Una chica serás

11. Un chico bueno

Respiro en profundidad y, luego de abrir mis ojos lentamente, bostezo para después levantarme de la cama. Me refriego los ojos caminando hacia el baño, bajo mi pantalón pijama junto con mi ropa interior y entonces recuerdo lo inevitable.

—¡Maldito inodoro, te enviaré al peor de los basureros! —grito indignado y luego me giro para sentarme en este.

Estúpidos genitales femeninos.

Hago pis y luego me quito lo que queda de mi ropa para ir a la bañera y ducharme. Puedo mirar esto de forma pervertida o ignorarlo, pero estoy de malhumor para pensar en cosas sucias con mi propio cuerpo. Entretanto, me enjuago, oigo el timbre y quedo tildado mientras el agua cae sobre mi cabeza.

Es una broma, ¿verdad? ¿Quién me visita? Espero que no sea el imbécil de Seyn porque lo dejé acompañarme el otro día. No pude evitar que lo hiciera; fue insoportable.

El timbre vuelve a sonar. ¡¿Qué rayos?! ¡Alguien que lo maté!

—¡¿Quién es?! —grito desde la ducha muy irritado.

—¡Jovan! —aclara; luego pregunta—. Darren, ¿estás ahí? —lo oigo mientras me pongo una toalla, ya que tardaría mucho en cambiarme y deseo deshacerme de él rápido. Me acerco hasta allí—. ¿Estás con una chica?

—Darren no está —le aclaro detrás de la puerta.

—Disculpa, ¿quién eres?

—Alguien que no te importa.

—¿Darlene? —Reconoce mi voz de chica, ¡mierda!

Ni que hubiéramos hablado tantas veces. ¿Es que acaso mi fachada femenina es menos olvidable? Qué irritante.

—Darlene, ¿dónde está Darren? —insiste; no se sorprende de que una chica esté en mi casa, es más que obvio lo mujeriego que soy.

Abro la puerta abruptamente.

—¡Te he dicho que no está!

Se sonroja y se tapa la cara.

—Lo siento.

Reacciono y me miro.

—Ah, cierto. —Levanto la vista—. Bueno, ya no importa.

—Darlene, ¿qué haces aquí? Creí que eras una chica más decente —opina.

—Decente las bolas, estoy alquilando —me invento—. No sé cuándo volverá tu amigo.

—¿Darren ya no paga este alquiler? —Espía a través de sus dedos.

—Hasta que vuelva, este lugar es mío; ahora lárgate, que me tengo que preparar para la fiesta. —Señalo con mi dedo pulgar hacia atrás de mí.

—Si quieres, podemos ir juntos.

—Como sea. —Me giro—. Pasa.

—Eh... —expresa, nervioso—. ¿Cierro la puerta? —pregunta, confundido.

—¡Sí, imbécil! ¿Acaso quieres que entre un ladrón? —Bufo.

—Darlene… —Cierra mientras empieza un discurso de los suyos—. Dejar que un chico entre a tu casa mientras tú estás en paños menores no es seguro. No lo digo por mí, pero yo me preocuparía por dar tanta confianza a la primera.

—¡Puf! Ni que fueras un extraño. —Otra vez me olvidé de que no soy Darren—. Quiero decir, es que la verdad, me pareciste un buen chico, ya sabes, una buena persona y bla, bla, bla. —Muevo la mano.

—No todos los chicos que se parecen lo son, Darlene. —Se pone en mi camino y me mira, seriamente—. Cualquiera podría aprovecharse, deberías tener cuidado —expresa, preocupado—. Un día te engañarán.

—Eres muy amable, pero no me estás dejando pasar. —Señalo mi habitación.

—Lo siento —dice avergonzado y se mueve—, pero aprende lo que te dije —me aclara.

—Sí, sí; ahora vuelvo. —Cierro la puerta.

¡Qué insoportable! Siempre haciéndose el niño bueno y superhéroe; me tiene podrido su amabilidad.




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