Este es el tercer relato que escuchan Emil y Joseph cuando visitan Piim-Asud, un día después de que los gitanos y guerreros del Este apagaron las amenazas llameantes de la guarida de dragones en Arth-Lizz.
Doña Agripina Petronila: Disculpe patrón, ahora que un par de personajes ya revelaron el verdadero nombre del gitano mayor de Güíldnah, ¿seguiremos usando el nombre que le inventó mi esposo, o ya empiezo a usar su nombre verdadero?
Técpatl Cecetlallikatl: Es mejor seguir usando el nombre que inventó Don Pancracio. Solo se ha revelado el segundo nombre del patriarca gitano, pero todavía no dicen el primero. Seguirán usando el nombre de Grigore hasta que se revelen los dos nombres del jefe romaní de Güíldnah, o en su defecto use el nombre que le inventó Emil.
Doña Agripina Petronila: Muy bien, entonces ya empezaré por narrar la historia.
I
Es una mañana cualquiera en el campamento gitano. Ha finalizado un mes y medio después de la penúltima visita del vasallo Jensen al campamento.
En la tienda principal Grigore todavía se encuentra durmiendo en su cama improvisada de paja y mantas. Su sueño es interrumpido de manera abrupta por uno de los gitanos guardias.
—Jefe, jefe —le llama él, agitando con ligereza todo su cuerpo.
—¿Qué quieres? —pregunta Grigore todavía acostado y con los ojos cerrados.
—Unos sirvientes de los monarcas del bosque quieren verlo —le informa su hermano vigía.
—Diles que esperen unos momentos; te avisaré cuándo pueden pasar —le dice Grigore al guardia mientras se levanta de la cama y abre los ojos.
El gitano arquero se asoma afuera y les pide a los sirvientes que esperen, al tanto que Grigore se acerca a una cubeta de madera con agua; se lava la cara para despertar por completo. Termina de vestirse, cubriendo sus pies con sus botas favoritas, acomodándose el pañuelo en la cabeza y todas sus alhajas en los lugares correctos; solo eso, porque la noche anterior se fue a la cama con su pantalón y camisa puestos.
—Muy bien. Esperemos que no sea nada importante. Hazlos pasar —comenta Grigore ya sentado en su trono, ya despierto y despabilado.
El guardia obedece, asomándose afuera de la tienda y llamando a los mensajeros. Un arrendajo azul y un puercoespín crestado entran a la tienda, acercándose con el patriarca zíngaro.
—Buenos días, gitano supremo —saludan ambos sirvientes al mismo tiempo.
—Buenos días, amigos, ¿qué asunto los trae por aquí?
—Venimos por parte de los reyes menores y principales del bosque. Requieren de su presencia de inmediato —informa el puercoespín.
—Solo si tiene tiempo libre. Si se encuentra muy ocupado podemos avisarles a los monarcas; no es de mucha importancia —dice el arrendajo un poco apenado.
—¿Qué no es de mucha importancia? ¿Una vida en peligro no es relevante para ti? —le pregunta enojado el puercoespín a su compañero alado.
—Vamos. Tranquilízate. La verdad no sabemos si está en peligro; puede ser que ya se encuentre en su casa con sus padres —le contesta el pájaro.
—Cálmense amigos, cálmense. Hoy tengo tiempo de sobra. Con gusto me encontraré con los reyes. Solo denme unos minutos para una rápida merienda temprana —les dice Grigore a los animales.
—No se preocupe. Esperaremos —expresa el arrendajo.
Rudolf «El líder» sale de su hogar y se dirige a la gran carpa del comedor comunitario, sentándose en su silla personal. Es muy temprano y hay poca comida en la gran mesa: algunas ensaladas de frutas y verduras, unas cuantas aves, pan y unos quesos. Las gitanas todavía están preparando lo demás, al tanto que parte de los gitanos aún se encuentran cazando en el bosque. Sin muchas opciones por escoger, Grigore opta por comer una codorniz azada con un poco de pan y queso para acompañar. Para beber escoge cerveza servida en un vaso de madera. No se tarda mucho en devorar al ave, descansando unos momentos en su lugar. Con el estómago satisfecho sale de la carpa.
—Reunámonos pues con los reyes —les dice a los animalillos sirvientes, quienes esperan afuera.
Se dirige a un establo improvisado donde descansa su caballo purasangre; algunos arqueros han sospechado que pronto partirá al bosque, así que lo están preparando para el viaje.
—Buenos días, jefe —saluda un gitano guardia que lo ve venir.
—Buenos días, compañeros, ¿ya está listo mi caballo?
—Ya casi. Solo hace falta la silla de montar y listo —dice el otro guardia.
Rudolf «El jefe» les dirige la palabra a los sirvientes.
—Mientras tanto, díganme quién se encuentra en peligro.
—Solo sabemos que es un joven tritón —menciona el arrendajo.
—¿El príncipe?
—No, no es él. Es un habitante de la ciudad.
—Supongo que los reyes del mar les avisaron a los monarcas del bosque, para que ellos los mandaran a ustedes. Yo ya sé que los sirvientes del mar no pueden sobrepasar los límites del bosque, inclusive transformados en humanos.
—Su caballo ya está listo, jefe —le avisa un guardia.
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Editado: 05.10.2026