Fragmentos de ti

Capitulo 2

El aire del hospital olía a desinfectante y humedad. Eithan estaba sentado en una de las sillas junto a la cama de observación, la mirada fija en la puerta por donde la enfermera había retirado la camilla. El vendaje en su frente le molestaba más de lo que admitía, pero su rostro permanecía inmutable.

—Nunca había pasado —dijo Logan, cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared—. Que tú… ignores la posibilidad de un juicio. —Su voz tenía ese tono seco y directo que Eithan ya conocía.

Eithan lo miró por un instante, tranquilo, sin moverse.

—Necesito verla primero —respondió. Su voz era firme, aunque su mandíbula tensada delataba una preocupación que no quería mostrar.

Logan arqueó una ceja, como si estuviera evaluando cada fibra de su ser.

— ¿Verla? Vamos, Eithan… tú no eres de esos que “primero ven y luego deciden”. Siempre has esperado a tener todos los datos, todos los testigos, todas las posibilidades… y ahora me dices que vas a… ¿sentir algo antes de actuar? —su tono mezclaba incredulidad y sarcasmo.

—No es sentir —corrigió Eithan, inclinado ligeramente hacia atrás en la silla—. Es… lógica. Necesito entender la situación antes de tomar cualquier decisión.

Logan bufó, claramente frustrado.

— ¿Entender? Es simple: hay un accidente, daños materiales, lesiones… cualquier abogado medianamente inteligente… —se detuvo, mirándolo fijamente—. Cualquier otro habría comenzado los papeles antes de preguntarle siquiera si respira.

Eithan no respondió de inmediato. Su mirada se perdió en la puerta que aún permanecía entreabierta, como si esperara ver aparecer a la chica en cualquier momento. Finalmente, dijo:

—Primero la veo. Después decidiré.

Logan soltó un largo suspiro. Sabía que no iba a ganar esta discusión de momento, pero no dejaba de sorprenderse.

—Solo recuerda —agregó, más calmado—: esto no es normal en ti. No dejes que tu lado “humano” te haga perder de vista lo que siempre haces.

—Lo tengo presente —respondió Eithan, con la voz apenas más baja, y se levantó, ajustándose la camisa—. Ahora, vámonos. Tengo que ver a la señora Torres.

Logan frunció el ceño y lo siguió.

—Ah, claro. Tu madre. La señora Torres. —Su tono sonó más como una advertencia que como un comentario—. Sigues cumpliendo con tu mundo mientras haces excepciones raras…

Eithan no replicó. Su mente ya estaba en otra parte: en la chica que apenas conocía, inconsciente pero viva, y en la decisión que no podía tomar hasta verla.

Avanzo por el pasillo del hospital, la venda aun cubriéndole la frente y un ligero mareo recordándole el golpe del accidente. Logan caminaba a su lado, observándolo con esa mezcla de incredulidad y molestia que parecía eterna.

Llegaron a la habitación de la señora Torres, su madre. La puerta estaba entreabierta, y la luz de la tarde iluminaba su rostro mientras hojeaba un libro. Al verlo, levantó la mirada y frunció el ceño al notar la venda.

—Eithan… ¿qué pasó? —Preguntó con la voz cargada de preocupación—.

Él apenas desvió la mirada hacia ella, manteniendo su compostura habitual.

—Nada grave —respondió con firmeza, ajustándose la camisa para cubrir cualquier incomodidad—. Solo un pequeño accidente.

Su madre cerró el libro lentamente y lo observó con atención, como intentando descifrar si le decía la verdad.

— ¿“Solo un pequeño accidente”? —Repitió, arqueando una ceja—. No lo parece. Esa venda…

Eithan inclinó ligeramente la cabeza, evitando dar más detalles.

—No es necesario que te preocupes —dijo con voz calmada—. Estoy bien.

Ella suspiró, resignada, aunque su mirada no perdió la intensidad.

—Siempre tan reservado… —murmuró, con un dejo de reproche—. Supongo que eso nunca va a cambiar.

Eithan simplemente se sentó frente a ella, la espalda recta, tocando la venda con cuidado. Por dentro, sin embargo, su atención estaba lejos del ambiente sereno de la habitación: estaba pensando en la chica que había salvado unas horas antes.

El silencio se prolongó un instante, hasta que su celular vibró en el bolsillo. Lo sacó, el ceño fruncido. La llamada era de la recepción del hospital.

—Señor Beltrán —dijo la voz del otro lado—. La paciente del accidente… ha despertado.

Eithan permaneció inmóvil unos segundos, su corazón acelerándose ligeramente bajo la venda.

— ¿Está sola? —preguntó, sin apartar la mirada de la pantalla.

—Sí, señor. Aun nadie ha preguntado por ella

—Voy para allá —dijo finalmente—. Logan, acompáñame.

Mientras salía de la habitación, la señora Torres lo miraba, con una mezcla de curiosidad y preocupación. No hizo más preguntas; sabía que Eithan revelaría lo que considerara necesario, y que algunas respuestas solo aparecerían en el momento adecuado.

Eithan empujó la puerta con cuidado y entró en la habitación, ajustándose la venda en la frente. Logan lo siguió, cruzando los brazos y observando cada detalle con su habitual alerta.

La chica estaba despierta, parpadeando lentamente y mirando a su alrededor con confusión. Sus ojos recorrieron la habitación, los aparatos médicos, la ventana, intentando encontrar algo familiar.

Eithan se detuvo junto a la camilla de hospital, observándola con la mirada fría y analítica que siempre lo caracterizaba.

— ¿Recuerdas tu nombre? —preguntó, directo—. ¿O de dónde vienes?

Ella abrió la boca, pero no emitió palabra. Solo un parpadeo lento, inseguro, como si intentara recordar algo que se le escapaba.

—Bien —continuó él—. Está bien no recordar, pero necesito información. ¿Alguien preguntó por ti? ¿Alguna familia? —Su tono no era condescendiente; era firme, exigía respuestas.

Logan, detrás de él, sacó su teléfono y comenzó a teclear rápidamente.

—Podemos publicar que hay una chica herida sin recuerdos —dijo—. Fotos limitadas, detalles médicos mínimos. Tal vez alguien pueda identificarla.

Eithan asintió levemente, observando cómo ella intentaba incorporarse con lentitud, evaluando el entorno. Cada pequeño gesto le decía algo sobre su capacidad de atención, su determinación y su sentido de organización, incluso sin memoria.




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