La Primera Alianza

Prólogo: Hace más de 500 años

Toda guerra tiene un principio. Esta, oscura y secreta, se forjó en los fuegos de la Primera Cruzada.

Cinco héroes encontraron un templo perdido en los desiertos orientales, custodiado por los místicos bajo el mando de Saladino. Al romper los muros del santuario, liberaron a los prisioneros que languidecían en el olvido. Entre ellos se encontraba un ermitaño de naturaleza peculiar, una entidad que, en agradecimiento, bendijo a los cinco hombres y a sus estirpes con dones provenientes del cosmos mismo.

Pero el equilibrio es una balanza implacable. En lo más profundo del Bosque Negro, una fuerza contraria desató una maldición sobre los hijos del hombre. Una condena que dotaba a ciertos humanos de instintos salvajes y de la capacidad de deformar sus cuerpos hasta convertirse en bestias antropomórficas: los zoántropos.

El choque fue inevitable. Dos de los cinco clanes originales cayeron ante el poder abrumador de las bestias, borrados de la historia oficial. Los tres clanes supervivientes comprendieron que la única forma de proteger a sus familias y naciones era usar sus dones celestiales para dar caza a la amenaza.

Así nacieron los linajes que moldearían el destino del mundo desde las sombras. El Clan Medici asumió el mando desde Florencia, portando el fuego solar y el don dorado de la Erudición, siempre vigilantes desde su observatorio. Desde Rusia, el Clan Moloty se alzó como maestro de la alquimia molecular y la metalurgia, doblando la materia a su voluntad para forjar armas y aleaciones jamás vistas por el hombre común. En las tierras altas de Escocia, el Clan McFarlane se convirtió en la encarnación de la fuerza berserker y las ondas sísmicas, hombres capaces de quebrar la tierra bajo sus pies y dotados con la potencia de un ejército.

Durante más de cinco siglos, las tres grandes casas arrinconaron a los zoántropos, empujándolos casi hasta la extinción. Para regular lo que quedaba del mundo, Maxus, el último gran rey de Florencia, forjó una alianza definitiva con los monarcas de los Urales y Escocia. A este compromiso se sumaron algunos de los llamados ancestrales: zoántropos tan antiguos como el primer pacto entre el hombre y la bestia, portadores de un poder inmenso. El pacto de los reyes prometía una paz armada.

Pero las promesas escritas con sangre se borran con el tiempo. Zahual, uno de los ancestrales aliados, acaba de ser asesinado, y un ancestral misterioso llamado Atlas se ha adjudicado la muerte de su antiguo hermano de batallas.

En las postrimerías del siglo XX, con la gran guerra supuestamente aplacada, una grieta se abre desde las selvas americanas. Un nuevo enemigo ha despertado, dispuesto a quebrar el equilibrio que costó quinientos años de acero y sangre.




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