Una chica serás

10. Sana y salva

Seyn agarra mi rostro con ambas manos y no puedo evitar lo que sucede después. Une sus labios con los míos mientras yo forcejeo. Este cuerpito es tan patético y pequeño como para quitarme a un tipo de encima. Me han robado un beso antes, pero fue una chica. Esto es diferente, un horror, asqueroso, ¡un asco!

Vomitaré... literal.

Luego de que al fin separa su boca de la mía, aprovecho la sensación desagradable y que estoy sobre su auto, para girar mi cabeza y vomitar sobre todo su asiento junto con su tapete.

—Ay, no... —dice frustrado.

Salto mareado para bajar cuando se aleja para revisar su vehículo y camino para alejarme. Arrivederci, au revoir, bye, adiós, no me importa.

—Espera. —Me detiene.

—¿Qué quieres?

Yo en este momento, irme o que lo aplaste un tren, por profanar mis sagrados labios. Si antes lo odiaba, ahora lo odio más.

—No te ves bien, te llevaré a tu casa —aclara mientras intento zafar mi brazo de su agarre.

—Preocúpate por tu auto y a mí déjame en paz. Ya me arruinaste el día, más de lo que estaba, y creo que ni te has dado cuenta, porque eres un imbécil.

—¿Cómo voy a estar preocupándome por un vehículo, cuando una chica linda se encuentra en ese estado?

—No quiero tus disculpas malogradas. —Ruedo los ojos.

—Darlene, no seas así.

—Púdrete y ya suéltame. —Vuelvo a forcejear, pero esta vez me canso.

Maldita sea con ese estúpido vómito que creó este insoportable mareo.

—Te acompañaré hasta tu casa.

—No hace falta, vivo muy cerca. —Más de lo que cree.

Se queda pensativo mirándome y luego reacciona.

—Con más razón entonces, seré rápido y no tendrás que aguantarme por mucho tiempo. —Sonríe—. Me quedaré más tranquilo si llegas sana y salva a tu hogar.

—¿Y no tengo la opción de que te mueres?

—No.

Mierda.




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