El Renacer De La Verdadera Heredera

CAPÍTULO 5

El eco de la humillación en el baile imperial aún retumbaba en las paredes de la habitación de Sara Grissom. Encerrada tras gruesas puertas de roble, caminaba de un lado a otro destrozando con sus propias manos los encajes de las almohadas y arrojando los frascos de perfume contra el espejo. El cristal estalló en mil pedazos, reflejando su rostro deformado por una ira desquiciada.

Lord Leonardo Szmanda la había ignorado por completo. Peor aún, había humillado su artimaña frente a los nobles y se había llevado a Catherine a la pista de baile como si fuera la única criatura digna de respirar en aquel salón. Y Catherine... esa advenediza a la que había asesinado con tanta facilidad en una vida que ella ignoraba, ahora parecía poseer los instintos de una serpiente venenosa.

El tiempo se le agotaba. Faltaban apenas unos días para que el consejo noble sesionara y ratificara el cambio de testamento que convertiría a Catherine en la heredera universal de la fortuna Grissom, desplazando a Robbins, a Russell y, por supuesto, a ella.

Sara se detuvo frente a los restos del espejo y respiró hondo. Sus ojos azules, habitualmente fingidos de inocencia, se oscurecieron con una resolución macabra. Si Robert moría antes de firmar la restitución legal de Catherine, el ducado caería en un caos administrativo. Con el Duque muerto de un colapso repentino, Marg tomaría el control temporal y ella manipularía a su madre adoptiva para expulsar a la recién llegada, acusándola del estrés que llevó al patriarca a la tumba.

Tomó una capa oscura con capucha y se sentó al pequeño escritorio de su alcoba. Garabateó unas líneas rápidas en un trozo de pergamino sin sello y tocó la campanilla de servicio. Cuando un joven mozo de cuadras que le era leal apareció en la puerta, Sara le entregó el papel junto con una bolsa pesada de monedas de plata.

—Ve al boticario del callejón del Cuervo, en los distritos bajos —le susurró Sara con frialdad—. Entrégale esto al viejo ciego que atiende el mostrador y tráeme lo que te dé. Si alguien te ve, juro que te cortaré la lengua. Ve ahora.

Lo que Sara ignoraba por completo era que su enemiga la conocía mejor de lo que ella se conocía a sí misma.

Dos pisos más arriba, Catherine observaba desde la ventana de su suite cómo el mozo de cuadras salía sigilosamente por la puerta de servicio del jardín, perdiéndose en la niebla matutina. Una sonrisa lánguida y letal curvó sus labios. En su vida pasada, Catherine había descubierto el origen del veneno demasiado tarde, cuando el arsénico ya corría por las venas de Robert y ella estaba encadenada en el calabozo esperando la muerte.

Pero esta vez, el tablero le pertenecía.

La noche anterior, antes de abandonar el baile, Catherine había intercambiado un par de palabras discretas con el capitán de la guardia personal de Lord Leonardo Szmanda. La oferta del temido noble no había sido una simple cortesía de salón; era un pacto de acero. Un simple mensaje codificado enviado al alba había puesto en marcha a los mastines de Leonardo.

En los callejones empedrados del distrito bajo, el mozo de cuadras de los Grissom caminaba de prisa, aferrando un pequeño frasco de vidrio oscuro que el boticario acababa de entregarle. Al cruzar una esquina lúgubre, dos figuras envueltas en gruesos abrigos grises le cortaron el paso. Antes de que el chico pudiera gritar, una mano enguantada le tapó la boca y lo arrinconó contra la pared de ladrillos húmedos.

—No te haremos daño si te quedas callado —susurró una voz ronca que pertenecía a uno de los tenientes de Szmanda. El soldado arrebató el frasco de las manos temblorosas del chico, lo guardó en su abrigo y sacó un frasco idéntico, sellado con la misma cera negra, colocándolo en la palma del sirviente—. Llévale esto a tu señorita. Y si le dices que fuiste interceptado, tu cadáver flotará en el canal al anochecer. ¿Entendido?

El muchacho asintió, aterrorizado, y salió corriendo hacia la hacienda en cuanto lo soltaron.

Horas más tarde, el reloj de pie del pasillo principal marcó las cinco de la tarde. La familia Grissom se encontraba en la biblioteca para tomar el té. Robert lucía pálido y cansado, hundido en un sillón de cuero frente a la chimenea. Lady Marg leía unas cartas, mientras Catherine, sentada con pulcritud en un sofá cercano, bordaba un pañuelo de seda con una tranquilidad pasmosa.

Sara entró en la estancia empujando el carrito de plata. Llevaba un vestido lila de cuello alto y una sonrisa rebosante de devoción filial.

—He preparado tu tónico de hierbas, padre —anunció Sara con voz melodiosa, sirviendo el líquido humeante en la taza de plata personal del Duque—. Le he añadido un toque de miel silvestre para aliviar la aspereza de tu garganta. El médico dijo que debes tomarlo sin falta.

Robert la miró con gratitud. A pesar de los incidentes recientes, Sara siempre sabía cómo volver a ganarse su favor interpretando a la hija abnegada.

—Gracias, pequeña —murmuró el Duque, tomando la taza.

Catherine no levantó la vista de su bordado, pero sus oídos estaban afinados a cada mínimo sonido de la habitación. Sabía exactamente qué contenía ese frasco sustituto. No era veneno. Era un poderoso y violento emético extraído de raíces amargas, diseñado para provocar el caos orgánico sin causar la muerte. Además, horas antes, Catherine había deslizado discretamente en el cajón semiabierto del escritorio de Robert un trozo de papel encerado con el inconfundible sello del boticario del callejón del Cuervo, el mismo que Sara solía olvidar en su prisa.

Robert dio un sorbo largo al tónico. Luego otro.

Dejó la taza vacía sobre el platillo y suspiró. Marg le ofreció un panecillo, pero antes de que Robert pudiera tomarlo, un espasmo brutal sacudió su cuerpo.

El Duque se llevó las manos a la garganta. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, inyectados en sangre, y un sonido ahogado, como el de un animal asfixiándose, escapó de sus labios.



#249 en Thriller
#123 en Misterio
#2655 en Novela romántica

En el texto hay: misterios, romance, renacer

Editado: 25.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.