Fragmentos de ti

Capitulo 3

La mañana transcurría con relativa calma en el despacho, hasta que la puerta principal se abrió con brusquedad. Un hombre de traje oscuro entró sin saludar, con el ceño fruncido y el teléfono aún en la mano. Su presencia llenó la recepción con una energía tensa.

— ¿Dónde está Beltrán? —exigió, sin siquiera mirar a quién tenía enfrente—. Llevo días esperando una respuesta.

La chica levantó la vista desde la agenda. Por un segundo, la sorpresa cruzó su rostro… pero desapareció casi de inmediato. Se puso de pie con calma.

—Buenos días, señor —respondió con voz firme, pero amable—. ¿Tiene una cita programada?

El hombre soltó una risa corta, irritada.

— ¿Cita? No necesito una cita. Soy cliente. Y uno bastante impaciente, por cierto.

Ella sostuvo su mirada sin retroceder.

—Entiendo —dijo, manteniendo el tono—. Permítame verificar su información para poder ayudarle correctamente.

Tomó la agenda y comenzó a revisar con rapidez, sus ojos moviéndose con precisión entre nombres y horarios.

Desde su oficina, Eithan había escuchado el tono elevado. Se acercó sin intervenir aún, observando desde la puerta, en silencio.

— ¿Y bien? —Insistió el hombre, golpeando ligeramente el escritorio—. ¿O también tengo que hacer tu trabajo?

Ella no reaccionó al comentario.

—Señor… —leyó el nombre con seguridad—. Su caso está programado para revisión esta semana. El licenciado Beltrán no ha dado una respuesta aún porque está recopilando información clave.

El hombre chasqueó la lengua.

—Eso no es lo que me prometieron. Yo necesito resultados, no excusas.

La chica cerró la agenda con suavidad.

—Y los tendrá —respondió, firme—. Pero apresurar un proceso legal sin la información adecuada podría perjudicar su caso.

El silencio que siguió fue breve, pero denso. El hombre la miró, sorprendido. No por lo que dijo… sino por cómo lo dijo. Eithan, desde la puerta, no apartaba la vista. Seguridad. Control. No se deja intimidar…

—Entonces —continuó Lisa, con calma—, si lo desea, puedo agendar su reunión para hoy mismo, dependiendo de la disponibilidad del licenciado. O bien, puedo tomar nota de sus inquietudes para que sean atendidas con prioridad.

El hombre dudó. Su postura cambió apenas, perdiendo parte de su agresividad inicial.

—…Quiero hablar con él hoy.

—Permítame un momento —respondió ella.

Se giró ligeramente… y se encontró con Eithan justo detrás. Por un instante, sus miradas se cruzaron. Eithan no dijo nada de inmediato. Solo la observó, evaluando cada detalle de lo que acababa de ocurrir. Luego, sin apartar la mirada de ella, habló:

—Lisa, dale un espacio en mi agenda para la tarde.

La chica asintió de inmediato, tomando nota con rapidez. El hombre, ahora más contenido, ajustó su saco.

—Espero que esta vez sí haya resultados.

—Los habrá —respondió Eithan, con su tono firme y seguro habitual.

El cliente asintió y se retiró, dejando atrás una recepción mucho más silenciosa. Cuando la puerta se cerró, Logan, que había observado desde el fondo, soltó un leve suspiro.

—No lo manejó mal… —murmuró, casi a regañadientes.

Eithan no respondió de inmediato. Su mirada seguía en Lisa. Ella en cambio, volvió a su lugar, retomando la agenda como si nada hubiera pasado, aunque un leve suspiro escapó de sus labios.

—Buen manejo —dijo finalmente Eithan.

No era un elogio exagerado. Era medido. Preciso. Pero suficiente. Ella levantó la mirada, sorprendida… y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Eithan desvió la vista, pero en su mente la conclusión ya estaba clara: Había encontrado a la persona perfecta para la posición que ocupaba.

Horas después, la puerta del despacho se abrió con firmeza.

El sonido seco hizo que Lisa levantara la mirada desde la agenda. Estaba sola en la recepción, revisando anotaciones con mucha concentración, cuando la presencia del hombre llenó el espacio sin necesidad de anunciarse. Traje impecable. Postura recta. Mirada aguda. No necesitaba presentación.

Roberto Beltrán avanzó unos pasos, observando el lugar con detenimiento, como si evaluara cada cambio ocurrido en su ausencia. Luego, sus ojos se posaron en ella.

—Tú debes ser la chica del accidente —dijo, directo.

Ella se puso de pie de inmediato, un poco tensa, pero sin retroceder.

—Sí… señor.

Roberto la observó en silencio unos segundos más. No era una mirada amable. Era analítica. Precisa.

—Nombre.

—Lisa.

Él repitió el nombre en voz baja, como probándolo.

— ¿Lisa…? —Arqueó ligeramente una ceja—. ¿Ese es tu nombre… o el que te dieron?

La pregunta la tomó por sorpresa.

—Es… el que me dieron —respondió, con sinceridad.

Roberto dio un paso más cerca.

— ¿Qué recuerdas?

—No mucho… —dijo ella, manteniendo la calma como podía—. Solo cosas sueltas.

—Conveniente —murmuró él.

Ella frunció ligeramente el ceño, sin entender del todo el tono, pero sintiendo la presión de la conversación.

— ¿Familia? ¿Contacto? ¿Algo verificable? —continuó Roberto, sin suavizar su interrogatorio.

La chica negó con la cabeza.

—No… señor.

El silencio se tensó.

—Entonces explícame —dijo él, con voz baja pero firme— por qué debería permitir que alguien sin identidad, sin pasado y sin referencias esté trabajando aquí.

Lisa abrió la boca, pero no encontró respuesta inmediata. Sus manos se tensaron ligeramente.

—Yo solo… estoy intentando ayudar

—Eso no es suficiente —la interrumpió.

—Es suficiente para mí.

La voz de Eithan cortó el ambiente como un filo. Ella giró de inmediato. Él estaba en la entrada de su oficina privada, su mirada fija en su padre. Eithan avanzó con paso seguro, colocándose a una distancia justa entre ambos, sin tocarla, pero dejando claro su posicionamiento.

—No necesitas interrogarla como si fuera una sospechosa —añadió, firme.




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