A la mañana siguiente, Sohee se levantó y se dirigió a la escuela pensando en una sola cosa. Al cruzar la puerta se encontró con Kristy, y las dos se fueron a revisar el casillero inmediatamente. Al abrir la puerta de metal se encontraron con una sorpresa: esta vez no había flores, sino una tarjeta.
Sohee la sostuvo entre sus dedos, mirándola fijamente con el corazón acelerado.—Ábrela ya —le urgió Kristy, asomándose por encima de su hombro. Con cuidado, Sohee desdobló el papel, dejando al descubierto una hermosa y elegante caligrafía con un mensaje corto pero enigmático:
«Aunque todavía no me conozcas, siempre he estado cerca cuidando tus pasos. Que estas gerberas alegren tu día».
Sohee siguió mirando con atención la tarjeta y notó un detalle en la esquina inferior. Pasó la yema del dedo, dejando al descubierto un delicado dibujo de unas gerberas hechas a lápiz.
—¿Viste eso? —murmuró Kristy, señalando los trazos del dibujo—. No solo tiene una letra increíble, sino que también sabe dibujar. Esto se está poniendo serio, Sohee.Sohee guardó la tarjeta con cuidado en su mochila, sintiendo una mezcla de emoción y duda.
—Vamos al salón —repuso, decidida—. Si es alguien de nuestra clase, descubriremos quién tiene este talento para dibujar y la caligrafía. Las chicas caminaron por el pasillo y entraron al aula. Sohee se sentó en su lugar habitual, un asiento cerca de la ventana, y Kristy se acomodó justo detrás de ella.
Durante todo el día aprovecharon cada clase para revisar discretamente los cuadernos de sus compañeros, buscando algún parecido con la delicada y hermosa caligrafía, pero no encontraron absolutamente nada. Estaba claro: el remitente no era del salón, venía de afuera.
Al sonar el timbre que anunciaba el cambio de hora, Sohee y Kristy salieron al pasillo, todavía discutiendo en voz baja sobre el misterio. El lugar estaba lleno de estudiantes que caminaban apurados. Sohee iba tan distraída pensando en el dibujo de las gerberas que no vio venir a un estudiante que caminaba en dirección contraria y chocó de frente contra él. El impacto hizo que los libros del chico salieran volando, y un grueso cuaderno de hojas blancas se abrió de par en par al caer al suelo.
Sohee agachó la mirada para disculparse, pero se quedó congelada al ver la página abierta: estaba repleta de bocetos de flores hechos a lápiz.Kristy reaccionó rápido; le dio un codazo discreto a su amiga. Sus ojos brillaban de emoción y en ese momento las dos pensaron exactamente lo mismo: «¡Es él!».
—¡Lo siento mucho! Iba distraído —dijo el chico con timidez, agachándose para recoger sus cosas.
—No te preocupes, fue mi culpa —respondió Sohee, arrodillándose para ayudarlo. Tomó el cuaderno de dibujo por los bordes—. Tienes mucho talento. ¿Tú hiciste estos trazos?
—Sí, pertenezco al club de arte —sonrió el joven, rascándose la nuca, un poco avergonzado. Kristy no aguantó la intriga, sacó discretamente un bolígrafo de su mochila y estiró un trozo de papel hacia él.
—Oye, ¿podrías anotarme tu nombre y tu grupo aquí? Es que mi hermano quiere unirse al club de arte y necesito la información —mintió Kristy con una rapidez asombrosa.
—Claro, no hay problema —dijo el chico de arte.Tomó el bolígrafo y escribió su nombre con rapidez. Sohee y Kristy se asomaron conteniendo el aliento, pero su ilusión se derrumbó al instante. La letra del chico era grande, desordenada y casi ilegible, completamente opuesta a la perfecta, elegante y madura caligrafía de la tarjeta misteriosa.
El día escolar terminó y las amigas se despidieron exhaustas, con el plan de seguir mañana con la investigación.
#703 en Thriller
#310 en Misterio
#1735 en Otros
#328 en Relatos cortos
misterio, drama familiar, mentira traicion y secretos del pasado
Editado: 15.09.2026