5 meses y medio antes de soltarte.
2 semanas después
“Lo vi…”
Minutos atrás, se encontraba en su anterior colegio para recoger un documento sumamente importante. Se sentía ajena, extraña, como si algo malo fuera a suceder.
“Tal vez, podríamos encontrarnos aquí.”
A decir verdad, anteriormente se había hecho a la idea de que, en dado caso de toparse con él, actuaría de lo más normal. Pero eso no sería lo más sensato para ella. Conociendo el estar ahí y pensar, le provocaba ansiedad y la vulnerabilidad inundaba su espacio…
Esperaba a Abie en las mesas del campus, hacía mucho frío. Llevaba un suéter demasiado grande para su pequeño cuerpo. Mientras esperaba, alcanzó a ver a su hermana. Abie salía con su grupo de amigas. No se acercó de inmediato, ya que le daba pena interactuar con ellas.
—Te dije que te fueras, para que no me esperaras —dijo, llegando hacia la mesa.
—Te dije que te esperaría, además estaba muy entretenida leyendo “Yo te inventé”, Francesca Zappia —expresó mientras se levantaba para irse.
Y siguieron las presentaciones. Se había sentido cómoda, un sentimiento de felicidad se inundó en ella. Abie se veía feliz de disfrutar con ellas con demasiada compañía, y eso le confortaba de alguna manera. La hacía sentir en paz, y ya no culpable…
Por fin tenía su pequeño grupo de amigos, el cual siempre quiso tener, pero por cuestiones de salud, no pudo tenerlos antes. Todo estaba marchando bien en su día hasta que esa tez morena, esa altura que solía amar, esos ojos cafés oscuros, se hicieron presentes ante sus ojos y mente.
“Lo vi.”
Su corazón empezó a taladrarle el pecho.
La ansiedad estaba saliendo a la luz.
El verlo le causó: frustración, decepción, enojo y tristeza. Le era impresionante cómo estas cuatro emociones podrían ocasionar una persona que había llegado a amar.
—¡Abie! —gritó.
La poca esperanza que le quedaba se fue a la mierda después de ver que pasó de largo.
La había visto, pero él decidió hacer como si ella no existiera ahí. Y el pensamiento de ser la persona más invisible y reemplazable la mató.
Algo dentro de ella se hizo trizas, verlo abrazar a su hermana le dolió. Porque ella quería ser ella.
Su mente quedó en blanco. No sabía cómo actuar sin que la situación fuese incómoda para los demás, él y ella. Y se le ocurrió la gran idea de comenzar a caminar con pasos rápidos.
¿Estaba evitando su realidad o solo estaba siendo cobarde?
Solo quería salir de ahí. No tenía caso quedarse ahí y saludarlo. Él ya había pintado aquella línea de límite. Le parecía muy estúpido que no tuviera la madurez para solo saludar y ya. Pero sabía muy bien del porqué no se acercaba. No habían terminado de la mejor manera.
No tenía ni la menor idea de cómo había llegado a aquel local.
Su respiración se había regularizado.
Abie corrió hacia ella con su grupo de amigas. Al llegar, solo se limitó a verla y abrazarla y rompió en lágrimas. El verlo le había afectado más de lo que se habría imaginado.
—No llores, yo te lo dije desde un principio, Rain —Abie se encontraba cabreada por tal show que había armado Rain, pero no podía culparla, no era solo su culpa. Le fastidiaba que ella siempre tuviera razón y le dañaba el orgullo admitirlo en voz alta.
“¿Qué tan mierda puede ser la vida?”
—¿Qué más te dijo? —preguntó con curiosidad.
Su ansiedad le pedía a gritos el saber si él había preguntado por ella o al menos dicho algo como el regresar e intentarlo nuevamente.
Lo cual nunca pasó.
—Solo me dijo que no era tonto, cuando le dije que me tenía que ir rápido a casa, porque anteriormente me había preguntado si estaba así por ti —dijo por último y hasta ahí quedó el tema.
Había puesto a su hermana entre la espada y la pared, tenía miedo de que ella ya no pudiera tener una amistad o una comunicación sana y cómoda con él, todo por no saber controlar sus emociones.
No podía culparla del todo el caos que estaba pasando por su mente. ¿Cómo pretendía actuar de lo más normal, si hacía mucho no habían terminado?
Tan solo más de un mes sin verlo y esas últimas tres semanas sin volver a recibir algún mensaje por parte de él. La desquiciaron, no sabía cómo lograr sacar esa frustración, aquella incertidumbre de no saber cómo actuar el día que volviera a verlo. Traspasó su límite… ocasionando que todo lo que había pasado ese día repercutiera en su futuro.
Besando a un amigo de su amiga…
“¿Qué diablos estaba haciendo con mi vida? No debí haber ido por ese estúpido documento a mi antiguo colegio.”
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Editado: 19.09.2026