De Asesino A Asesino, Hay amor

CAPÍTULO 5 LA PROMESA DE RHYS

El cuarto sujeto no esperó. Se lanzó primero.

Era más grande, más pesado. Pero su hermano no peleaba como alguien normal. Aunque cojeaba, se movía como si el dolor no le importara. Giró el cuerpo y la primera cuchilla azul le rozó el pecho al tipo, sacando chispas contra la pared.

¡BZZT!

El olor a quemado llenó la sala.

— ¡Quítate! — gritó Akira, empujando a Lys y a su hermanito hacia atrás con un brazo.

Lys los abrazó. No podía dejar de mirar esa línea de sangre seca en su ceja. Su labio estaba partido. Seguía sin poder reconocerlo. Era otro.

El sujeto sacó un cuchillo de su bota y se le fue encima.

Chocaron en medio de la sala, entre el sillón volteado de su papá.

Akira lo bloqueó con las dos cuchillas cruzadas. El zumbido azul se hizo más fuerte.

— Ya mataste a mis papás — le dijo entre dientes, con la voz temblando de odio —. A ellos no los tocas.

Lo empujó con todo y lo tiró contra la mesa. Ambos rodaron por el suelo.

Lys vio cómo su hermano, a pesar de la herida de la pierna, se subió encima de él y le clavó una de las cuchillas en el hombro. No en el corazón. Para inmovilizarlo.

El tipo gritó.

Fue entonces cuando pasó.

El sujeto, con la mano libre, alcanzó a sacar una pistola pequeña que traía en el cinturón.

— ¡ATRÁS! — gritó Lys.

¡PUM!

El disparo fue a quemarropa contra Akira.

Akira se quedó congelado un segundo. Miró hacia abajo. La chamarra negra se le empezó a manchar de un rojo oscuro, muy rápido. Aún así, sabía que detenerse no era una opción.

Con la última fuerza que le quedaba, levantó la otra cuchilla azul. En ese segundo, por su mente pasaron todos los momentos más felices que había vivido con su familia.

Levantó la mirada. Lys y su hermanito se abrazaban asustados.

Empuñó su arma y el zumbido se apagó.

El cuarto sujeto dejó de moverse.

Silencio.

Solo se escuchaba la lluvia afuera y la respiración agitada de Akira.

Se volteó hacia Lys, cojeando mucho más que antes, y se dejó caer de rodillas frente a ellos. Todavía les sonrió con el labio partido.

— ¿Están... bien?

Lys corrió y lo abrazó, llorando.

— Sí, sí, estamos bien, no te duermas, por favor.

Su hermanito le agarró la mano.

Akira les puso la mano en la cabeza a los dos, como siempre lo hacía.

— Me tengo que ir un ratito, ¿va? — susurró —. Pero va a venir alguien por ustedes. Por favor, perdónenme.

— ¡Hermanito no te vayas por favor! — estalló en llanto su hermano menor.

— Akira... hermano... te necesito — tartamudeó Lys.

— Todo estará bien hermanita, todo estará bien... — dijo Akira forzando sus últimas palabras.

Y entonces los ojos se le cerraron.

Arriba, se escuchó otro golpe.

¡PUM! ¡CRACK!

No era en la casa. Era en el techo.

Lys dejó a su hermanito con Akira, aunque le temblaba todo el cuerpo, y subió corriendo por las escaleras de servicio. La puerta de lámina estaba abierta de una patada.

Y ahí estaba.

Era Rhys.

En sus pies estaba el cuerpo del otro sujeto, totalmente inmóvil. Estaba empapado, tomando aire, con el brazo sangrando. Quedaba uno.

— ¡Rhys! — gritó Lys.

El último sujeto al verla corrió hacia ella. Rhys lo vio venir.

— ¡NO LA TOQUES!

Furioso, Rhys creó lo que parecía ser una katana. Era larga, con un diseño impresionante que parecía hervir en llamas azules. De un movimiento, la espada atravesó la rodilla del sujeto.

El grito del hombre retumbó en el techo.

Lys se detuvo. Dentro de ella pensó que estaba viendo frente a ella al personaje que había dibujado en su escuela minutos antes de que todo pasara. La respuesta a su pregunta estaba frente a ella.

Aquel hombre, con mucho esfuerzo, se puso de pie y se abalanzó contra Lys. La tomó del cuello y la estiró más allá de la orilla de la casa.

— No debiste hacerlo — dijo Rhys, con una carcajada llena de rabia.

Juntó sus manos en forma de triángulo, uniendo sus dedos índices.

— Lys, cierra los ojos y confía en mí.

Asustado, el hombre empujó a Lys. Lys confió en Rhys y se cubrió los ojos mientras sentía como caía.

Por un segundo todo pareció perdido.

— Lys, ya abre los ojos — susurró Rhys en su oído.

Cuando los abrió, todo se había detenido. Las gotas de lluvia, los árboles, todo estaba en pausa. Volteó a su lado izquierdo. Ahí estaba Rhys, con una sonrisa mientras la cargaba en sus brazos.

— Me alegra haberte podido salvar a ti — le dijo con la voz al borde de las lágrimas.

De pronto el tiempo regresó y una luz azul los iluminaba a los dos en forma de esfera. Descendían lentamente.

Una vez en el piso, Lys al fin se rompió.

— ¡Se murió! ¡Se murió mi hermano! — le gritaba a Rhys, agarrándole la chamarra.

Su hermanito salió corriendo al escuchar las sirenas y los abrazó llorando.

Y en ese momento, por la puerta principal que había quedado abierta, se asomó una sombra.

No era policía. No era ambulancia.

Era un hombre alto, con impermeable, empapado también.

Los miró a los tres en el suelo, y dijo con voz ronca:

— Soy su tío.

Lys y su hermanito se quedaron helados.

— ¿Nuestro tío? ¿De quién? — preguntó Lys.

Rhys lo miró fijo unos segundos, con la lluvia escurriéndose por la cara. De pronto bajó la katana. Su expresión cambió.

Lo reconoció.

— Lys, está bien — dijo Rhys, poniéndole una mano en el hombro para tranquilizarla —. Con él van a estar bien. Lo conozco.

El tío asintió y se agachó frente a ellos.

— Vámonos de aquí. Ya no se quedan aquí ni un minuto más.

— No nos iremos — dijo abrazando con fuerza a Rhys y a su hermano.

— Pero hermana, ya no tenemos un hogar — gritó su hermano menor mientras lloraba.

— Tu hermano tiene razón, Lys. Mira, te prometo que te voy a proteger, a ti y a tu hermano por el resto de mi vida. Hagamos esto, iré con ustedes, ¿de acuerdo?



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En el texto hay: lenguaje adulto, violencia, romance oscuro

Editado: 27.09.2026

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