Lazos de Sangre

Capitulo 4

No eran ni las siete de la mañana cuando despertó a la mañana siguiente. Se había acostado temprano, pero el ruido le impidió conciliar el sueño hasta casi las dos. Hubiera deseado dormir hasta más tarde, misión imposible con los gritos de Elizabeth retumbando en alguna parte de la casa.

No lloraba, berrinchaba. De hambre, de sueño, de limpieza... Alguna de las necesidades básicas que una diligente madre se hubiese encargado de cubrir. Maldiciendo por su fortuna y con los ojos cerrados por las legañas, se encaminó a trompicones hasta el cuarto de sus padres. Estaba dispuesta a conseguir que se levantará incluso aunque tuviera que arrojar un jarro de agua fría sobre sus cabezas.

Sin embargo, la escena con la que se encontró sirvió para desalentar sus propósitos. Su madre y Ralph dormitaban desnudos sobre la cama. Completamente desnudos, sin pijama y sin una sábana que les cubriera sus partes íntimas. Repugnada por la imagen cerró y salió hacia el cuarto contiguo donde los alaridos habían alcanzado la categoría de inaguantables.

- No te preocupes cariño... ya estoy aquí...

Con cuidado para no hacerla daño, la sacó de la cuna y la acomodo en sus brazos. Su experiencia con bebes se limitaba al campo de sus amistades más íntimas y ni eso. Normalmente se abstenía de tratar con bebes aunque conocía los principios básicos, si es que se podía etiquetar de principios básicos cambiar el pañal y mecerla hasta quedarse dormida.

Intento consolarla como lo hiciera la noche pasada. Sin embargo, Lisa tenía otros planes. Estaba inquieta y no paraba de patalear. Revisó su pañal pero al comprobar que no había ninguna sustancia allí, decidió que lo mejor era probar con la comida. La cargo como buenamente pudo y bajo las escaleras con sumo cuidado. Era la segunda vez que la cogía en brazos y aún su experiencia no había llegado al grado de seguridad que se requería para sostener a una recién nacida. Se dirigió a la cocina que había vuelto a recuperar su normalidad de siempre, sin el servicio de catering y los camareros dando vueltas.

Allí no había nadie. Salvo su querido hermano que permanecía oculto tras la portada del New York Times disfrutando de un solitario café y tan impecable como siempre. Le sorprendió que estuviera levantado tan temprano cuando no hacía ni ocho horas que le había visto abandonar la fiesta del brazo de una rubia muy elegante. Una casualidad que su ventana diera a la entrada del garaje.

Alex siguió con su café sin dar muestras de haberla visto entrar. Ayer le había dejado claro que no pensaba colaborar con ella y su actitud de hoy le demostraba muy claro sus palabras. Dispuesta a no dejarse intimidar, saco la leche del frigorífico y empezó a buscar el biberón.

- Buenos días Samantha.

Ella gruño un saludo a modo de respuesta a la par que buscaba entre los cajones algo con lo que alimentar a la pequeña. Lisa seguía atronando sus oídos con su canto particular.

- ¿Intentas poner de moda un nuevo peinado? Realmente no creo que se lleve mucho ese look.

Parecía una pordiosera. Lo sabía con el pijama descolorido y el pelo revuelto, pero sinceramente ella no era lo más importante en estos momentos. Lo único que pretendía era lograr que aquel demonio se callara de una buena vez para volver a su cama. Abrió y cerró varios cajones sin resultado alguno. Lisa se ponía cada vez más histérica.

- Déjate de joder y ayúdame a buscar un biberón - le contestó arrugando el periódico con una mano libre. Su paciencia empezaba a rondar el punto límite.

Si Lisa no paraba pronto de llorar iba a necesitar descargar su furia contra alguien. Él hizo un sonido reprobatorio con la boca.

- Vigila tus modales, no querrás que tu hermana aprenda ese sucio lenguaje.

- Va a aprender algo más de mí que cuatro palabras como no me ayudes a buscar el biberón - dijo amenazándolo con un cuchillo de untar mantequilla.

- Segunda puerta del armario a la derecha - le respondió sin inmutarse.

Volvió a recuperar su periódico e hizo como si leyera.

- ¿Y bien? ¿Dónde están esos maravillosos y orgullosos padres que tanto la necesitan?

Samantha le respondió con una mirada de fastidio.

- ¡Ah! Ya entiendo. Al parecer la paternidad es incompatible con su ritmo de vida – repuso con sarcasmo – ¿Te pagaran bien por hacer de niñera, no?

- Será solo por esta vez – contesto determinante. Aunque sabía que habría más veces no iba a darle a Alex la satisfacción de llevarse el gato al agua.

Ella decidió que la mejor manera de responderle era provocándole.

- ¿Qué tal con tu amiguita la rubia? Me sorprende que te deje levantarte tan temprano.

Él doblo el periódico con sumo cuidado.

- Pareces muy interesada en ella, ¿es que acaso estás celosa? – pregunto con tono casual.

- No, curiosidad femenina – contesto encogiéndose de hombros. Sacó el biberón del lavaplatos y empezó a rellenarlo ¿A qué mujer no le gustaba estar al tanto de los últimos cotilleos? – Te vi salir con ella de la fiesta. No es que me moleste, – dijo llevándose una mano al pecho aparentando inocencia – Pero tenemos que aclarar esta situación. Si decido traer a alguien a casa y acostarme con él, no es plato de buen gusto que estés al otro lado de la puerta.

Él extendió un brazo hacia la cesta de la fruta. Se tomo su tiempo en elegir una pieza antes de hablar.

- Totalmente de acuerdo. Por eso reserve noche en un hotel. Espero que tengas la misma consideración si es que algún día te ves en esa situación.

Samantha estuvo tentada de arrojarle el biberón a la cabeza. ¿Cómo tenía el descaro de admitir que había pasado la noche revolcándose en la cama con una... rubia impersonal mientras ella se dedicaba a cuidar de un bebe y de hacer de padre de dos jubilados con las hormonas revolucionadas? Y encima tenía la poca consideración de catalogarla como si fuera una mojigata. ¿Qué había querido decir con eso de si alguna vez? Ella tenía candidatos por doquier, es más, le sobraban invitaciones. Bueno, puede que no muchas actualmente, pero si las había tenido. Una vez más, se recordó que la mejor manera de responder a sus insinuaciones era tomárselo con naturalidad.




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