Juntas para siempre ~ Lésbico

18

Capítulo 18

 

Liliana estaba arrepentida de haber aceptado la invitación de Leyre. No es que no disfrutara de la compañía de una chica como ella; porque sabía de música y tenía una forma de conversar que te atrapaba con la mirada. Más bien, estaba arrepentida de haberle dado a leer la letra de su canción.

—No sé qué decirte. Siento… que es un poco empalagosa y cualquiera se daría cuenta de que es la letra para un amor no correspondido. Un amor oculto. ¿Estás segura de que no sientes nada por ella?

Lejos de ruborizarse por esa pregunta, el humor de Lili se agrió como un limón.

—Emma ya me molesta lo suficiente con eso. ¿Ahora tú? ¿Qué les pasa?

—Es sólo que nos parece lindo —Leyre sonrió para restarle importancia. Una de sus cualidades era gozar poniendo incómodas a las personas y la tierna apariencia de la guitarrista era perfecta para eso—. La idea de dos chicas que se vuelven hermanas después del divorcio de sus papás es emocionante. Es un amor prohibido.

—¿Y?

Leyre le dijo una calada a su cigarro.

—Nada. Sólo eso. Las mejores canciones de amor se componen gracias a que las personas tienen grandes sentimientos dentro de sí. Y tú no eres la excepción.

En otra circunstancia, se habría sentido halagada por esas palabras; pero después de haber salido con Evelyn y de probar en primera fila el coqueteo de una lesbiana hacía una chica hétero como ella, sus defensas estaban alerta y evitó cualquier reacción que pudiera resultar interesante para Leyre. De hecho, ni siquiera la miró.

—¿Y qué piensas? ¿Debo cantarla en público?

—Yo no lo haría. Creo que una canción así merece ser interpretada en un cuarto a solas, con una botella de vino y una mesa con velas.

—Hablas de una noche romántica —Liliana frunció el ceño—. ¿Piensas que estoy enamorada de Amelie? Estás equivocada.

—¿Podría ser al revés?

Otro tema que encendió sus alarmas. Si bien no era la chica ingenua que todos pensaban debido a su apariencia frágil y pálida, su cerebro siempre estaba trabajando e imaginándose situaciones que no eran del todo cómodas. Desde que Amelie le confesó en aquel parque que le gustaban las chicas,  empezó a imaginarse como sería un mundo donde estuviera enamorada de ella. Y a raíz de eso, habían surgido otras interrogantes: ¿Cambiaría su relación de ser así? ¿Serían capaces de volver a verse, a abrazarse y a intercambiar confidencias sin el temor a que una de las dos cediera a los sentimientos?

—A veces desearía que ella no me lo hubiese confesado.

—Parece que toqué una fibra demasiado sensible —Leyre arqueó una ceja—. Lo siento. No era mi intención.

—No importa —recogió la hoja donde estaba la letra de la canción y la dobló sin cuidado para guardarla dentro de su bolso—. No soy una buena chica ¿sabes?

Leyre se relamió los labios y se inclinó sobre la mesa.

—¿Por qué? ¿Haces demasiadas cosas sucias en la cama?

Liliana gruñó y le dio un golpe a la mesa con la palma de la mano.

—¿Todas las lesbianas son así de pervertidas y lanzadas cuando otra chica dice algo? Parecen hombres con pechos y vagina.

—Eh, calma. Sólo estaba bajando la tensión, y no soy buena en eso.

—Como sea —recogió su bolso y el estuche de su guitarra—. Gracias por el café. Tengo que ir a casa.

Y sin dejar que Leyre se despidiera, salió de la cafetería justo cuando empezaba a lloviznar. Una brisa helada sopló contra sus hombros y le provocó escalofríos. Se quitó una de las ligas que tenía en la muñeca y se amarró el cabello con ella para que no le tapara la cara. Paró un que taxi que se acercaba calle arriba y pidió que la llevaran cuanto antes. Necesitaba estar a solas con sus pensamientos, conversar con la almohada y pretender que todo iba de maravilla dentro de su corazón.

***

 

—¿Cómo te fue en el ensayo? —Preguntó Mayra en cuanto vio que su hija entraba con los hombros caídos y la expresión de haber sufrido un pésimo día.

Lili respondió con un macilento “bien” y subió por las escaleras para meterse a su habitación. Lanzó el estuche a un lado, se cambió la ropa y se dejó caer sobre la cama.

No sabía qué sentir con exactitud. La conversación con Leyre le había provocado dudas y, aunque no estaba triste, comenzaba a ver todo desde un manto de confusión, gris y sombrío. Cerró los ojos para ver si le entraba el sueño, pero en vez de eso, el silencio de su cuarto hizo que las voces en su cabeza se pusieran a gritar.

“¿Y si está enamorada de ti?”

“Se han visto desnudas, recuérdalo”

“¿Y qué eran esos besos y abrazos que siempre se daban?”

“Has modelado tu ropa interior para ella”

“Le has contado de tus intimidades”

“Amelie quiere una novia como tú”

“¿Harían una buena pareja?”

“¿Y qué hay del sexo?”

“Imagínala gemir a tus oídos. Imagina sus bocas besándose con pasión”.



Usher

Editado: 19.01.2021

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