Reina Vampira en la Academia del Lobo

Capítulo 7: El vínculo prohibido

La voz de Magnus Black Moon no era una voz. Era una orden que hacía temblar las paredes.

Quita tus manos de tu hermana. Ahora mismo.

Kael no me soltó. Al contrario. Me abrazó más fuerte contra su pecho. Su pelaje aún no había desaparecido del todo. Sus ojos seguían dorados, desafiando a su propio padre.

No, dijo Kael. Y su voz también era de Alfa. No lo voy a hacer.

El silencio que cayó en la habitación fue peor que cualquier grito. Veinte guardias, la Directora Ravana sangrando, y en medio de todos, el Alfa más poderoso de la Academia, mirando a su hijo como si no lo reconociera.

Magnus entró en la habitación. Cada paso que daba hacía que el suelo de madera crujiera. Llevaba una capa negra larga y su corona de hueso de lobo brillaba con luz propia. Era alto, más alto que Kael, y aunque su cabello era canoso, su cuerpo era de un guerrero joven. Sus ojos eran idénticos a los de Kael, pero más fríos. Mucho más fríos.

Miró primero a Ravana.

Te dije que no usaras veneno de lobo dentro de la Academia, Ravana. Podrías haber matado a media manada.

Ravana bajó la cabeza, a pesar del dolor en su brazo.

Magnus, la chica mordió...

Lo sé, la cortó Magnus. Lo olí desde mi torre. Sangre mestiza despertando. Sangre de mi sangre.

Entonces me miró a mí.

Y por primera vez en mi vida, vi a mi padre.

No era como lo imaginé de niña. No era un príncipe de cuento. Era un monstruo hermoso. Un Alfa que había sobrevivido a tres guerras entre lobos y vampiros. Un hombre que había amado a mi madre y la había dejado morir.

Elara, dijo, y mi nombre en su boca sonó extraño, como si no supiera pronunciarlo. Elara Nocturne.

No soy Nocturne, dije, y mi voz tembló a pesar de que intentaba ser fuerte. Soy Black Moon. Si lo que Kael dijo es verdad.

Una sonrisa triste cruzó el rostro de Magnus. Se acercó a la cama donde Kael aún me sostenía.

Tu madre quería que fueras Nocturne, dijo. Para protegerte. Black Moon es un apellido que trae muerte. Mira lo que le hizo a ella.

Extendió su mano hacia mí. Una mano enorme, llena de cicatrices. Quería tocar mi marca de luna. Esa marca que seguía brillando blanca.

Kael gruñó y me apartó.

No la toques.

Magnus miró a su hijo, y por un segundo, vi dolor en sus ojos fríos.

Kael, hijo, ¿sabes lo que has hecho? preguntó Magnus en voz baja, pero todos en la habitación lo oyeron. Le has dado tu sangre. Has creado un vínculo.

El hilo dorado que yo veía entre mi pecho y el de Kael, Magnus también lo veía. Ravana también lo veía, porque abrió los ojos como platos.

No puede ser, susurró Ravana. Un vínculo de almas gemelas... entre hermanos...

No son hermanos completos, dijo Magnus, sin dejar de mirar el hilo dorado. Son... otra cosa. La profecía decía que la Reina Vampira y el Alfa Negro tendrían una hija que sería puente entre mundos. Pero nunca dijo que el puente necesitaría un ancla. Un lobo que la ate a esta tierra para que su poder vampiro no la consuma.

Me miré el pecho. El hilo dorado latía al ritmo de mi corazón y del corazón de Kael, que ahora latían al mismo tiempo.

¿Qué significa eso? pregunté.

Significa que estás muriendo, Elara, dijo Magnus con una honestidad brutal que me heló más que cualquier mentira. Tu sangre mestiza es inestable. La parte vampira y la parte lobo se están matando entre sí dentro de ti. Por eso te desmayaste con el veneno de lobo. Un lobo puro habría resistido más. Un vampiro puro habría muerto al instante. Tú estabas en medio, agonizando. La sangre de Kael te ha estabilizado. Por ahora.

Miré a Kael. Su muñeca aún sangraba un poco.

¿Me salvaste?

Te até a mí, corrigió Kael, con culpa en la voz. Sin querer. Cuando te di mi sangre, mi lobo... mi lobo te reclamó. No como hermana. Como...

No pudo terminar. Magnus terminó por él.

Como compañera.

La palabra cayó como una bomba en la habitación. Veinte guardias dieron un paso atrás al mismo tiempo. Incluso Ravana se llevó la mano a la boca.

Un vínculo de compañera entre una vampira mestiza y el heredero Alfa de Black Moon. Eso estaba prohibido por todas las leyes. Más prohibido que el amor entre mi madre y Magnus. Eso era traición a la sangre.

Eso es imposible, dije, soltándome por fin de los brazos de Kael. No puede ser. Somos familia.

Son familia por mi sangre, sí, dijo Magnus. Pero el vínculo de compañeros no entiende de familia. Entiende de almas. Y tu alma, Elara, no es completamente mi hija. Es mitad de Selene. Selene no era mi compañera destinada. Fue mi amor. Pero mi compañera destinada murió hace mucho, antes de conocer a tu madre. Por eso mi lobo pudo amar a Selene sin romper el vínculo. Y por eso el lobo de Kael... puede reclamarte a ti. Porque tú no eres su sangre completa. Eres nueva. Eres la primera de una nueva especie.

Me levanté de la cama. Mis piernas temblaban, pero no de debilidad. De rabia.

Entonces todo fue una mentira. Mi madre no murió por amor. Murió porque ustedes los lobos nos usan. Usaron su sangre. Ahora quieren usar la mía.

No, gritó Kael, levantándose también. No es así. Yo no sabía que el vínculo se formaría. Te juro que solo quería salvarte.

¿Salvarme o atarme? le grité. ¡Ahora estoy atada a ti! ¡No puedo alejarme de ti más de cien metros sin sentir que me muero! ¡Lo siento! ¡Siento tu corazón como si fuera mío!

Era verdad. Desde que bebí su sangre, podía sentirlo todo. Su preocupación, su deseo, su miedo. Y algo más oscuro que no quería nombrar.

Magnus observaba nuestra pelea con una calma aterradora.

El vínculo se puede romper, dijo de repente.

Kael y yo nos giramos hacia él al mismo tiempo.

¿Cómo? preguntamos a la vez, y el hecho de preguntar a la vez solo confirmó lo atados que estábamos.

Hay dos formas, dijo Magnus. La primera, uno de los dos muere. El vínculo se rompe con la muerte.

Kael palideció.




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