Una chica serás

14. Sabe de mis engaños

El problema con tener una novia, o sea, una chica que tenga cosas en común contigo y encima parezca perfecta, es que lo crucial en nuestra relación es tener los mismos gustos. Por ejemplo, revisar mensajes ajenos. No digo que Darlene, o sea yo, le caiga mal, pero hay una pequeña posibilidad de que descubra mi secreto.

—Dame su celular —vuelve a exigirle a Seyn.

Él frunce el ceño.

—¿Por qué te metes? No es tu problema, ni la conoces.

—Tú tampoco.

El rubio sonríe.

—Cierto, pero yo no estoy siendo hipócrita.

Touché, y eso no es bueno; la falsedad de Eliza es perfecta. Ahora que lo pienso, ¿por qué me invitó? No tiene lógica. Realmente no analicé la situación cuando lo hizo; olvidé otra vez que no soy Darren. Debería ir con más cuidado, pero estoy harto de recordarme que perdí mi identidad.

—¿Sabes, Eliza? Me das demasiada lástima —expresa Seyn, luego de que se miraran desafiantes un buen rato—. Denigras tu amor, conociendo que el otro te engaña y, para sacarte la frustración, vas a burlarte de una pobre chica que no tiene nada que ver con el inútil de Darren. Te ves patética.

¿Lo sabe?

Nunca me planteé la posibilidad de que conociera mis aventuras, mis engaños.

Ella se ríe.

—¿Qué te haces el príncipe azul? —Frunce el ceño—. Si tú no eres ningún santo.

—Nunca dije lo contrario.

Ya, en serio, ¿qué mierda hago yo acá? Recupero el celular y me largo; la pregunta es: ¡¿cómo?!




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