Lazos de Sangre

Capitulo 6

Vivir con una mujer con la que no se acostaba estaba poniendo a prueba su capacidad de autocontrol.

Bastante malo era cruzársela semidesnuda por los pasillos o con una toalla anudada al pecho que al mínimo descuido, amenazaba con caerse. Ella no parecía tener ningún reparo en pasearse desnuda delante de él, y él tampoco si pudiera ponerle las manos encima. Pero como todo lo que podía era deleitarse con las vistas, no le quedaba más remedio que suplicar porque el nudo de la toalla estuviese lo bastante flojo como para escaparse y sudar a mares si tenía que mantener una conversación razonada con ella sin que la vista se desviase de su mar de ojos azules.

- ¿La has dado ya de comer? – le pregunto entrando en el dormitorio de Lisa, al menos hoy se había tapado de cuerpo entero.

- Hace siglos que ha terminado, ¿podemos irnos ya?

- No, Victore no ha aparecido.

- ¿Has llamado otra vez a la loca? – le pregunto sin dejar de mecer a Lisa en sus brazos.

Ella dejo soltar un suspiro de cansancio.

- Ya te lo dije. Eleonor se incorpora el lunes. Alguien tiene que quedarse con ella hasta entonces... - Samantha revolvió en los cajones de la cómoda antes de volverse a él - ¿Qué has hecho con el vestidito que había aquí encima?

- No sé de qué me hables – le dijo inocentemente, pero por si acaso dio un empujoncito con el pie al horrible atuendo que escondía debajo de la cuna.

- No importa, buscaré otro - Revolvió los cajones hasta dar con un nuevo vestido – Voy a tener que llevármela al trabajo.

- No. Ni hablar – se levanto con cuidado para no despertar a la niña. A pesar de su enfado no alzó demasiado la voz – No puedes llevar a un bebe a la oficina. Va en contra de la política.

- Pues cambias la política, para algo eres el jefe.

Samantha le quito a Lisa de las manos y la acomodo sobre el cambiador.

- ¿Qué clase de jefe sería si me dedicó a cambiar las normas según mi antojo?

Ella se volvió hacia él con esa mirada que le dejaba perdido en un mar de dudas.

- ¿Prefieres que deje a un bebe solo en casa todo el día?

Él no contesto inmediatamente se giró y susurro algo que sonaba así como:

- Me gustas más cuando te paseas desnuda por la casa.

Samantha levantó la cabeza ajena a su último comentario.

- ¿Me decías algo?

- No, nada – respondió cruzándose de brazos.

Media hora más tarde, con una llorona Lily en el asintió de atrás del coche familiar, luchaba por abrirse paso entre el tráfico de Nueva York.

- Esto no hubiera pasado si hubiésemos salido antes.

- Yo no tengo la culpa de que Victorie este enferma. Ha dicho que mañana ya estará mejor.

- Ni hablar. No pienso dejar que la doble del exorcista se acerque a Lily ni una sola vez más.

- Tiene nombre, por sí no lo sabes.

- Me da igual como se llame, sigue estando igual de loca. ¿¡No puedes hacer algo para que se calle!?

- ¿Nadie te ha dicho que eres un viejo quisquilloso?

Samantha aprovecho la parada para desabrocharse el cinturón y volverse hacia el asiento de detrás no sin antes ganarse un comentario grosero de su parte. Claro que si lo que quería era conseguir concentrarse, acababa de cometer el peor error. El trasero de Samantha quedaba a la misma altura de sus ojos. Solo necesitaba desviar la vista de la carretera para posarla en esa redondez. No era su intención mirar, pero tampoco era un santo. No rechazaría semejante oportunidad cuando se le presentaba tan gratuitamente. Así que, ¿que tenía de malo si por un segundo posaba la mirada en un lugar más agradable a la vista que el tráfico de Nueva York?

No estaba mal. Debía de reconocer que Samantha se mantenía en muy buena forma. Si no conociera a la dueña de dicho trasero, posiblemente la puntuaría con un nueve. Redondo y ligeramente respingón. El ejercicio y los pantalones de pitillo hacían maravillas en ella. Lástima que no pudiera probarlo más de cerca.

Cuando quiso volver la vista al frente, estaba tan cerca del coche de delante que consiguió frenar a menos de un centímetro de separación. La brusca detención hizo que Samantha rodará hacia delante.

- ¿¡Podías haber avisado antes, no!?

- Lo siento – dijo desviando la vista hacia su lado de la ventanilla – Me distraje con otra cosa.

Pero por su sonrisa, bien se podía decir que había disfrutado viéndola caer.

Decir que el día estaba yendo de mal en peor, sonaba demasiado optimista. Desde que se había levantado todo había salido mal. Lily que no había parado de quejarse, el trayecto con Alex que le dejo un chichón en la cabeza fruto del golpe con el coche y para colmo su hermana había aprendido que el biberón era un estupendo arma de guerra. Samantha, la había llevado consigo a su despacho y le había dejado el biberón a mano para que se entretuviera. Pero no solo había conseguido que Lily se ensuciara entera, sino que ella también se había llevado su ración de leche materna.

- ¡Joder, joder y más joder! ¿Es que no hay ni una que me pueda salir bien? – pregunto a nadie en particular.

Se agencio la bolsa entera de toallitas del bolso que llevaba con los recambios de pañales y demás. Tenía que conseguir sacar la mancha de puré de papilla antes de que comenzara la reunión. La pequeña encontró la situación de lo más entretenida puesto que lanzó una carcajada al aire.

- ¿Te parece gracioso? – la pregunto sin dejar de pasearse por su despacho - ¿Te parece gracioso manchar a tu hermana el día más importante de su carrera? Está en juego mi puesto.

Cuanto más hablaba ella, más contenta se ponía Lisa.

- Pues a mí no me hace gracia – le decía a su hermana - ¿Quieres que nos despidan? Porque eso vas a conseguir si no dejas de mancharme.

Lily a agito el biberón lanzando un chorro de leche hacia el techo.

- Bueno, señorita ya está bien. Ha llegado la hora de cambiarte. Y más te vale que te portes bien o me veré obligada a tomar medidas.




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