Darkness observó a unas niñas jugando con muñecas mientras se encontraba en el auto, sintiendo un rechazo instintivo ante la idea de que ese juego infantil era absurdo y ajeno a su realidad. Regresando después a su mansión para continuar con sus deberes familiares, como regar las rosas sobre las lápidas del cementerio familiar.
Le gustaba caminar entre el cementerio elegante, siempre vestido con corses de alta costura. Entrando a la mansión vio a su padre en la sala de lectura; tenía el libro de Frankenstein. El silencio era total, se podía escuchar cómo su padre cambiaba las hojas, Darkness estaba en la sala esperando una visita. Veía las cortinas que rosaban el piso en las ventanas que medían 3 metros; esa mansión parecía museo de día por afuera, pero oscuro adentro, las luces alumbraban al 50 por ciento de su capacidad.
Calavera llegó alterado con unas botas grandes y una chamarra de cuero; parecía carcelero, tenía muchas hebillas, se escuchaba como las llaves de las celdas. Darkness ya lo esperaba, le sirvió algo de tomar.
—Qué tal la pasas, Darkness —iniciando la conversación—. Estoy jodidamente podrido, cada día somos menos, la oscuridad se está desapareciendo.
Darkness, con su elegancia, dijo:
—Nosotros siempre vamos a existir.
Calavera, agarrándose el cabello y acomodándose la chaqueta de cuero:
—No entiendes que si seguimos así, en 5 años desaparecemos. Desprecio a los mortales, deberían de irse al inframundo.
Darkness quería bajarle la intensidad:
—Deja de hablar así de ellos, te hace ver peor.
Yo, poniéndose el dedo índice:
—Tú lo dices porque tu sangre es pura, tu linaje es gótico.
Despidiéndose, Calavera le dijo:
—Mañana te veo en la escuela.
Se encontraron en el punto donde se juntan para ir a la preparatoria. En el salón, el profesor hizo la dinámica de trabajo por equipo. Calavera se negó; él no hacía trabajo con humanos comunes. El profesor lo amenazó con descalificarlo por completo. Les tocaron parejas de 3.
Pasando a exponer, Calavera era grotesco, quería dar miedo; sus 2 compañeros veían cómo hacía el ridículo. Ese grupo escogió el tema de la inmortalidad; fue el peor grupo, en parte por Calavera, que la temática estaba bien, era el día de los muertos, pero empezó a dar espectáculo sumamente ridículo tratando de imitar a un vampiro.
Pasaron los grupos hasta llegar el turno de Darkness; sus compañeras habían escogido esa dinámica también. Uno del salón levantó la voz y dijo:
—¿Y las góticas a quién festejan ese día?
Darkness, con voz tranquila pero directa, dijo:
—Ustedes lo recuerdan una vez al año, nosotros lo escuchamos todo el tiempo.
El silencio quedó por algún tiempo. Regresando a sus pupitres, fue la calificación más alta.
En el descanso, Darkness se llevó lejos a Calavera y le dijo:
—Puedes comportarte como gótico que eres. Los vampiros de nuestros antepasados no tenían que decir que tenían capa y colmillos, solo muerden. Tú quieres ser la tumba, lo superficial; yo guardo silencio adentro.
Saliendo de clases fueron a casa de Calavera, platicando de las exposiciones. Entraron a su cuarto y él dijo:
—Contempla una verdadera habitación oscura gótica.
Darkness, mirándolo con ojos de no saber cómo decir las cosas, dijo:
—Poster, cuadros deteriorados, luz oscura... este cuarto, con las paredes blancas como estaban, se veía mejor.
—Es fácil decirlo cuando vienes de una familia con dinero.
Darkness respondió:
—El dinero no es parte de la elegancia.
Calavera le preguntó:
—Si el dinero no es parte de la elegancia, dime la diferencia entre tú y yo.
Darkness respondió:
—La diferencia es que tú eres una subcultura, yo soy cultura.
El sábado invitó Darkness a Calavera; le quería dar una mano a ser un gótico elegante. Salieron los dos al centro comercial; a él no le gustaba la idea. La diferencia era notable: ella siempre con faldas negras y corsés blancos, sobriedad que se podía ver a lo lejos, al lado de uno que no se cambiaba las botas nunca, con la playera negra con estampados grandes y agujeros por doquier.
Llegaron a una tienda; Darkness le pagó la factura —el precio no estaba al cualquier alcance de una persona promedio— y por fin Calavera se veía todo un vampiro, de los que no tienen que anunciar a todos los vientos para decir quiénes son. En el mismo centro comercial comieron y, a la hora de irse, Calavera se sintió incómodo; se fue al baño y regresó con la ropa nueva en una bolsa. Darkness no dijo nada; ella, sin decir nada, a Calavera le estaba ayudando a encontrar su identidad.
Salieron a comer unas hamburguesas. Como aún era temprano, tuvieron tiempo para pasar a la librería; no compraron nada, los libros que llamaban la atención ya los tenía en su biblioteca.
Caminando al estacionamiento, unas cristianas regalaban folletos; eran invitaciones a la iglesia. Calavera las asustó haciendo gestos y señas aterradoras; empezaron a temblar y los folletos se cayeron. Darkness, acercándose, los recogió y les dijo:
«Una disculpa, esto es una broma de mal gusto, ¿hay algo que pueda hacer por ustedes?».
Asustadas, dijeron que no, gracias, y se retiraron.
En el coche, Darkness, molesta, le reprochó su infantilidad a Calavera, pero Calavera no cedía. Comentándole a Darkness, le dijo:
«Ellos adoran a alguien que no existe».
Darkness no se guardó nada; molesta por la postura que tomó Calavera, le dijo:
«Si no existe, ¿por qué portas la cruz?».
Calavera agarró su cruz:
«Mira, es una cruz gótica».
Darkness le seguía dando lecciones:
«Sí, es gótica, pero la historia viene de la creencia de ellos».
Calavera no quería perder; era burla para ellos, y la respuesta fue terrible:
«No te burlas de ellos, te burlas de ti mismo».