La caída del sakura

Vigésimo quinto pétalo: La caída del sakura

El camino que tomaron Kazuhiko, Xitian y Dahua era un poco más oscuro. Los faroles apenas y alumbraban la senda, ni siquiera parecía que los alumnos quisieran ir a los departamentos, sino que se refugiaron en el auditorio manyue.

Una vez en soledad, luego de que Xitian se tranquilizara, Dahua comenzó a hablar con ambos.

–Sé que es un momento un poco íntimo entre ambos. Yo creo que será mejor que los deje solos. Ya no creo toparme con nadie a esta hora –explicó la chica al ponerse de pie, detenida por el mayor.

–Wong Dahua. Sé honesta... ¿No tienes problema con lo que somos? –cuestionó con lágrimas en los ojos y un rostro lleno de temor, respondido por una tierna sonrisa y una negación de cabeza de la pelirroja.

–Debo admitir que, desde que era muy pequeña, jamás entendí porque la gente detesta a los homosexuales. Me parece una repulsión sin fundamentos reales. ¿Por qué te molestaría? Hay personas que dicen que, en el pasado, este grupo de gente no podía generar hijos, por lo que un pueblo o nación, que se consideraba poderosa por el número de gente que tuviera, estaría en decadencia porque cada uno significa que la rama de herederos bajaría. En muchos lugares, engendrar hijos es la mejor alegría que le puedes dar a tus padres, y si no puedes, entonces no sirves. Estás mejor muerto, porque podrías arrastrar a más a pensar así. No obstante, eso sucedió hace muchísimo tiempo. Las naciones ya no dependen al cien por ciento por el numero de personas, sino que tan bien manejan sus recursos. Hay lugares donde hay sobrepoblación, y otros donde van en descenso, pero no porque no haya gente heterosexual, sino porque no es conveniente traer hijos con las condiciones que el país tiene para las familias de hoy en día. Entonces, ¿por qué los siguen odiando? Es heredado, aprendido, es obvio. Pero ¿por qué las personas no se detienen a ver que es una estupidez? Yo lo capté de inmediato, una niña de diez años. ¿Acaso a los humanos les gusta odiar y lastimar? ¿Ven placer en eso? –cuestionaba la pelirroja, también llorando.

–Mi familia me dijo que jamás volviera a casa –explicó Xitian, con la mirada en el suelo, temblando–. Luego que los rumores sobre Dahao y yo corrieran por todas las redes sociales, mis padres me dijeron que no tenían hijo, ni yo hogar al cual regresar. La universidad se paga sola, pero durante las vacaciones no tuve a donde ir, viví de pedir limosnas, estuve en centros comunitarios conviviendo con vagabundos y, al final, conseguí regresar a la universidad, fingiendo que nada había pasado. Pero sí pasó. –Xitian se puso de pie y se quitó el uniforme, revelado a los presentes las cicatrices que tenía, además de lo delgado que estaba.

Kazuhiko sí lo había notado la delgadez, pero no tuvo el valor de decir algo. En cuanto a las marcas, nunca las vio, sentía algo raro al tocar su piel, mas no quería herir a su novio con preguntas sensibles.

–Senpai...

–Me agredieron muchas veces por comida, espacio o sólo por diversión. Ya nos queda una semana más en la universidad y luego los exámenes. Después de eso, regresaría a las calles, y no deseo hacerlo. No puedo regresar... –explicó el muchacho, cayendo de rodillas al suelo, abrazado por su novio.

–Maldición. No volverás a la calle, lo prometo. Necesito que seas fuerte, te daré parte de mi comida para que estés mejor y luego buscaremos dónde hospedarte. Encontraré un trabajo de tiempo completo en Riben y te enviaré dinero para que tengas un departamento y puedas también trabajar. Entre ambos...

–No, Kazuhiko-kun –enunció Dahua, asustados ambos–. No será necesario. Alguien te va a recibir. Más bien, conozco a alguien que, sin lugar a dudas, te recibirá. Nada de condiciones o pagos. Claro que habrá que estudiar mucho y trabajar, pero todo a su tiempo –explicó la pelirroja, extrañados los jóvenes ante eso.

–¿Quién? –preguntó Xitian, incrédulo, sonriendo la mayor ante aquello.

Una vez explicado todo, la pareja agradeció a la chica, abrazándola ambos y tratando de consolarse entre los tres, explicándoles la historia de su vida a ambos, empezando a entenderlo todo.

La semana pasó rápido. Tanto Kazuhiko como Xitian continuaban viéndose, ahora a escondidas, pues creían que Akane o Kichiro podrían esparcir el rumor, mas no fue así. No había publicaciones de ningún tipo en otros lados. La chica hacia actualizaciones de su contenido, pero ya no salía ella, sino lo que estaba haciendo con mensajes monótonos o pequeños. Como si lo hiciera por compromiso.

En cuanto a Kichiro, parecía también alejado de todos, aunque fue el único que continuaba trabajando en rabu rabu meiru junto con Akane. Dahua, Kazuhiko y Xinzuo lo dejaron un tiempo, hasta que, un día antes de exámenes, la primera fue a buscar al más bajo.

Luego de terminar la entrega, el abogado caminó hacia los departamentos de los hombres. De la nada, Dahua apareció al lado de Kichiro, tratando de embestirlo con una patada. Por suerte, el nipón escuchó desde antes los pasos y consiguió evadir el embate, saltando hacia atrás.

–Bakayaro! ¿Qué te sucede? –cuestionó el rubio, levantando su guardia, notado el rostro serio de la pelirroja, cuya posición de combate se notaba bastante agresiva.

–¡Ahí voy! –emitió Dahua al ir contra todo hacia el muchacho, lanzando múltiples golpes duros y poderosos que Kichiro apenas y logró evadir, proyectando un puño hacia la cara de su contrincante, esquivado con cierta facilidad, dándole apertura a la mujer en conseguir empujarlo al separar sus piernas con un pisotón y usar su antebrazo en el pecho del pequeño, chocando la espalda del nipón con un árbol cercano, bastante lastimado gracias a esto.

Apenas cayó al suelo sobre una rodilla para recuperarse, Dahua ya iba a toda velocidad para atropellarlo con una tacleada, por lo que el rubio tuvo que lanzarse a un costado, evitando el embate e impactando la mujer en contra del árbol, lo que le dio oportunidad de apoyarse para lanzar una patada directo a la cabeza del joven, cubierto con sus brazos en forma de cruz frente a su rostro, evitando parte del impacto, temblando sus manos del poderoso golpe que recibió una vez alejado de la pelirroja.




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