Academia Therian

Capítulo 5: Confrontación en el bosque parte II

Confrontación en el bosque parte II

Val olisqueó el aire intentando forzar sus sentidos; fue en vano. Pero podía sentir que estaba cerca de la fuente de los ruidos. Su visión, ya más recuperada, le permitía distinguir figuras borrosas. Sombras que adoptaban formas reconocibles, como la del sujeto que había aparecido justo enfrente de ella.

—¡Estoy aquí! —gritó Mike.

Un gruñido rasposo estalló en la garganta de Val. La humillación que le había hecho pasar aquella criatura indefensa e inferior no la iba a olvidar tan fácilmente. El dolor, el escozor del spray y la burla de Mike chocaron con una fuerza brutal dentro de su mente licántropa. Se tambaleó, los ojos le escocían, pero un calor furioso la impulsaba.

—¡Te tengo! ¡Debiste huir cuando tuviste la oportunidad!

Golpeó el aire con una de sus grandes garras, rasgando lo invisible. El sonido de su ira retumbó entre los árboles.

—¿Crees que tus trucos te volverán a salvar? —siseó, escupiendo las palabras—. Tu aliento apesta a miedo, Mike.

Val aulló, un grito ensordecedor que perforó la noche.

—¡Ven y enfréntame! ¿No era eso lo que querías, encontrar a un hombre lobo? ¡Pues aquí estoy!

Mike se paró a una distancia prudente de Val y la llamó, provocándola. Sostenía una pala en la mano y se veía sucio y magullado. Ella lo vio vagamente por la picazón de sus ojos, y se lanzó contra él sin dudarlo, persiguiéndolo a través del bosque.

La furia animal de Val no se mitigó allí. Quería alcanzarlo. Necesitaba alcanzarlo. El aire, antes denso con el olor de los pinos y el arroyo, ahora se abría bajo la luz de la luna llena, revelando su figura monstruosa en toda su terrible gloria. Sus ojos enfocaron a duras penas a Mike a la distancia. Sus palabras vacías buscaban atraerla y resonaban como un tambor en sus oídos.

—¡Corres bien, Mike! Pero tus piernas son solo humanas…

La licántropa redujo la distancia con una velocidad vertiginosa. Val estiró la garra a través de la noche, a punto de alcanzar a Mike, hasta rozar su polera. Sin embargo, no logró asestarle el golpe. La silueta del joven había desaparecido súbitamente de su recorrido. La mujer lobo se detuvo en seco y miró hacia todas direcciones. Mike se había escondido a la carrera en una pequeña trinchera natural del bosque, y para cuando Val se dio cuenta, ya era demasiado tarde. El chico había activado una luz cegadora que volvió a entorpecer la vista de la mujer lobo.

Sin darle tiempo para reaccionar, lanzó una bomba de humo mezclada con fuertes especias y volvió a poner una distancia prudente entre ambos.

Val, enfurecida, se sacudió el polvo. No veía ni olía bien. Pero aún seguía escuchándolo. Así que como pudo, lo persiguió por un buen tramo del bosque intentando darle caza.

Mike estaba exhausto, su estamina era mucho menor que la de Val; podía darse cuenta. Y ya no le quedaban utensilios útiles; solo una pala. Sin embargo, había logrado sobrevivir lo suficiente y llevar a la licántropa hasta un claro del bosque.

Val se lanzó al claro. El césped se dobló bajo el peso de sus patas. No había duda en su ataque. Solo una determinación salvaje. Su hocico se estiró en un gruñido, revelando colmillos nacarados bajo la luna. El eco de la voz de Mike, sus promesas vacías, su petulante aire de superioridad y el recuerdo de sus palabras despectivas en el arroyo avivaron aún más su ira.

—¿Una pala? ¡Inútil! ¿Ya se te acabaron los trucos, patético humano? —bramó Val.

A pesar del escozor en sus ojos, su oído era agudo, detectando cada crujido de la hierba bajo los pies de Mike. Ella no iba a perderlo, no ahora que lo tenía al alcance. El claro era vasto, pero Val era más rápida y decidida. Dio grandes zancadas, el impacto de sus patas resonó con un eco pesado.

—¡Ya no hay puentes que destruir! ¡Ni arroyos que cruzar!

Su cabeza se movió de lado a lado.

—¡Aquí no hay dónde esconderse!

Se aceleró, sus músculos se tensaron. Podía percibir el miedo de Mike, un aroma sutil pero inconfundible, mezclado con la humedad del bosque. La venganza era una promesa que se acercaba con cada zancada.

—¡Estoy cansado, Val! Es cierto que me pasé con lo de “loca”, lo siento. ¡Pero ya me perseguiste por medio bosque! ¿Qué más quieres?

El chico dejó la pala en el suelo en señal de rendición. Pero por dentro sabía que ella no iba a parar tan fácilmente.

Val se detuvo en el borde del claro. Sus garras arañaban la tierra, dejando surcos en ella. Un bramido de desafío le brotó del pecho. La pala en el suelo, el aparente agotamiento de Mike… todo era transparente.

—¿Cansado?

Su voz era un gruñido ahogado, lleno de sarcasmo. Sus ojos irritados, apenas abiertos, se fijaron en la figura de Mike, cada fibra de su ser licántropo burbujeaba desprecio.

—¿Cansado de correr? ¡Yo estaba esperando este momento! —dijo relamiéndose los labios—. Quizás sea un buen momento para probar carne humana...

Dio una zancada amplia, el cuerpo tenso y listo para saltar. La luna llena iluminaba su silueta, proyectando una sombra alargada y temible.

—¡Me has humillado, me has insultado, me has cegado! ¡En mi propio bosque! ¿Y ahora pretendes que me rinda por una pala? ¡Qué estúpido! ¿Quieres que me detenga?

Su hocico se curvó en una burla feroz. Cada diente afilado relució.

—¡Nunca! ¡No ahora! ¡Estás en mi territorio, bajo mi luna! ¡¿Y crees que una patética rendición te salvará?! ¡No puedo dejar que tipos como tú vaguen por aquí a sus anchas!

Sus grandes patas golpearon el suelo con un sonido resonante. El claro vibró con la energía de su rabia.

—¡Te tengo justo donde te quiero, Mike! ¡No hay más trucos! ¡No más mentiras! ¡Solo tú y yo aquí!

—No me dejas opción entonces...

Val ladeó la cabeza, su hocico desprendía saliva. Un profundo gruñido retumbó en su pecho, ahogando casi la última amenaza de Mike. Los ojos enrojecidos y amarillentos se clavaron en la pala. Su labio superior se levantó, exponiendo los colmillos al claro lunar, goteando la saliva. El aire se hizo pesado por su ira contenida.




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