La otra mitad de la Gerbera

Capítulo 1: pétalos anónimos

Sohee estaba caminando por el pasillo y se dirigió a su casillero, abrió la puerta del casillero de este salió un ramo de flores Gerberas sus favoritas, ella toma el ramo de Gerberas revisando si tiene algún nombre o una pista de quién las envío. Pero no encuentra nada.

Tras varios minutos de recorrido, el autobús por fin se detuvo en la esquina de siempre. Sohee bajó del vehículo y caminó a paso rápido las últimas cuadras rumbo a su hogar, sintiendo el aire fresco de la tarde sobre su rostro.

Al abrir la puerta principal y cruzar el umbral, el aroma familiar y cálido de su casa la recibió de inmediato, envolviéndola en una sensación de absoluto alivio.

Su madre salió a su encuentro desde la cocina, con el rostro iluminado por una sonrisa, y la estrechó entre sus brazos con ese profundo cariño maternal que siempre lograba reconfortarla.

—¡Por fin llegaste, mi amor! —dijo la madre mientras le acariciaba el cabello con ternura. Con un gesto suave, la guió hacia la mesa del comedor, donde ya tenía la cena recién preparada

—. Siéntate, debes tener mucha hambre.

—Gracias, mamá —respondió la joven, dejando caer su mochila en el suelo con un suspiro de cansancio—. No te imaginas lo que me pasó hoy en la escuela.

Mientras disfrutaba de los primeros bocados de la cena, Sohee no pudo contenerse más y decidió compartir el gran misterio del día. Le contó a su madre detalladamente cómo, al abrir su casillero por la tarde, se había topado con un hermoso ramo de flores y una tarjeta completamente en blanco, sin que nadie en los pasillos supiera quién las había dejado allí.

—Y lo más curioso de todo es que las flores eran gerberas, mis favoritas —comentó ella entre bocado y bocado, mirando fijamente su plato, pensativa.La madre, que hasta ese momento la escuchaba con una sonrisa ligera, detuvo sus movimientos por un segundo. Al levantar la vista, su rostro pasó de inmediato a una expresión de evidente sorpresa.

—Pero ¿quién pudo haber sido? —preguntó la madre con curiosidad, intentando disimular el leve temblor en su voz.

—No te preocupes, mamá. Mañana mismo voy a investigar todo con Kristy —dijo ella con una sonrisa optimista, terminando de comer.La madre asintió despacio y tomó un sorbo de agua de su vaso para calmarse, aunque la duda seguía reflejada en sus ojos.

—Bien, pero cualquier cosa me avisas.




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