El Despegar De Las Sombras

CAPITULO 4

La luz artificial del cubículo de operaciones zumbaba con un tono monótono que le taladraba las sienes mientras revisaba los comprobantes de nómina en la pantalla. El teléfono de la oficina repiqueteó, interrumpiendo su concentración. Era su hermano Jorge, quien ni siquiera se molestó en saludar con educación antes de ir directo al grano.

—Hermana, necesito que me hagas un favor gigante y me prestes mil quinientos dólares hoy mismo. Se me cerró una oportunidad de oro con un lote de repuestos importados que vale oro, pero el proveedor quiere el efectivo ya —soltó él, con esa urgencia fingida que ella conocía de memoria.

Rafaela apoyó la espalda en el respaldo de la silla, sintiendo cómo la paciencia se le desvanecía.

—No tengo esa cantidad disponible en mi cuenta, y aunque la tuviera, no voy a sacar otro préstamo para financiar tus ideas de negocio que siempre terminan en la quiebra.

— ¿Desde cuándo te pones en ese plan tan egoísta conmigo? Siempre has sido tú la que nos apoyas cuando las cosas se ponen feas por eso somos familia, para ayudarnos. Si no me ayudas ahora, pierdo la seña y todo el negocio se viene abajo —insistió él, elevando la voz con evidente desesperación.

—Búscate otra alternativa o dile a mamá que te preste, porque esta vez yo no voy a salvarte los muebles —respondió Rafaela con voz tajante, cortando la llamada antes de escuchar la retalía de insultos que venía en camino.




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