La Rosa de Shakespeare

Paseando por París en Familia

Lo primero que hago al despertar, es aspirar la deliciosa fragancia que el cuerpo de André despide, siento con todos mis sentidos. Me doy vuelta, él duerme a mi lado, está de espaldas así que puedo ver el bonito tatuaje que se hizo en toda la espalda, ahora sí puedo ver el Quetzal en todo su esplendor, es muy bello.

Me paro para ver a mi pequeño Armand en su cuna que está al lado de la cama y me encuentro con la vista más hermosa que haya tenído en mi vida. Armand me mira sonriendo acostado en el brazo de su padre que todavía duerme plácidamente.

De esto tengo que tener una foto, así que corro en busca de mi celular y saco la fotografía, enamorada de la escena.

Prefiero dejarlo dormir con Armand en su brazo, mientras no lloré es que está muy cómodo ahí, salgo del cuarto de puntillas sonriendo como tonta.

Mi tía está colocando la vajilla para el desayuno.

-¡Buenos Días! - Sonrío y me acerco a ella para darle un beso.

-Bueno, tu marido volvió ¿No?

-Anoche hablamos y solucionamos todo - tomo un panquecito y empiezo a comer.

-Me alegro mucho, con razón estás tan feliz.

-¡Muy feliz, tía!

-Buenos días -André saluda mientras sale del cuarto con Armand en brazos.

-¡Buenos días, amores! - salto del asiento le doy un beso en la boca a André y alzó a Armand -de seguro hay que cambiar el pañal del pequeño.

-Ya le cambié y le di leche - miro sorprendida, él prosigue mientras saluda a mi tía - Tenías leche en el refrigerador, no quise despertarte y después lo llevé a mi lado para que siga durmiendo.

-Sí...deje leche que me extraje en el refrigerador para darle en la noche, ¿Cómo sabes cuidar bebés?

Él se sonríe mientras toma una taza y se sirve café.

-Antes de irme de mi casa a los doce tuve que cuidar a dos de mis hermanos menores, mi madre no se hizo cargo y el que tuvo que cambiar pañales y dar leche a los pequeños fui yo.

-¿Cuántos años tenías? - preguntó sorprendida ¡sufrió mucho, mi querido André!

-Unos siete años.

-Wow tuviste una infancia muy dura -exclamo con tristeza.

-Ya pasó, eso quedó en el pasado, muñeca.

-Bueno, entonces desayunemos y después ¿Qué quieres hacer? Todavía tengo unos días libres.

-Vamos a dar una vuelta, a pasear por París, hay mucho que ver.

-¿Te pasó lo mismo que a mí cuando llegaste? - preguntó intrigada "Necesito saber, tengo que saber"

-¿Qué? ¿Conocer cada calle de París, saber por dónde caminar y a dónde llegar? Pues, ¿Cómo crees que te encontré? - sonríe divertido - desde que llegué he reconocido cada calle como si hubiera nacido aquí.

-Me pasó lo mismo...

-...Lo sé, es algo muy extravagante para los normales pero como nosotros no somos "normales" puedo asegurar que sí.

Después del desayuno nos cambiamos de ropa para salir de paseo por París, como una familia, como siempre debió ser.

André camina empujando el carrito de Armand.

Me percato que la gente nos mira un poco extraño, no entiendo porque en pleno siglo XXI sigan viendo extraño a un hombre como André con tatuajes tener una familia pero lo hacen, algunos pomposos franceses que nos miran con extrañeza, como si no estuviéramos en contexto ¿o quizás estoy siendo un poco paranoica?

-¿Que haremos con los papeles de divorcio?-  pregunta mientras paseamos por el Montmartre.

-No lo sé -Suspiro- tal vez estamos ya divorciados ¿Y si es así?- pregunto nerviosa.

-Pues...nos volvemos a casar, ¿Cuál es el problema? -Sonríe y se para en frente un pintor para observar lo que hace -Es un bonito cuadro, mira, amor.

Me paro a su lado para observar la pintura.

-Es el Moulin Rouge.

-Oui señorita - responde el pintor.

-Es una bonita pintura y me da ganas de ir al Moulin Rouge - exclama André, sonriendo.

-Pero... ¿Armand?

-Lo dejamos con tu tía está noche y vamos un momento al Moulin Rouge ¿Te parece?

Pienso un poco, es que no me gusta dejar a Armand mucho tiempo solo, pero también tengo ganas de conocer el Moulin Rouge.

-Está bien -acepto.

-¡Ah! está muy linda la pintura, nos la llevamos - comenta al pintor que sonríe mientras termina poniendo su firma abajo.

****
Me arregló para la noche con esmero exagerado.

El detalle es que mi marido es muy casual y estará con una de sus típicas camisetas, su chamarra de cuero y unos vaqueros pegados que le quedan muy bien, pero no sé si le permitirán entrar así.

-¿Crees que te permitirán entrar así? - pregunto mirando su atuendo.

-No lo sé, me gusta vestirme así.

-Recuérdate que es un lugar muy elegante y muy conocido en París.

-No vine con trajes "elegantes" a París, mi amor.

-Bueno, vamos a arriesgarnos ¿Te parece?

-Te apuesto que no tendremos problemas, estamos en el siglo XXI la moda ha cambiado.

-Pues sí...

Mientras termino de arreglarme, André juega con Armand en la cama.

-Estuve pensando, llamaré a Dylan para que averigüé lo del divorcio ¿Te parece?

-Sí, es una buena idea - respondo mientras me voy colocando unos aretes.

-Y también hay que planear cuando volver a Washington.

-¿Qué? - doy vuelta, lo observó sorprendida -pensé que nos quedaríamos acá.

-Tengo que volver, Bianca, dejé muchas cosas sin acabar, lo único que quería era buscarte, el estudio lo dejé abandonado, los chicos tuvieron que hacerse cargo, mis clientes, etc.

-Podemos hacer una vida acá y olvidarnos de lo demás - respondo molesta.

-Tu sabes que me gusta mi trabajo.

-Acá puedes seguir trabajando...

-... ¿Comenzar de cero? No lo creo.

-Pídeles a tus socios que te den tu inversión y con eso pones un estudio acá, no quiero volver.

-Para eso también tengo que volver, Bianca, no voy a hablar con Dylan y Dereck por teléfono o e-mail para pedirles mi inversión, no se lo merecen, me apoyaron siempre.

La idea de volver a Washington no me gusta para nada, me traerá recuerdos y esa mujer está allá, no quiero volver.



Sissi Pamela Terceros Beltran

Editado: 01.12.2020

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