy temprano, me quedé sentada en mi cama unos minutos pensando en cómo sobre llevar lo ocurrido. Sabía que mi madre estaba muy derrumbada así que era muy difícil que le diera otra oportunidad a mi padre; por lo que yo como su única hija tenía que darle ánimo para seguir adelante.

  Dejando atrás el problema de la infidelidad de mi padre, en la escuela si bien era cierto yo nunca les puse demasiada importancia a aquellas personas que se hacían llamar mis amigos; a lo que en parte tengo un poco de culpa. Pero en parte la tienen ellos, porque si en verdad yo les hubiera importado como amiga me habrían dicho que nuestra amistad estaba siendo muy falsa o algo así. Poniéndole fin a mis pensamientos, decidí ser fuerte en todo lo que se viniera: en primer lugar darle apoyo a mi mamá y dos, no hablarles más a los chicos hipócritas.

  Luego me levanté, fui a ver a mi madre, pero ella estaba bien dormida todavía; su cuarto estaba hecho un caos: en el suelo se encontraban tirados; zapatos, joyas, ropa de mi padre rota, lociones, entre otras cosas. No la quise despertar, pues la noche anterior se había peleado mas fuerte con mi padre; debido a que ella quería que se fuera de la casa. Tardaron varias horas así, hasta que por allí de las dos o tres de la madrugada mi padre decidió mejor irse.

Luego Dayana, quien era la encargada de la limpieza y comida del hogar me preguntó:

 

— ¡Buenos días señorita Summer! ¿Desea que le prepare su desayuno?

  Por mi parte yo no quería comer, pero las tripas me estaban pidiendo a gritos que les diera algo que comer; así que le dije a Dayana que solo me diera dos panqueques con miel.

Después de terminar de desayunar Dayana me dice:

 

—Señorita Summer lamento mucho lo que está pasando con su familia, si necesita con quien hablar…usted sabe dónde me puede encontrar.

En ese momento, al oír aquellas palabras sentí que de nuevo las lágrimas se me querían salir; pero aguante y le agradecí de corazón a Dayana por su apoyo y atención. Me despedí de Dayana y le dije que cuando mi madre se levantara le dijera esas mismas palabras a ella y que tratara de hacerla sentir mejor; ya que ni comer quería.

  Dicho eso, tomé el auto bus para ir al colegio, allí empezaba otra batalla. Cuando entré a mi salón, recuerdo que Pilar me saludó y me dijo que le ayudara con tres ecuaciones de segundo grado que no había podido resolver en su trabajo. Al principio quería gritarle en la cara y decirle sus verdades, pero me controlé y solo le dije que no estaba de ánimos para ayudarla. Al fijarme en su rostro pude notar el desprecio que me tenía y lo fingida que era su sonrisa para conmigo. No me alegó ni nada por el estilo pero si antes de retirarse me dijo aquella frase: “Se nota la gran a mistad que tenemos”.

  Sabía que lo decía era por lo enojada que estaba y por el precio de la supuesta amistad que ella tenía conmigo. De la misma manera mandé a la fregada a los demás hipócritas, pues todos eran unos mediocres en el estudio, y que si  lograban sacar buenas notas en los trabajos o exámenes era por mí. Solo para vestirse y salir  bien en las fotos  eran buenos.

 

Luego llegó el profesor y empezó a dar los resultados de los exámenes; cuando dijo mi nombre noté de pronto que él se quedó muy admirado y cuando me paré a recibir mi examen me dijo:

 

—Summer, estoy decepcionado de usted, que pasó con  mi alumna estrella. Espero que esto que estoy viendo no se vuelva a repetir.

  En ese momento todo mi cuerpo se quedó paralizado al ver que de cincuenta puntos; que era lo que valía el examen, yo solo dos puntos había sacado. Luego de oír  aquellas palabras del profesor terminé por soltarme a llorar. Varios de mis compañeros se empezaron a reír de mí y mas lo hacían  los cuatro hipócritas. Rápidamente le dije al profesor que si me dejaba ir a la dirección a pedir algunas pastías, pues no me sentía nada bien. El profesor no me lo negó y Salí apresuradamente del salón.

Estando en la dirección, la directora Rodríguez me preguntó:

 

— ¿Summer que tienes? te miras muy pálida, llamaré pronto a la enfermera para que te venga a revisar.

 

Rápidamente le dije que no era necesario y le empecé a contar todo lo que el día anterior me había ocurrido. Luego de oír mi historia ella me aconsejó:



Milen Mayers

Editado: 12.10.2019

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