Formé (2°parte Saga Salvajes)

Capitulo 15

 

Freya cayó suavemente de espaldas al suelo, mientras que Cael se situó sobre ella sin dejar de besarla. No fue salvaje ni desesperado, atrás habían quedado los años en que simplemente se dejaba llevar por el momento, ahora, ahora quería disfrutar de cada centímetro de su piel, revivir lentamente el fuego y amor que existía entre ellos.

Lentamente fue quitando su bata para despojarla sin dejar de devorar sus labios y transmitiéndole la pasión y anhelo que sentía por ella

–no sabes cuánto he deseado este momento, no imaginas como cada día extrañe tenerte junto a mí, entre mis brazos –susurro y volvió a besarla produciendo en Freya una corriente que erizo cada bello de su piel, al mismo tiempo, su vientre se contrajo por cada beso y toque que él regalaba.

–Cael... –jadeo con desespero. Lo deseaba y lo deseo aún más cuando sintió su erección sobre ella.

Con ágiles mano quito su polera. No perdió tiempo en pasar sus manos por el cuerpo de el, recorrió cada parte, desde sus pectorales hasta sus oblicuos.

Hasta ahora se daba cuenta de cuánto lo había extrañado, el calor que desprendía el cuerpo de Cael era unico, era una fuente de calor que la quemaba y al mismo tiempo le hacía sentir que estaba viva. 

Junto a él se sentía más viva que nunca.

–tus manos queman –soltó jadeante. De pronto le pareció sentir que el fuego de la chimenea inundaba y arrasaba la habitación, sin embargo, no era ella, eran ellos. 

Eran ellos los que ardían y emanaban un fuego que los consumía. 

En cuestión de segundo Freya estaba una vez más desnuda ante él, entregada al único hombre al que podría amar por el resto de su vida, de la misma forma estaba Cael, entregado a ella.

–eres simplemente hermosa –susurro mirándola a los ojos, no lo podía creer ¿acaso estaba soñando? ¿acaso aquello no era más que una ilusión? posó una de sus manos en uno de sus senos y luego, lentamente bajo por su abdomen deteniéndose en su intimidad, sin embargo, Freya detuvo su mano.

–te quiero a ti, llevo esperando tanto por esto que si me haces esperar un minuto más…siento que moriré en tus brazos –dijo posando sus manos en las nalgas de Cael incentivando y provocándolo.

 

No sabía que tenía esa mujer, que lo encendía de esa manera. No entendía, como, con unas simples palabras o toques, nublara su cordura logrando que la sangre se le subiera a la cabeza. No lo dejaba pensar ni razonar, por más que intentara reprimir aquel instinto salvaje que le provoca Freya, no podía.

Se acomodó entre ella y de un ágil movimiento la penetro.

–¡aah! –exclamo clavando sus uñas en la espalda de Cael. 

Su respiración se detuvo al sentirlo en ella, su cuerpo se tensó de pies a cabeza por la exquisita invasión de Cael. Él busco sus labios con desespero, ella, no dudo en responder y acunar su rostro entre sus manos, mordiendo levemente su labio inferior. Lo chupo, mordió, y volvió a chupar, no quería perderse nada de él, estaba desesperada y enferma por disfrutarlo.

–si sigues así, me vendré en segundos y quiero disfrutarte –gimió iniciando un vaivén agonizante y placentero.

Ambos soltaron un gemido de placer y plenitud, se acostumbraron a los movimientos y sensaciones que desprendían sus cuerpos. Freya poso sus manos en los hombros para sujetarse y apoyarse de la intensidad de sus embestidas. Entraba y salía una y otra vez de ella. El sudor se apodero de sus cuerpos, la temperatura invadió el salón. El calor que desprendía el fuego de la chimenea se camuflo con el calor que desprendían sus cuerpos produciendo que los vidrios se empañaran, escuchándose solo los gemidos de la pareja y la lluvia cantando para encubrir su amor y cada uno de sus gritos. Fue cómplice de la fusión. 

 

¿Podía acaso aquella unión hacerlos sentir enfermos de amor?

 

La respuesta, era sí.

Necesitaban más, necesitaban acallar el deseo y pasión que llevaban reprimiendo desde hace años.

–necesito…mas… –suplico Freya.

 No le basto más para salir de ella, sostenerla de la cintura y dar vuelta en noventa grados. Tomo uno de los cojines del sillón para dejarlo bajo ella y la ayudo a ponerse de lado. Enseguida se situó junto y tras Freya. Beso su hombro y corrió su cabellera negra, mientras pasaba su brazo bajo el de ella y tomaba uno de sus senos.

Freya se dejó querer. Estaba feliz de estar nuevamente con él, no habían palabras que describiera lo que sentía en estos momentos. Subió una de sus piernas a las piernas de Cael, para invitarlo, sin embargo, la invasión nunca llego.

–¿Por qué me haces esperar tanto –lloriqueo Freya girando su rostro?

Le pareció una imagen perfecta, digna de enmarcar. Las llamas del fuego hacia que su piel luciera dorada, su cabello le adornaba su perfecto rostro y la actitud y desenvoltura, la hacían digan de una reina.

–porque me cuesta creer que sea verdad, que estés aquí, junto a mí y entre mis brazos –susurro sobre sus labios al tiempo que la embestía una vez más. 

La nueva posición permitía que las estocadas fueran más profundas y más placenteras para ambos. Dejo caer su cabeza en el pecho de él y Cael aprovecho para acariciar su clítoris y aumentar la rapidez de sus penetraciones.



Raisa Venher

Editado: 22.12.2019

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