Academia Therian

Capítulo 4: Confrontación en el bosque parte I

Confrontación en el bosque parte I

La chica había sido siempre el hombre lobo —o mujer lobo, en este caso— y de un pisotón destruyó el ahuyentador que había caído al suelo, dejando a Mike con menos opciones, y casi paralizado por la revelación.

—Mierda, mierda, mierda. ¿Cómo no lo vi venir? —se lamentó en voz alta el muchacho.

Ahora la criatura iba directo por él, y con todo lo que le había dicho ya la había hecho enfadar lo suficiente. Debía huir.

“Tengo que pensar en algo”, se dijo.

La luz de la luna en el cielo despejado bañó el arroyo y todo a su alrededor. Val se irguió. Un espasmo desgarrador sacudió su cuerpo. Sus músculos se anudaron, tensos como cables. Un aullido, áspero y gutural, surgió de su garganta, pero no fue un sonido de miedo, sino de una rabia elemental. Su columna se arqueó, sus articulaciones crujieron con un sonido espantoso. La piel se tensó, se estiró y se alargó con cada centímetro que crecía, haciendo girones la ropa que llevaba minutos antes.

—¿Loca? —su voz salió distorsionada, un gruñido grave que no le pertenecía. La saliva goteaba de sus colmillos ya alargados—. Te haré tragar tus palabras.

Con un movimiento explosivo, levantó su nueva garra. Las uñas se habían vuelto negras y afiladas como dagas. Dio un paso amenazador.

—¿Creías que me dejarías aquí?

Su pecho se expandió con cada respiro ruidoso. Una risa seca y ronca, ajena a cualquier humanidad, llenó el aire.

—Qué estúpido. ¡Qué arrogante!

Inclinó su hocico, el pelo nuevo y áspero erizándose a lo largo de su cuello. Sus ojos ahora brillaban con una luz amarillenta y salvaje, fijados en Mike.

El muchacho miró la luna. “Ahora entiendo por qué su racionalidad estaba comprometida: son los sentidos del lobo”, pensó. “Eso explica su estado tan alterado. Le afecta…”

—Presa… —siseó Val, escupiendo las palabras—. En este bosque todos son mis presas.

Un gemido, casi un ladrido, acompañó sus palabras. Los oídos, ahora puntiagudos y sensibles, podían captar cada crujido del bosque.

—Será el peor día de tu vida, Michael Dymon. Te lo garantizo.

Val dio un paso hacia él, un movimiento fluido y depredador que hacía crujir las hojas secas bajo sus nuevas patas. Sus dientes chocaron, un clic audible en el silencio. El calor de su cuerpo transformado era una furia interna, su piel quemaba. Sus hermosos ojos verdes se habían transformado en los de una bestia.

—Me has hecho enfadar. Me has empujado a esto.

Ahora todo tenía sentido… La chica sola en el bosque. Su rigidez mental al aparecer la luna. ¿Que su novio se había ido? ¡Tal vez se lo había comido! Si es que existía uno para empezar...

Mike comenzó a ver todo con más claridad. Pero estaba acorralado, necesitaba huir. “Huir hacia el bosque sería en vano. Pero si al menos pudiera esquivarla y lanzarse al agua, tendría una oportunidad de escapar”, pensó. Pero Val se interponía entre él y su ruta de salida. “Debo distraerla de alguna manera, y pronto, mientras aún posee algo de cordura”, analizó.

El hocico de Val se contrajo amenazadoramente, revelando más sus afilados colmillos. La luz de la luna, ahora completamente despejada, acentuaba las nuevas texturas de su piel y el tupido pelaje negro y áspero que se erizaba sobre su cuerpo. Mike intentaba hablar, pero para ella solo parecían una serie de sonidos inarticulados que a sus oídos de depredador sonaban como el balbuceo de un niño asustado.

—¿Qué fue eso? —dijo Val, con una burla gutural que era más gruñido que risa.

La pregunta retumbó desde su pecho, una vibración profunda que hizo temblar la tierra bajo las almohadillas de sus patas. Dio otro paso, y luego otro, achicando el espacio entre ellos. El arroyo, antes una posible ruta de escape para Mike, ahora era simplemente el límite de su coto de caza.

—No te atrevas a hablar de cordura —siseó, las palabras parecían gotear veneno.

Los nuevos sonidos del bosque, cada crujido, cada susurro, amplificaban la presencia diminuta y ruidosa de Mike. Su mente, aunque más salvaje, era aún consciente de lo que había sido antes, y esa mezcla era una furia incandescente.

—¿Después de todo lo que has dicho? Eres muy listo, ¿no? ¿Todavía crees que nos conoces, Mike?

Su nariz se agitó, percibiendo el miedo en el aire. Era un olor dulce, adictivo.

—Ya no hay distracción. Ni escondite.

Sus garras se curvaron, la vista fija en Mike. El hambre no era solo una cosa física. Se mezclaba con la sed de venganza, de humillación.

—¿Pensabas que era débil?

La bestia de Val ladeó la cabeza, sus ojos reflejaban la luna. Cada movimiento era fluido, potente. El viento fresco sopló en su pelaje, dándole una energía aún mayor.

—Que tu “ayuda” ¿me había salvado? ¿De qué? ¿De mí misma? Qué chiste. Te has topado con algo que nunca debiste haber provocado… Este no es un sitio para youtubers, ni curiosos.

La punta de su nueva, larga y afilada garra tocó las rocas con un ruido metálico que quebró la quietud de la noche.

—¿Cómo fue que me llamaste? ¡Ah, sí! Un… un avestruz. ¿Recuerdas?

Tenía un punto. Al menos decía la verdad; eso era prueba de que todavía conservaba algo de su mente. No se enfrentaba a una bestia del todo, aún había algo de Val en su interior.

—Solo déjame saber algo antes de morir, Val. ¿Realmente tenías novio o todo era parte de tu actuación?

Mike la distrajo con la pregunta, mientras ella acortaba la distancia a pesadas y furiosas zancadas. El muchacho aprovechó el instante y buscó algo en sus bolsillos, intentaba encontrar a tientas el spray bear.

La garganta de Val vibró con un gruñido profundo, un sonido gutural que resonó en el aire frío de la noche. Se detuvo bruscamente, sus grandes patas delanteras se plantaron firmemente en la tierra, levantando una pequeña nube de polvo y hojas secas. La pregunta de Mike, teñida de un miedo obvio, penetró su mente licántropa con una claridad hiriente.




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