La otra mitad de la Gerbera

Capítulo 5: Dos gotas de agua

El aula estaba llena de estudiantes hablando animadamente, mientras que otros daban cabezadas sobre sus escritorios, vencidos por el sueño del lunes por la mañana. Sohee estaba en su asiento de siempre junto a la ventana, compartiendo miradas nerviosas con Kristy, quien no paraba de moverse en su silla por la expectativa.

El ambiente cambió por completo cuando entró el profesor. Los murmullos se apagaron de golpe y todos se enderezaron en sus asientos, pero la verdadera sorpresa vino cuando notaron que el maestro no venía solo. Un chico de chaqueta oscura y mirada profunda cruzó el umbral.

—Buenos días a todos. Hoy se incorpora un nuevo compañero— El profesor dejó su maletín en el escritorio y escribió el nombre con tiza en la pizarra—. Su nombre es Oliver Valerius. Espero que lo reciban con el respeto de siempre. Un murmullo ahogado recorrió el salón.

Varios estudiantes voltearon a mirar a Sohee y luego a Oliver, frotándose los ojos con incredulidad. Eran dos gotas de agua.Kristy se inclinó hacia adelante de inmediato, dándole un toquecito en la espalda a su amiga.

—¡No puede ser! —le susurró con los ojos abiertos de par en par—. Es idéntico a ti... ¡y es guapísimo!

—Oliver, puedes tomar asiento en el lugar vacío junto a la ventana —indicó el profesor, señalando la fila contigua a la de Sohee. Oliver asintió en silencio y caminó con paso firme por el pasillo.

Al sentarse, le dedicó a Sohee una pequeña sonrisa cómplice y guiñó un ojo discretamente hacia Kristy, lo que hizo que esta última se sonrojara de inmediato. Durante las siguientes hours de clase, a Sohee le costó muchísimo concentrarse; tener a su gemelo al lado después de tantos años se sentía irreal. En cuanto sonó el timbre del receso, las dos amigas y Oliver se dirigieron a la cafetería, buscando la mesa más apartada para poder hablar tranquilos.

—¡Sigo sin poder creerlo! —exclamó Kristy, mirando a Oliver como si fuera un fantasma—. Estuvimos investigando cuadernos por toda la escuela y resulta que el dueño de las gerberas era tu propia copia exacta.

—Te dije que la Operación Gerbera terminaría pronto —la miró Oliver con una risa ligera, mientras apoyaba sus brazos sobre la mesa—. Pero ahora viene la parte difícil.

Sohee se puso seria y miró a su hermano con preocupación.

—¿Qué vamos a hacer con mamá? —preguntó en voz baja—. Ella prometió llevarme a buscarte hoy, pero no se imagina que tú ya estás aquí, y mucho menos que entraste a mi escuela. Tengo miedo de cómo reaccione al verte en la casa de golpe.

—No te preocupes, Sohee —la tranquilizó Oliver, tomando su mano con madurez

—. Esta tarde iré contigo. Nos ganaremos su confianza juntos y le demostraremos que los hermanos Valerius no volverán a separarse jamás.




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