Luego de tantos abrazos y emociones, los muchachos decidieron salir a cenar al karaoke de la universidad. Iban platicando y riendo, como solían hacerlo, tomándose fotos y hablando de lo contado.
–No puedo creer todo lo que sucedió apenas un año atrás. Suena a que fue hace mucho más –enunció Lìān, sujeto de la mano de su novio.
–Sé que parece increíble, pero lo que más me gustó de todo ese desastre, es que pude moverme de esa horrible habitación gracias a la llegada de Zhao Xiāohuàn. Cuando supe que lo movieron cerca de mí y que sobraba una habitación, pedí el cambio a la habitación que era de Dahua –admitió Akane, alegre y aliviada.
–Espera... ¿Tú habitación era donde está Zhao Xiāohuàn? –preguntó Héngwǔ, asustado.
–No, es el cuarto de al lado. El que está vacío. Ya nadie está ahí. –Lo dicho por la pelinegra extrañó a los jóvenes, los cuales se vieron el uno al otro con el ceño fruncido.
–¿Qué pasa? Parece que descubrieron algo –cuestionó Kichiro, llamando la atención de todos.
–Bueno, es que estoy seguro que los cuartos vecinos de Zhao Xiāohuàn están ocupados. ¿Cuál era la tuya? –aseguró Lìān, preocupado.
–La habitación 408. La de la izquierda. La misma que perteneció a la chica que se arrojó por el balcón cuando Zhang-san se volvió el primer lugar. You Měiméi se llamaba la chica, era de comunicaciones –reveló Arika, notada la cara de espanto en los muchachos.
–¿You Měiméi? ¿Estás segura que así se llamaba? –expresó casi gritando el matemático, asustados los demás.
–Sí, era una muchacha chaparrita, bastante amable. El día de la ceremonia puso un pie en la baranda y se dejó caer al vacío. Fue una tragedia... ¿Saben algo de ella? No dejó notas, ni nada, nadie sabe porque...
–No, debe ser una broma –expresó Héngwǔ–. Gege, senpai. Ustedes la vieron cuando convivíamos con ella en los restaurantes y karaoke.
–¿A quién? –cuestionó Kazuhiko.
–¡A You Měiméi! Gracias a ella Yuezhe pudo meterse y enviar el mensaje masivo a la universidad de que Zhao Xiāohuàn hizo trampa... Por eso salió ilesa de eso, Héngwǔ –concluyó Lian, creyéndose la posibilidad.
–¡No! Ella estaba ahí. ¡Debieron verla! –continuaba el menor de anteojos, desesperado, preguntando a Kazuhiko y Xinzuo.
–A-ahora que lo dices, a veces notaba que hablaban con el aire, como si alguien...
–No, no puede ser –Héngwǔ, asustado, tomó su móvil y buscó fotos de todos, notando que, en efecto, Měiméi no aparecía en ninguna de ellas, mas sí había un espacio extraño entre los amigos. –Li-Lìān... Mira... –expresó temblando, casi desmayándose, desvaneciéndose al momento.
–¡Yang Héngwǔ! –gritó el muchacho, sosteniendo a s novio.
A la par de eso, Zhao Xiāohuàn estaba en el tren para llegar a la universidad, viendo el panorama pasar, acompañado de su guardián.
–Será divertido investigar qué sucedió, Kuro-kun. Las cosas que pasan en la Yueguang daxue son, en definitiva, bastante interesantes –enunciaba el sujeto, conservando su mascara.
–Revisé unas fotos antes del final del semestre, por nostalgia. Hay algo que me gustaría hablar contigo...
–Soy todo oídos. –La sonrisa vulpina se hizo presente, mientras que en el lúgubre y abandonado cuarto 408 se escuchaba como una joven tarareaba una canción, arreglándose frente a un espejo viejo y empolvado, cepillando su cabello, tomando su mochila, colocándose su uniforme y caminando hacia la salida, subiendo a la baranda del balcón, colocando un pie sobre ella y dejándose caer, no sin antes emitir una siniestra risilla que invadió los alrededores.