Neblina Púrpura | Trilogía Inmortal I

Capítulo 9 | Prueba de fuego

Thomas pudo comprobar la información suministrada, afianzando su confianza en nosotros. No tardó en anunciar nuestra inclusión en el clan y en organizar un festín para darnos la bienvenida. Desde la mesa alargada rectangular que ocupaba con Alan y un grupo de Malditos de Aithan, se podía escuchar a un par de metros de distancia cómo el pelinegro relataba lo ocurrido.

Un equipo de caza fue a un pueblo al sur, a algunos kilómetros de distancia, la noche anterior. Era una población que no se encontraba en ningún mapa, pero vigilada por un puesto de cazadores respaldado por Hijos de Diana. No obstante, gracias a las carpetas que les dimos, al conocer las rondas de patrullaje, pudieron emboscar a sus víctimas evadiendo sin problemas a sus protectores. Sin ser eso suficiente, sabiendo la ubicación de la base cazadora y los datos necesarios, los atacaron sin piedad.

Estaba mal que inocentes murieran por salvar a un hombre, mas el pacto ya había sido dictado y debía cumplir con la labor, aunque fuera injusta. Rescatar a Drake era más importante que mi cargo de consciencia, o la culpa que Alan pudiera sentir. Fue obvio que el rubio no estuvo contento con lo sucedido, a pesar de abstenerse de comentar. Esas personas sin rostro, ese daño colateral, solo se volvía soportable al tener la mente puesta en el objetivo.

—¿Te sientes bien, Vanessa? —preguntó Alan.

Alejé la atención del plato de pollo crudo y vegetales sin sabor frente a mí. En comparación con la carne que salpicaba sangre al cortarla de nuestros acompañantes de mesa, no podía quejarme.

—Estoy un poco cansada, eso es todo.

—Espero que la comida te de energía, porque según oí Thomas tiene algo planeado para ti hoy —intervino Arsen, quien había defendido a Alan de Caitlin noches atrás.

Era un sujeto de espalda ancha y cabeza rapada. Su tez oscura brillaba con el resplandor de los candelabros. Por cómo los que lo rodeaban se mantenían atentos ante el más mínimo movimiento, deduje que contaba con un alto rango.

Continué alimentándome en silencio, intrigada con la noticia. Hubiera sido inteligente buscar ganarme la amistad de Arsen, pero no me encontraba en el humor correcto para hacerlo y Alan estaba efectuando un buen trabajo conversando con él, contándole de nosotros y hallando puntos en común.

El área de comedor había sido modificada para albergar cuatro mesas de veinticuatro puestos, repartidas entre los vampiros de elevada posición, chupasangres comunes, licántropos y, para mi sorpresa, humanos. Más de la mitad de las sillas se encontraban vacías, dándole fuerza a las palabras de Jeremiah sobre la ida de muchos. Los vampiros no necesitaban comer, ya que con la sangre les bastaba, pero algunos, sobre todo los nuevos, lo hacían por costumbre, a pesar de tener que vomitarlo después. Que hubiera humanos presentes, con expresiones perdidas de zombi a causa de excesivo contacto con saliva vampírica y marcas de mordidas visibles a través de sus vestimentas deterioradas, me indignó; Monique no lo hubiese permitido.

Me esforcé por ignorar su presencia. No había nada que pudiera hacer por ellos.

Los Malditos de Aithan justificaban sus actos con el odio hacia los humanos. La humanidad era la peor de las escorias y no merecía seguir controlando el mundo. Debían ser aniquilados justo como ellos habían llevado a la extinción a tantas especies. Los cazadores eran lo mismo, solo que en mejor empaque; y si los hechiceros se interponían también tenían que caer. Ese era su pensamiento.

A mi parecer, si lo que querían era salvar el planeta, debían incluirnos en su plan de exterminio. Cada uno de nosotros poseía un porcentaje de ser humano que contribuía a la destrucción.

Por el rabillo del ojo presencié cómo una vampiresa de bajo puesto se aproximó a nosotros. Le presté mayor atención cuando noté sus iris endemoniadas fijas en Alan. Al detallar mi enfoque en ella, decidió modificar su trayecto y solo pasar por detrás de nosotros, sin embargo, no sin tocar por un instante el hombro del rubio. Alan se dio cuenta de su existencia en ese instante. Le hizo posar los ojos en ella mientras caminaba ondeando su melena rizada.

Ninguno de los tres supo de dónde apareció Caitlin. De un segundo a otro, la protegida de Thomas entró en escena derribando a la chupasangre y atravesándole el corazón con la pata rota de una silla. La vampiresa había cometido la imprudencia de tocar lo ajeno.

Caitlin se retiró como si nada bajo la mirada estupefacta de Alan, quien no podía creer lo que acababa de suceder.

—Con eso deja un mensaje claro de que le perteneces —habló Arsen rompiendo la tensión.

—Por lo menos no le arrancó la cabeza a la pobre —comentó el chico a su izquierda.

La dinámica en el comedor no se detuvo. Los comensales continuaron tomando lo ocurrido como un evento normal. En la punta de la mesa más remota, vi a Thomas atento a nosotros. Alzó su copa de vino como si estuviera brindando con nosotros y luego la llevó a sus labios.



DianaMN

Editado: 01.09.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar