Las sombras de los elementos

El secreto del agua

. .-.. / ... . -.-. .-. . - --- / -.. . / .- --. ..- .- .-.-.

Goyo no podía sacar a Alfonso de su mente. La imagen era una quemadura en su retina: el brillo morado del anillo, la forma humana disolviéndose en una voluta de niebla antinatural, y el silencio que vino después. No era solo el poder lo que lo obsesionaba, era la elegancia. La facilidad. Alfonso no había luchado contra su naturaleza; se había fundido con ella.

Y eso planteaba una pregunta que lo atormentaba día y noche: si Alfonso podía convertirse en niebla, ¿por qué él no podía hacer lo mismo con el agua?

Siempre había sido capaz de controlar el líquido a su alrededor, de moverlo, de darle forma. Pero era como ser un titiritero. El agua era su marioneta, pero nunca había sido él. La idea de disolverse, de fluir bajo una puerta, de convertirse en una gota de lluvia, de ser tan libre e imparable como el océano... era una ambición que lo consumía.

Cada día, después de las clases, su rutina era la misma. Se escapaba al patio trasero del orfanato, a un rincón olvidado detrás de unos arbustos de rododendros salvajes, donde la hierba crecía desordenada y las raíces de un viejo roble formaban un asiento natural. Allí, lejos de los ojos de los vigilantes y de la curiosidad de los otros niños, sacaba una simple botella de agua de su mochila. Era su laboratorio, su gimnasio y su confesionario.

No estaba seguro de qué le faltaba. ¿Más concentración? ¿Más control? ¿O quizás solo la confianza para dejarse llevar? Lo que más le preocupaba era el muro invisible que encontraba cada vez que lo intentaba. Podía dominar el agua en su forma líquida, pero la idea de transformarse en ella, de cruzar esa frontera entre el controlador y lo controlado, parecía imposible.

Se sentaba en el suelo, con la botella frente a él, y cerraba los ojos. Intentaba sentir el agua, no como algo externo, sino como una parte de sí mismo. Su fluidez, su capacidad para adaptarse, su fuerza silenciosa. Al principio, sus logros eran modestos, casi insultantes. Un pequeño chorrito de agua que surgía de la botella y se deslizaba obediente hasta sus manos. Podía hacerlo serpentear entre sus dedos, pero siempre era agua en su mano, no su mano hecha de agua.

Frustrado, apretaba los ojos con más fuerza, como si la presión física pudiera traducirse en poder. Pero no funcionaba. El agua seguía siendo agua, y él seguía siendo él.

Una tarde, mientras el sol se ponía y teñía el cielo de naranja, a punto de rendirse, un recuerdo lejano acudió a su mente. Era la voz de su madre, no en el orfanato, sino mucho antes. Estaban en la playa, y él, un niño pequeño, intentaba construir un castillo de arena que las olas derribaron una y otra vez. Él lloraba de frustración, y ella, en lugar de ayudarlo a reconstruir, se sentó a su lado y señaló el mar.

«No luches contra ella, mi niño», le había dicho, su voz tan suave como el murmullo de las olas. «El agua es paciente. No rompe la roca a la fuerza, la desgasta. No salta el obstáculo, lo rodea. Aprende de ella. No seas roca. Sé el agua».

Las palabras resonaron en su cabeza con una claridad nueva y sorprendente. No seas roca. Sé el agua.

Dejó de presionar. Dejó de forzar. Exhaló lentamente y, en lugar de intentar ordenarle al agua que se convirtiera en él, intentó invitarse a sí mismo a convertirse en ella. No más expectativas. Solo fluir.

A medida que se relajaba, la botella de agua comenzó a vibrar levemente en sus manos. El agua en su interior se arremolinaba, no con violencia, sino con una danza suave. Unos segundos después, Goyo sintió una sensación extraña, un cosquilleo que empezó en la punta de sus dedos y se extendió por todo su brazo. El agua que controlaba ya no se sentía como una herramienta externa. Se sentía... cercana. Conectada. Parte de él.

No era aún la transformación que buscaba, pero por primera vez, el muro invisible se había agrietado. Sabía que no se trataba solo de la botella o de la fuerza. Algo más profundo, algo antiguo, comenzaba a despertar.

A medida que pasaban los días, la grieta en el muro se convirtió en una puerta. Goyo continuaba con su rutina de practicar en secreto, pero ahora lo hacía con una determinación renovada. Algo había cambiado en su interior; sus poderes parecían más accesibles, más naturales. El agua ya no solo respondía a sus movimientos, sino que parecía anticipar sus pensamientos, sus deseos.

Su control se volvió exquisito. Podía formar burbujas de agua con solo pensarlo, esferas perfectas que flotaban en el aire, refractando la luz del sol en pequeños arcoíris. Las hacía crecer y moverse a su alrededor como si tuvieran vida propia. Podía agruparlas, fusionarlas en una masa de agua temblorosa y luego separarlas de nuevo en docenas de perlas líquidas con un solo gesto de su mano. Ya no era solo un conducto de agua; ahora era un artista. Creaba, moldeaba y transformaba el agua a su antojo.

Pero con el poder, algo más crecía en él: una sensación de control sobre sí mismo que nunca había experimentado. El agua no solo era una extensión de su poder, sino un espejo de su alma. Cuando estaba frustrado, las burbujas temblaban y se deshacían. Cuando estaba en calma, danzaban en una armonía perfecta. Al dominar el agua, sentía que también podía dominar sus propios miedos y ansiedades.

Un día, mientras él estaba completamente absorto, haciendo levitar una docena de burbujas de agua alrededor de su cabeza en una galaxia líquida, Amelia lo observó desde la distancia.

Llevaba días notando su patrón. Goyo desaparecía después de las clases, siempre hacia el mismo lugar. Al principio, Amelia pensó que solo necesitaba espacio, algo que ella entendía perfectamente. Pero su comportamiento era demasiado metódico, demasiado secreto. Su propia naturaleza curiosa, esa que la hacía desmontar relojes solo para ver cómo funcionaban, no pudo resistirlo más.

Decidió seguirlo. No fue difícil. Se movió con sigilo, escondiéndose tras los gruesos troncos de los árboles del jardín. Cuando llegó a su escondite, se quedó sin aliento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.