Sierro el libro y te miro, tu sonríes fingiendo compostura. Me levanto y dejo el libro con cuidado en la repisa, junto al resto. Te miro una sonrisa pícara se forma en mis labios.
—Me gusta tu historia, se quedará conmigo Aquiles. Se la contaré al siguiente soñador que pase por aquí. Ahora duerme.