El origen de los tiempos no se escribió con tinta, sino con el fuego de una guerra que parecía no tener fin. En una época sumida a caos, un rey sabio y poseedor de un poder único e inigualable se alzó por encima delas cenizas del mundo. Utilizando una fuerza que desafiaba la compresion de los mortales, aquel monarca forjó un imperio inexpugnable, un reino que ninguna facción o ejército enemigo fue capaz de conquistar jamás.
Sin embargo, para asegurar la paz definitiva, el monarca canalizó la esencia de su poder absoluto en una sola creación: el anillo Arklom, cuyo nombre significaba Arca de Dominio. Aquel artefacto no era un simple anillo: era una arma de disuasión masiva.
El rey lo utilizó una única vez, derramando su resplandor sobre el campo de batalla para aplastar a las huestes enemigas y poner fin, de una vez por todas, al sufrimiento del conflicto. Los textos antiguos del Rey relataban que el Anillo Arklom otorgaba a su portador la fuerza bruta de mil hombres y una resistencia impenetrable que era capaz de sobrevivir un ejército y además de no sufrir daño de un impacto directo de una bomba.
Al regresar victorioso, los consejeros de la corte, maravillados y atemorizados por tal despliegue de magnificencia, lo proclamaron formalmente como su rey y salvador, el único ser capaz de interponese entre el reino y cualquiera amenaza futura. Pero el poder absoluto es una carga maldita. Con el tiempo, el monarca confió el anillo Arklom a unos de sus caballeros más leales y virtuosos. Fue entonces cuando se descubrió la verdadera naturaleza defensiva del Arklom: el anillo Arklom una condición implacable. Si quien lo usaba poseía el más mínimo deseo de ambición, egoísmo y odio, el artefacto metía una maldicion a su mente, corrompiendo sus pensamientos, amplificando su rencor, destruyendo su valentía y alimentándose directamente de su dolor interno.
Comprendiendo el peligro catastrófico que representaba, el rey ordenó que el Arklom fuera retirado de las dimensiones. Fue llevado a los niveles mas oscuros y subterráneos de la fortaleza, depositado en la bóveda más profunda junto a los secretos y armas prohibidas que habían sido confiscadas durante la Gran Guerra de los Mil años. Aquel lugar fue bautizado con el nombre de La Bóveda prohibida.
Los años de paz trajeron consigo el nacimiento de los hijos del rey, dos gemelos destinados a heredar el destino del imperio. Krang el primogénito y Zack el menor. Ambos hermanos fueron sometidos a un entrenamiento físico y mental implacable desde su niñez, compitiendo bajo la mirada de su padre para demostrar quién sería el legítimo sucesor al trono eterno. La decisión final llegó un día en que el anciano rey convocó a zack a sus aposentos privados.
Reconociendo en él la pureza de un líder, le otorgó la armadura mística que lo consagraba bajo el título del Príncipe Eterno. Lo que el rey no sabía era que Krang, agazapado entre las sombras de los pasillos, lo había presenciado todo. Un veneno frío y punzante lleno de reconcor se arraigo en el corazón del hermano mayor.