Al principio no hubo silencio, sino el pulso inquebrantable de la Savia; un latido primigenio que ordenó la arcilla, el agua, la roca y el fuego para dar forma a los contornos sagrados de Omnia.
En la aurora de los tiempos, el continente no fue concebido como un territorio unísono y armónico, sino como un vasto tablero fracturado donde cada región encarnó una porción visceral del mundo.
Durante eras inconmensurables, los reinos crecieron aislados en sus propias leyes y mitologías, ignorantes de que la tierra que pisaban compartía raíces comunes y un destino inevitablemente entrelazados.
Dónde ningún reino camina solo hacia la eternidad.
Dónde cada paso deja una huella imborrable en el gran libro del continente.
Omnia espera ser descubierto.
Editado: 01.10.2026