Valeria dejó el pequeño cofre sobre la cómoda de su habitación, aquella donde había vivido la última semana gracias a las atenciones de Eithan. Durante unos segundos permaneció frente al cofre, tenía algunas marcas propias del paso del tiempo, y en la parte superior, las iniciales seguían allí. Pasó lentamente los dedos sobre ellas, sentia algo extraño, no sabía que significaban, pero desde que había encontrado el cofre no podía evitar sentir que aquellas iniciales tenían algo de valor.
Reviso el candado del cofre, pequeño, desgastado pero aun funcional. Una parte de ella quería abrirlo, tenía mucha curiosidad de que contenía el cofre. Finalmente, decidió dejarlo como estaba. Al lado del objeto, coloco las fotografías que se había tomado con Eithan, mirándolas por última vez antes de apagar la luz.
El cofre permaneció sobre la cómoda, cerrado.
Era lunes, el día más innecesario de la semana según para algunos. El despacho de Eithan estaba mucho más tranquilo que de costumbre. Sobre su escritorio había varios documentos que debía revisar antes de una reunión programada para esa misma tarde. A un lado, descansaba una carpeta azul con el nombre de una empresa que había iniciado una disputa contractual.
El caso no parecía complicado a primera vista. Una empresa había incumplido parte de un acuerdo comercial y ahora, ambas partes intentaban responsabilizarse mutuamente por las pérdidas ocasionadas. Sin embargo, había algunos detalles en los documentos que no terminaban de convencerlo.
—Esto no tiene sentido
Murmuró y volvió a revisar los documentos anteriores. Había una contradicción entre clausulas y una modificación posterior del contrato. Alguien había cambiado una de las condiciones después de que el contrato original fuera firmado. No era suficiente para demostrar una irregularidad, pero sí para hacer que el caso fuera mucho más complicado de lo que parecía.
Su expresión se volvió más seria, Eithan había aprendido hacía tiempo que los problemas legales rara vez estaban en aquello que todos podían ver. Casi siempre estaban en los pequeños detalles que alguien había decidido pasar por alto. Llamaron al teléfono fijo de su oficina, Valeria le comento que había llegado Logan con unos documentos. Cuando le dio acceso, Logan entró con un sobre amarillo tamaño carta.
—Traje lo que me pediste.
Le entrego el sobre a Eithan, quien rápido saco la información de ahí. Analizo los documentos uno a uno. El contrato original y copia que presentó la otra empresa durante sus reuniones. La cláusula establecía una penalización específica en caso de incumplimiento. En el documento presentado, aquella condición aparecía redactada de una manera ligeramente diferente.
— ¿Quién entregó esta copia?
—Su departamento legal, aseguran que siempre estuvo así.
La numeración del contrato original contra la copia no coincidía, la página había sido reemplazada. Alguien estaba mintiendo, o quizás alguien había cometido un error.
—Si puedes demostrar que esta versión fue modificada después de la firma, tendrás una defensa solida —dijo Logan.
—Solo que no tengo quien hizo el cambio. Si fue la otra empresa podemos cuestionar la autenticidad del documento. Pero si la modificación salió de nuestro lado, el problema cambia completamente.
— ¿Y si es de nuestro lado? Si resulta que tu cliente es el malo, ¿Qué harás?
El reloj colgado en la pared marcaba poco después de la una de la tarde, cuando alguien llamó a la puerta del despacho. Eithan levantó la mirada de los documentos que tenía frente a él.
—Adelante.
La puerta se abrió y el cliente entró. Era un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje oscuro que parecía demasiado impecable para la hora. Llevaba el teléfono en una mano y una expresión de seguridad que no había perdido ni siquiera después de recibir la citación judicial.
Eithan señaló la silla frente a él. El hombre tomó asiento, y durante unos segundos, ninguno habló. Eithan abrió la carpeta que Logan le había entregado esa mañana y colocó sobre el escritorio dos copias del mismo contrato.
A simple vista eran idénticas, pero una de las páginas no lo era. Tomó una de las hojas y la colocó junto a la otra.
—Encontramos una diferencia entre estas dos versiones.
El hombre se inclinó ligeramente para observarlas. Su expresión cambió apenas un instante. Fue tan rápido que alguien menos atento probablemente no lo habría notado.
Eithan sí, pero dejó que el silencio se prolongara mientras el hombre volvía a mirar los documentos.
—La segunda versión fue la que se presentó durante la negociación —explicó el cliente finalmente—. Supongo que la otra empresa tiene una copia anterior.
Eithan tomó el contrato original.
La cláusula modificada estaba relacionada con la penalización por incumplimiento. En la primera versión, la cantidad que tendría que pagar la empresa del hombre era considerablemente mayor. En la segunda, la penalización prácticamente desaparecía. Demasiada conveniencia para tratarse de un simple error.
— ¿Quién tuvo acceso al contrato después de la firma?
El hombre se recostó en la silla, comenzó a hablar de sus empleados, del departamento jurídico y de las personas encargadas de archivar los documentos. Dio varios nombres, pero evitó mencionar uno durante demasiado tiempo.
Eithan lo dejó hablar, cuando terminó, tomó una pequeña nota.
— ¿Y su asistente?
El cliente guardó silencio, esta vez fueron unos segundos más.
—Ella también tenía acceso.
Eithan levantó la mirada.
— ¿Modificó el documento?
—No lo sé.
La respuesta llegó demasiado rápido. Eithan volvió a bajar los ojos hacia la carpeta. Podía sentir que algo estaba mal, pero una sospecha no era suficiente. Necesitaba pruebas.
Pasó otra página.
—La modificación beneficia directamente a su empresa.
El hombre permaneció callado.
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Editado: 19.10.2026