Jonathan
6 de agosto de 2006…
Golpeó el aire, calentando. “Espero que Isabelle se encuentre bien”. Sabía que se encontraba en casa y que Luna la estaba cuidando, pero el recordar como se había puesto al escuchar la rueda de prensa, me preocupaba.
~Estamos a unos minutos de que comience el enfrentamiento entre Jonathan Everhart y Jackson Foster, esto pinta que será una pelea interesante de prospectos que han sido entrenados por dos de los mejores boxeadores que ha tenido este país. Tu que piensas Adreana.
Los noticieros de deportes anticiparon la pelea. Todo lo que había sucedido con Jackson se había extendido rápidamente desde la conferencia. Y lo habían usado nada más que para vender más entradas.
~Solo puedo decir que será interesante. Jackson en poco más de un año que empezó su carrera, ha acumulado varias victorias contundentes, mientras que Jonathan en media año ha tenido dos peleas profesionales, gandolas con algo de dificultad.
Apreté los dientes. No estaban equivocados. Mis victorias no habían sido fáciles y tampoco tenía el récord de Jackson. Pero a mi no me importaba esa diferencia. No importaba lo fuerte golpeará o lo rápido que se moviera, yo estaba decidido en acabarlo.
~Pero ~añadió Andrea~ esas dos peleas fueron contra boxeadores con un gran potencial y un sólido historial amateur. Por eso, aunque los números estén en contra de Everhart, debo decir que tiene posibilidades de ganar. Además, tras la controversia por lo ocurrido entre su esposa y Jackson, debe estar molesto, y ese combustible podría ayudarlo o perjudicarlo si no logra controlarse.
~Tienes razón, Andrea. Ya veremos el resultado de esta pelea, así que hagan sus apuestas y prepárense para otra noche de boxeo. Con ustedes, Alan King.
~Y Andrea Smith.
~Transmitiendo desde la arena deportiva Toronto Coliseum.
El campeón apago el televisor tras terminar la transmisión.
—Parece que te estás posicionando muy bien en el ojo público. Un que no por las mejores razones —mencionó arrojando el control a una de las bancas—. Si ganas esta pelea tendrás la oportunidad de escalar rápido en los rankings.
—Lo sé —respondí sin emoción. Casi sin pensar.
El campeón soltó un bufido y se apartó a la puerta del vestidor.
No quería ser grosero ni nada por el estilo, pero esa sensación de urgencia de subir al ring, de destrozar a Jackson. Me tenían realmente irritado.
—Lo siento —me disculpe. Tomando mi equipo para prepararme.
—No te preocupes por eso. Sabemos bien lo que estás pasando.
Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro. Me reconfortaba que me estuvieran apoyando.
Sin tardar más, empecé a vestirme. Mi equipo de color rosa chillon y blanco, el equipo que Isabelle habia comprado para mi.
Pise con fuerza, sintiendo la firmeza de las botas. Me sentía poderoso, sentía que de cierta forma Isabelle estuviera conmigo.
“Esta será la última vez que usare este equipo” me juré a mi mismo. “Porque esta noche marcará tu final, Jackson”
Continúe calentando hasta que la puerta del vestidor se abrió.
—Empiezen a caminar muchachos, esto está apunto de empezar —La voz del señor Knox retumbó en la habitación—. Es hora que le cierres la boca a ese mocoso de una vez.
Mis músculos se tensaron al instante y sin pensar choque mis guantes con furia. “Voy por ti bastardo”. Sentí como mi ceño se frunció lentamente.
Mientras nos acercabamos al pasillo podía escuchar como los gritos de la multitud se intensificaban.
El corazón me palpitaba a mil. No era por emoción como mis anteriores peleas, era diferente, esa ira contenida por días que no esperaba el momento para estallar. Ese momento tan cercano.
—Tienes que mantenerte concentrado chico —comenzó el señor Knox—. Tu mejor opción es buscar una brecha, un error, que se confíe y baje la guardia para que tu puedas contraatacar.
Nos detuvimos en la salida, solo esperando que empezara el presentador.
—No intentes buscar intercambios de golpes, ni intentes combinaciones tan arriesgadas al principio. Si no… —Me miro fijamente— Él te acabara. Necesitas conectar primero un golpe en una de esas brechas que te dije, ya desorientado, podrías conectar mejor tus combinaciones.
—Entendido —respondí sin poner tantos peros.
Aunque en el fondo sabía que no sería fácil mantener la calma y tal vez terminaría cayendo en alguna provocación.
—Señoras y señores, sean todos bienvenidos a la última pelea de esta impresionante noche.
La multitud estalló cuando el hombre empezó a hablar.
Mire los alrededores que el pasillo dejaba al descubierto. Múltiples flashes me cegaban, solo distinguía cientos de pequeñas siluetas a lo largo de las gradas.
—En la esquina roja, con un peso de ochenta y cuatro kilogramos, ocho victorias, cero derrotas y ocho nocauts, nacido en Estados Unidos, forjado en Canadá, desde el Rocket Boxing Palace, Él es… ¡Jakson Foster!
Editado: 20.09.2026