Destino

04.- Primera impresión

Dmitri

Escuché las órdenes de mi abuelo y de mi madre. Pasé todo el día temiendo que terminara la jornada. En dos o tres ocasiones me encontré con la dulce Olga, pero no me saludo como de costumbre; aún así ella se encargó de regresarme mis escritos con las correcciones que debía hacer. Mis subordinados me miran por encima del hombro y fui reprendido por mi jefe directo. Sé que mi desempeño es malo, pero me cansa que no me digan que está mal.

Después del almuerzo, recibí un memorándum firmado por mi madre donde se indicaba que sería suspendido de la participación de las reuniones hasta nuevo aviso. Mientras realizaba mis pendientes, llegué a pensar que si encontraba a otra persona más adecuada para heredar la empresa sería algo bueno para todos. Mi madre no considera lo que digo, ni siquiera le importa lo que pienso y, aunque me dejó durante años, lo único que espero es que me deje en paz como solía hacerlo.

Por la tarde me dirigía a la sala de juntas donde recibiría mis clases. No sé quién es la señorita Layevska, pero empiezo a ponerme nervioso. Entre y vi sobre la mesa un montón de libros. No estoy seguro, pero creo que este lugar no se utiliza con frecuencia. Después de mi, entró la dulce Olga y siento que estoy temblando. Apenas me ve y me saluda con cortesía. Hoy lleva una falda larga de tartán escocés y lentes. El anillo que siempre usa brilla más que nunca.

—Buenas tardes, soy Olga Layevska —se presentó—. Soy la asistente ejecutiva y jefa del departamento de secretarías de está empresa y a partir de hoy seré su tutora privada en su entrenamiento como heredero.

Seguramente era muy cercana a mi madre o no sabría que soy ese hijo indeseado que solo sirve para ocupar un lugar.

—Leí tu currículum y te graduaste de administración y negocios hace medio año con calificaciones mediocres.

—Si, no fue mi mejor desempeño.

—¿Y entraste a esta empresa por recomendación?

—Si, solo era un empleado más en el equipo 1 de planeación, pero después me asignaron al puesto de...

—Pero solo de nombre. Actualmente las actividades que realizas son las de un miembro del equipo, aunque se te permite asistir a reuniones.

—Así es...

—Entiendo... Lo que no logro comprender es porque no te has esforzado en mejorar y aprender sino que en su lugar, pareces decidido a dejar claro que no quieres estar aquí.

No podía responder, tenía razón.

—Solo soy un principiante.

—Lo sé... también me hicieron llegar tu historial académico. Me sorprendió mucho cuando leí que te saltaste dos grados en primaria y otros dos grados en el internado donde cursaste secundaria y preparatoria. Te ganaste una recomendación para una universidad prestigiosa, pero decidiste ingresar a la facultad de artes gráficas en otra ciudad y en el primer intento obtuviste un puntaje perfecto.

—No es la gran cosa.

—Si tu dices que no... Entonces, ¿hay un motivo por el cual tardaste cuatro intentos en ingresar a la facultad de administración y negocios?

No había, solo no entendía porque debía cambiar todo lo que hacía por cumplir un capricho.

—Ya veo. Entonces te diré lo que me pidieron. Debo enseñarte todo lo que no quieres aprender para convertirte en un buen empleado y heredero capacitado. Tu madre quiere que sobresalgas en todas las habilidades posibles y mi trabajo es lograrlo. Te explicaré todo de manera clara y con ejemplos reales. Si asististe a clases, lo entenderás todo fácilmente. Los resultados los reportare primero a mi jefe y después a ti. Puedes tomar apuntes o grabar las clases. Si no entiendes algo, haces preguntas y como estaremos estudiando juntos cuatro horas por día habrá descansos de 10 minutos al final de cada hora. Los sábados, trabajarás conmigo durante todo el día.

—Entiendo...

—¿No quieres estar aquí? Tendrás que esforzarte mucho. Lo que se supone que aprendiste en cuatro años, lo retomaras en seis meses.

—¿Podemos comenzar? Aunque no quiera estar aquí... no hay más opciones si quiero dejar de ser el mediocre de la familia.

Olga no dijo nada. Señaló el pizarrón donde se proyectaba la presentación que hizo guiándose de la curricula que le entregaron.

Su voz era dulce.

A veces exigente, pero en general clara y entendible. No había muchas cosas que pudiera decir en esa primera clase. Intenté poner toda la atención posible, pero el movimiento de sus brazos me distraía. Ella lanzaba preguntas que respondía de manera mecánica, pero jamás dejó ver si eran respuestas correctas o no. Entre descansos ella salía y regresaba cuando se terminaba el tiempo.

La primera clase terminó. Había mucho trabajo que hacer, pero ¿serviría de algo? No soy apto para esto.

La situación se repitió cada día de la semana. Tras un largo día de trabajo y un breve descanso, tomaba clases con ella. Al principio, intentó tomar apuntes, pero se dio cuenta que mucha información aún la recordaba por lo que lo considero innecesario, después intento hacer preguntas específicas, pero la nula expresión de su profesora lo ponía nervioso y prefería ahorrarse la vergüenza de ser corregido y, aún así, la situación no pasaba desapercibida para los ojos de Olga. Cada vez que lo encontraba mirando en vacío, lo dejaba pasar o preguntaba sobre el tema. Era evidente que no mostraba interés en esa área y el sábado que se reuniera con su jefe para dar su informe, dejaría claro la perspectiva que había adquirido.




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