Hoy si habrá Luna llena
—Hoy sí habrá luna llena…
Se paró bruscamente, el aire frío de la noche la golpeó.
—Espera —dijo, volteándose hacia él.
Sus piernas temblaban.
—Espera un maldito segundo, ¿¡vienes a este bosque solo, buscando eso!? ¿Y me lo dices ahora? —exclamó aterrada—. ¡Además que justo hoy sí hay luna llena!
Se llevó las manos a la cabeza.
—Esto debe ser una puta locura… —dijo más para ella que para Mike. Mientras sus dedos se enredaban en su cabello sucio, una risa corta, histérica, se le escapó de los labios.
—Genial… ¡Perfecto! Mi novio me abandona en el bosque encantado, ¡y mi salvador resulta ser un cazador de fantasmas que busca licántropos!
Se volvió hacia él, sus ojos verdes brillando con una mezcla de pánico y furia.
—¿Tienes al menos una bala de plata, Mike? ¿O solo cámaras para grabar cómo nos devoran?
—¿Cómo nos devorarán? ¿Por qué? —preguntó confundido Mike, mientras escarbaba la fogata.
Val lo miró fijamente. La confusión en su voz era tan genuina que por un segundo le dio vértigo. ¿De verdad no lo veía?
—“¿Por qué?” —Su voz se crispó al repetir sus palabras—. ¡Porque estás aquí buscándolo Mike! Poniéndote en su camino. O poniendo una cámara en su camino, lo que sea.
Hizo un gesto amplio y tembloroso hacia la oscuridad.
—Si esa cosa existe, si siente que le estás buscando, ¿no crees que vendría a ver qué pasa? ¿A investigar al investigador?
Se acercó unos pasos, sus botas aplastaron la hierba seca. El fuego de la fogata iluminaba su rostro desde abajo, proyectando sombras extrañas.
—Yo solo estaba perdida. Asustada, sí, pero pasiva. Un accidente. Tú… tú eres un objetivo. Tienes tu propósito aquí. Y esa luna…
Su mirada se fue de nuevo hacia el cielo, buscando inútilmente entre las ramas.
—Dices que es luna llena. La noche está por caer. ¡En todas las historias ellos salen con esta luna! ¿Y tú estás aquí, en su territorio, con una mochila y solo tu curiosidad?
Se cruzó de brazos, apretándolos contra su cuerpo como si pudiera contener el temblor interno.
—Atraes la atención. Como encender una fogata en medio de la nada. Todo lo que merodea en la oscuridad podrá ver esa luz, y vendrá. ¡Claro que vendrá!
Val tragó saliva, miró ahora con recelo la fogata, conteniendo sus ganas de apagarla a patadas.
—Y ahora yo estoy aquí contigo, ¡junto a esta maldita cosa!
“Creo entender por qué la dejaron”, pensó Mike.
—Bueno, perdón por salvarte entonces, supongo que quieres volver a ese bosque sola —dijo Mike, bajando la mirada.
—¡No, claro que no!
La palabra salió de sus labios antes de que pudiera pensarlo. Un sonido corto, seco, cargado de pánico puro. Su mirada saltó por encima del hombro de Mike, hacia la pared negra de árboles que los rodeaba. La oscuridad ya no sugería hombres lobo; prometía una soledad absoluta, devoradora. El mismo vacío silencioso en el que había estado vagando durante días, pero ahora con el conocimiento agudo de que algo más podía estar al acecho.
—No —repitió, sonando más desesperada. Bajó los brazos que tenía cruzados defensivamente. El gesto era de rendición, no de desafío.
—No quiero volver a estar ahí sola.
Se mordió el labio inferior, saboreando el sudor salado y el miedo. La lógica del terror era simple: cualquier compañía era mejor que ninguna. Incluso la compañía de un youtuber imprudente que podía estar pintando un objetivo en sus espaldas.
—Lo siento —dijo, arrastrando las palabras. No miraba sus ojos. Miraba el fuego, la olla vacía de estofado, la carpa pequeña pero tangible. Cosas reales.
—Tienes razón. Me salvaste. Y yo… estoy asustada. De todo. Del bosque, de la luna, de tu historia, de que mi novio fuera un imbécil…
Finalmente alzó la vista hacia el cielo, y luego hacia él.
—Y que ahora te vayas y me dejes.
Hizo una pausa tragando saliva. El temblor de sus manos era visible.
—Quedémonos juntos, por favor. Aunque sea una mala idea. Aunque atraigas a monstruos a este lugar.
Un atisbo de ironía seca regresó teñida de desesperación.
—Al menos si viene uno, habrá dos de nosotros para gritar…
—Vamos, Val. Creo que Hollywood te ha dado una idea equivocada de los hombres lobos. Ven siéntate.
El tono de Mike era diferente. Más suave, no era un desafío, era una invitación. Val dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo. Sus hombros se hundieron un poco, la tensión escapando de sus músculos en un lento goteo.
—Quizás —murmuró, caminando de vuelta hacia el círculo de fuego. Sus pasos eran pesados sobre la hierba seca.
El calor del fuego golpeó las piernas primero, luego el rostro, una bienvenida casi dolorosa. Se sentó en el suelo, no en el tronco, dejando un pequeño espacio entre ella y Mike. Envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas, haciendo una bola compacta.