Alexis se quitó los guantes de kickboxing y le sonrió a su hermano. Era como si se mirara en un espejo.
— Peter, te miro y pienso: Que guapa soy —. Dijo molestándolo. El sudor le resbalaba por la frente y se lo secó con el dorso de la mano. Acababan de terminar un combate amistoso entre ellos.
Su hermano le lanzó una mirada fingidamente enfadada:
— Te dije que te dejaras crecer el pelo. ¿Qué clase de chica eres tú, que no dejas que se te crezca el pelo? Todos nos confunden y no es precisamente lo mejor que te confundan con tu hermana.
Peter frunció la nariz para mostrar su molestia.
— Eso significa que eres guapo como una chica —, le dijo su hermana, sabiendo lo mucho que le sacaba de quicio cada vez que le hablaba así.
— No, eso significa que como eres más ruidosa y siempre te metes en líos, eres la más famoso de los dos.
La puso en su sitio con tono enfadado.
En realidad, Peter al igual que ella tenía el pelo negro y los ojos color miel y era muy guapo. Su hermano era, de hecho, tan guapo que no parecía un chico.
Entraron en el despacho donde se encontraba su padre. Querían recogerlo para irse todos juntos a comer. Las clases habían terminado y por lo tanto la academia estaba vacía, pero él no los acompañó:
— Vayan ustedes y yo iré en un rato.
Su padre parecía preocupado últimamente y Alexis se lo comentó a su hermano de camino a casa.
— Probablemente esté preocupado por el préstamo que pidió. Con la crisis, la academia no va tan bien como antes. Pero no debe preocuparse, el trabajo que voy a empezar la semana que viene estará bien pagado y así no tendremos ningún problema con las cuotas.
— ¿A quién vas a proteger? — Alexis también quería ser guardaespaldas como su hermano y su padre, pero su padre, a pesar de que ella era mejor que Peter en algunas artes marciales, no se lo permitió porque según él, no era un trabajo para mujeres. Así que Alexis continuó con sus estudios y acababa de obtener su título de la academia. Por supuesto, ella misma sabía que no iba a encontrar trabajo fácilmente, ya que la crisis económica estaba afectando a todo el mundo, así que ayudaba a su padre en la academia.
— Voy a ser chofer y guardaespaldas de Ayden Chase. Es un famoso magnate. Aunque, claro, el trabajo se lo ha quedado de su padre, que se ha jubilado recientemente por motivos de salud.
Habían llegado a casa, ya que la academia estaba a solo dos manzanas de distancia. Su madre, que ya había puesto la mesa, los esperaba en el salón viendo la televisión.
Peter fue el primero en entrar en el baño y al salir preguntó si su padre había vuelto. Para cuando Alexis entró a ducharse, Peter ya se había vestido y había ido a buscar a su padre.
•••
Ayden se sentó en el sofá blanco del salón y cogió el vaso de whisky. El viaje desde Estados Unidos había sido agotador, pero aún más agotador había sido el encuentro con su padre.
En el fondo, Simon Chase no quería marcharse de la empresa, pero los médicos le prohibieron seguir trabajando. Así que se vio obligado a llamar a su hijo desde Estados Unidos para que viniera a tomar las riendas.
Durante toda la cena, Ayden se vio obligado a escuchar los consejos de su padre y sus órdenes sobre cómo debía actuar. Se sentía como si volviera a ser un niño pequeño, hasta que al final no pudo más y le dijo con tono tranquilo pero amenazante:
— O mando yo o mandas tú. Si quieres, vuelve a hacerte cargo tú y yo me voy a Estados Unidos.
Ayden dio un buen trago a su bebida y dejó el vaso sobre la mesita que tenía delante. Se levantó y se dirigió a la puerta del balcón. Cruzó los brazos delante de él y se quedó mirando las luces de la ciudad bajo su balcón.
Este traslado también afectó a otros aspectos de su vida.
Se vio obligado a dejar atrás a Eva, que le cautivó desde el primer momento en que la vio.
En el año que llevaban conociéndose, ella le demostró que tenía las cualidades necesarias para convertirse en su esposa. Sin embargo, cuando él le propuso que lo acompañara, ella se negó diciéndole que su vida estaba allí.
Ayden sabía que, a partir de ese momento, su vida tomaría otros rumbos. Desde el momento en que puso un pie en el aeropuerto, empezó a ir acompañado de guardaespaldas. Por mucho que no le gustara tener gente a su alrededor vigilando cada uno de sus movimientos, sabía que esa sería su vida a partir de ahora.
•••
— Mamá, voy a ver por qué tardan tanto papá y Peter —. La madre de Alexis estaba inquieta de pie en la puerta esperando, pero no veía a ninguno de los dos.
— Sí hija, ya empiezo a preocuparme. Tardan mucho.
Cuando Alexis se acercó a la academia, vio que la puerta principal estaba abierta de par en par. Ese lugar era una antigua casa que su padre había comprado recientemente con el préstamo que había solicitado. Las luces estaban encendidas.
Entró en el edificio gritando:
— ¡Papá! ¡Peter! — pero nadie respondió.
Alexis se dirigió al despacho de su padre y abrió la puerta. Lo que vio la hizo chillar de terror. Su padre, sentado en la silla de su despacho yacía muerto con una bala en el corazón. Se acercó a él y con las manos temblorosas intentó comprobar si aún respiraba, pero estaba muerto. Alexis con las lágrimas corriendo sin cesar por sus ojos y el pánico apoderándose de ella, buscó a su hermano. Lo encontró en la sala donde habían estado los dos hacía un rato. Se encontraba boca abajo en un charco de sangre. Aterrorizada, le puso la mano en el cuello y le tomó el pulso.
Aún estaba vivo.
Sacó el móvil y llamó a una ambulancia y a la policía. Después se sentó junto a su hermano, llorando, y esperó a que llegaran la ambulancia sin poder hacer nada más.