La caída del sakura

Vigésimo octavo pétalo: Reencuentro

...

–Soy mejor por ti. Seré mucho mejor por ellos. –Las palabras de Akane fueron dichas frente a la tumba de Xitian, misma que tenía la leyenda de «Aquí yace Huang Xitian. Amigo, hijo y buen hombre». Al lado de la lápida, las flores que trajo la muchacha se notaban bellas, mientras que había otras que parecían tener ahí mucho tiempo, retiradas por la misma para que se viera mejor el sitio.

A lo lejos, un par de pasos se escucharon, proyectada una sombra sobre la mujer, justo en el inicio del amanecer.

–No esperaba verte aquí –mencionó una voz, provocando que la chica se pusiera de pie y viera a la figura, frunciéndole el ceño de inmediato.

–Tú... –Dahao hizo acto de presencia. Cargaba varios lycoris radiata en un ramo, cuyos pétalos rojizos le daban un aire espectral al mismo hombre, el cual estaba muy bien vestido, con la bufanda que le regaló Xinzuo rodeando su cuello, puestos unos anteojos redondos frente a sus ojos. Además de eso, poseía un par de aretes. Cada uno en una oreja diferente, y con forma de un símbolo que representaba una diferente religión de las más predominantes en el mundo.

–Vine a entregar esto a Huang Xitian –explicó al mostrar las lycoris, cosa que molestó a Akane.

–Menuda flor para traer. Les llaman «lirios del infierno». ¿Es donde crees que está Huang-senpai? –cuestionó la muchacha, suspirando Dahao y caminando hasta la tumba, ignorándola. La joven se movió para dejarlo pasar, viendo cómo se ponía sobre una rodilla y dejaba el ramo frente a la lápida.

–El cielo y el infierno pueden agarrarse a golpes hasta destruirse el uno al otro. Los humanos no tienen nada que ver con ellos. Somos sólo información. Al morir, no creo que vayamos a alguno de estos sitios, sino al «Wu» –contestó sin ver a Akane, tranquilo y con la voz que le caracterizaba tanto.

–«La nada». Qué manera tan triste de pensar.

–¿Por qué triste? ¿No te parece maravilloso? Que una vez que la vida escape de nuestros cuerpos todo termine. Ya no habrá dolor, amor o preocupación. Descansas de verdad.

–Siendo nada. –El tono de la mujer seguía siendo un tanto a la defensiva, para luego Dahao ponerse de pie, hacer una pequeña reverencia a la tumba y comenzar a irse.

–Te veré en la universidad, Tanaka Akane.

–¿Qué fue lo que le dijiste a Huang Xitian antes de que sucediera? –cuestionó la mujer, deteniendo al filósofo, mismo que volteó a verla con su clásica sonrisa.

–¿De verdad quieres saber? –cuestionó el mayor, tragando saliva la mujer, mortificada por lo que pudiera decir.

–Sí.

...

–Siendo honesta, no creí nada de lo que dijo –enunció Akane en la actualidad, impresionados los presentes por la anécdota–. Sé que estuvo mal ser curiosa, pero quería saber la razón por la cual...

–Hablaremos de eso más delante –tajó Kichiro, llamando la atención de todos.

–Bueno, pensé que algo muy terrible había pasado, pero parece que Zhang Dahao gaoji no ha cambiado –expresó Lian, un tanto despreocupado.

–Nos tocara lidiar con él. Aunque, cómo lo mencionan, se la pasa en filosofía. Honestamente, apenas y pasamos por dicha facultad. Seguro que ni lo veremos.

–Eso espero –secundó el ingeniero a su novio, sonriendo aquel ante eso.

–Lo que sea. Hablamos de eso más delante. Les contaré qué sucedió con Dahua y su hermano –explicó el abogado, contando la parte de la historia a los presentes.

...

Una vez que todos se pusieron de acuerdo en que el nombre sería cambiado a sakura meiru, Kichiro mandó mensaje a Dahua para saber dónde estaba. Ella le indicó que lo esperaba en la estación del tren, pues su hermano se había ido cerca de Xianggang, y la universidad sí queda bastante lejos.

Compraron los boletos, se prepararon para el largo viaje y abordaron sin más en la estación, acomodados uno enfrente del otro, vista a Dahua con ambas piernas juntas, con sus manos sobre sus rodillas y la mirada baja, nerviosa.

Por su parte, Kichiro estaba con sus piernas abiertas, sus antebrazos sobre ellas y arqueado hacia adelante, con los dedos entrelazados y batiendo sus pulgares entre ellos una y otra vez, desesperado por no saber qué decir para animar a su amiga.

De pronto, por la ventana se vio un hermoso paisaje, recorriendo a gran velocidad las zonas rurales del país, emocionado el joven y levantando su mirada hacia el exterior, sonriendo de la emoción. Eso hizo a Dahua sonreír al causarle ternura la actitud de su amigo, mismo que se dio cuenta y mejor se recargó en su asiento, lanzando la mirada al pasillo del vagón, apretando los labios y el entrecejo.

–¿Todo bien? –cuestionó Dahua entre risas.

–¡Sí! ¿Por qué estaría mal? –preguntó molesto, cerrando los ojos y levantando su cara.

–Pues yo no estoy bien –admitió la mujer, lo que le hizo a Kichiro tranquilizarse y ver hacia su amiga–. Siento como si hubiera abandonado a gege. Wong Langbi siempre fue un hombre amable, apasionado y protector de los débiles. Sus habilidades en kung fu en el estilo nei jia era casi perfecto, teniendo un récord invicto en todas las batallas que tuvo, siendo el orgullo de la familia, pero en lugar de ser altanero y pretencioso, se volvió más generoso y humilde. Todos lo veían hacia arriba, era casi como un joven iluminado. Hasta que... –La pausa fue hecha con cierta nostalgia y dolor, lo que hizo a Kichiro seguir.

–Hasta que lo descubrieron con ese tipo –asumió el hombre, asintiendo Dahua–. Dijiste que era del bando contrario. ¡Me refiero a rivales en el deporte! ¡No creas que...! –Kichiro se sonrojó mucho al momento de decir eso, riendo bastante Dahua por ello, lo que le contagio la alegría al más pequeño.

–Entiendo a la perfección. Déjame contarte –enunció la pelirroja, empezando con el relato–. La familia Wong siempre ha sido celebre por el estilo de Kung fu que domina. Por su parte, la familia Li nunca se quedó atrás, siendo rivales de toda la vida, desde hace veinte generaciones atrás. Mi padre, mi abuelo, el padre de mi abuelo y su mismo padre como abuelo fueron rivales jurados de los Li, con su respectivo miembro representante de su tiempo. Lo que sí, es que la mayoría de las veces era competencia sana. Hubo ocasiones donde el líder de los Li era un imbécil, pero no siempre fue así, nosotros tuvimos nuestros propios engreídos y en varias generaciones ellos han ganado o nosotros hemos sido los superiores. En esta generación les tocaba a Wong Langbi y Li Bifeng, ambos peleadores natos, poderosos y talentosos. Desde niños fueron instigados a ser grandes rivales, a siempre buscar ser mejor que el otro. No sé en qué punto, pero ambos se volvieron cercanos gracias a que se ayudaron en una ocasión. Lo que alguna vez fue una rivalidad, se convirtió en amistad, y aunque a baba o el padre de Li Bifeng se le hacía extraño recibir al rival tanto tiempo en casa, lo fueron normalizando. El problema sucedió el día del torneo del año nuevo lunar. El novio de una de las primas de Li Bifeng, quien odiaba al hombre por envidia, siempre se la pasaba detrás de él, porque notó que de repente se desaparecía. Esperaba encontrarlo con drogas o algo similar, pero jamás imaginó que lo vería besándose con su mayor rival y mejor amigo. Claro, sólo la familia directa de ambos sabían de la amistad, para todos los demás eran enemigos, y eso lo hizo hacer un escándalo. –Lo relatado impresionó mucho a Kichiro, mismo que suspiró de la frustración.




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