Lo que quedó de nosotros

Capítulo 3: Lo que quedó grabado

CAPÍTULO 3

Lo que quedó grabado

Vértice Live ocupaba dos pisos de un complejo de estudios que parecía diseñado para que nadie supiera con certeza dónde terminaba un programa y comenzaba el siguiente. Había cables pegados al suelo con cinta negra, puertas con nombres provisionales y pequeñas luces rojas sobre cámaras que Sarah empezó a contar mientras caminaba hacia el ensayo.

—Nueve.

—¿Nueve qué? —preguntó Esteban.

—Cámaras.

—Hay más.

—Gracias. Eso ayuda muchísimo.

Esteban llevaba la carpeta del contrato bajo el brazo. La había revisado tantas veces durante la semana anterior que ya podía encontrar de memoria la cláusula que John había criticado. Material grabado dentro del recinto. Promoción. Backstage. Ensayos. Entrevistas.

No era una cláusula secreta. Tampoco era una buena cláusula. Ambos habían firmado sabiendo exactamente que estaba allí.

—Recuerda que aquí casi todo puede terminar en cámara —dijo Esteban.

—¿También esta conversación?

—Probablemente.

Sarah levantó la vista hacia una cámara fija en la esquina del pasillo y sonrió exageradamente.

—Esteban acaba de admitir que aceptó un contrato horrible.

—Y Sarah acaba de admitir que lo firmó.

—Corten eso.

Nadie cortó nada.

El ensayo salió bien. El especial quería mostrar a Sarah cantando con una banda pequeña, sin coreografía complicada y con una entrevista breve después. Era exactamente la clase de trabajo que Esteban había estado buscando: algo que no necesitara nombrar a Noel para justificar por qué Sarah estaba allí.

A media tarde, durante una pausa, Sarah salió a buscar café. Esteban se quedó hablando con el productor de piso sobre un cambio de horario. Cuando ella dobló por uno de los corredores del segundo nivel encontró a John junto a una máquina expendedora.

—No me digas que también trabajas aquí.

—No trabajo aquí.

—Entonces eso fue una respuesta preocupante.

John señaló con la cabeza una puerta unos metros más allá.

—La campaña está grabando en el estudio cuatro.

—¿Noel está aquí?

—Sí.

Sarah dejó de mirar la máquina.

—¿Y no pensabas avisarme?

—No sabía que tenía que coordinar sus recreos.

—Pésimo manager.

—Eso ya lo tienes cubierto.

Sarah alcanzó a reírse. Entonces la puerta del estudio cuatro se abrió.

Noel salió sin mirar a ninguno de los dos. Caminó hasta el extremo del corredor, giró hacia una zona de descanso y se sentó en una banca contra la pared. Llevaba todavía parte del vestuario de la campaña, pero se había quitado los zapatos y los sostenía por las correas con una mano.

John no la siguió inmediatamente.

—¿Qué pasó? —preguntó Sarah.

—Nada que necesites arreglar.

—Eso no respondió.

John la miró un instante.

—Llevan seis horas repitiendo la misma escena.

—Eso sí lo puedo arreglar. Voy a robarla.

—Sarah.

—Cinco minutos.

No esperó autorización.

Noel levantó la cabeza cuando Sarah se sentó a su lado.

—Si vienes a decirme que ensaye más, te golpeo con un zapato.

—Venía a decirte que hueles a publicidad cara.

—Peor.

Sarah le ofreció el vaso de café que acababa de comprar. Noel bebió sin preguntar qué era y frunció el ceño.

—Está horrible.

—Era mío.

—Ahora entiendo.

Durante unos segundos ninguna dijo nada. Desde el estudio llegaba la misma canción cortada siempre en el mismo punto. Noel apoyó la cabeza contra la pared.

—No quiero volver a entrar.

Sarah giró hacia ella. Noel seguía mirando al frente.

—Entonces no entres.

—Excelente. ¿También vas a pagar la penalización?

—Depende. ¿Cuánto?

Noel soltó una risa breve que se convirtió en otra cosa antes de desaparecer.

—No sé cuánto tiempo puedo seguir haciendo esto.

Sarah esperó.

—No la campaña —continuó Noel—. Todo.

—¿Quieres retirarte?

—Hoy quiero irme a mi casa y que nadie sepa quién soy. Mañana probablemente voy a querer volver. Pasado mañana voy a odiarme por haber dicho esto.

—Entonces pasado mañana fingimos que no lo dijiste.

Noel se cubrió los ojos con una mano. Respiró un par de veces antes de volver a hablar.

—A veces entro al escenario y lo único que pienso es en qué parte voy a equivocarme. No disfruto nada hasta que termina. Y cuando termina sólo pienso en la próxima vez.

—Eso sí suena horrible.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Sarah dejó su hombro apoyado contra el de ella.

—Puedes parar.

—Tú no pararías.

—Yo tomo malas decisiones con mucha confianza. No me uses de referencia.

Noel sonrió sin descubrir los ojos.

Fue entonces cuando Sarah vio la luz roja.

Una cámara pequeña estaba instalada sobre la puerta opuesta. No apuntaba directamente a la banca, pero el ángulo alcanzaba todo el corredor y parte de la zona de descanso. Sarah tardó un segundo en recordar que seguían dentro del recinto de Vértice.

—Noel.

Noel bajó la mano.

—¿Qué?

Sarah señaló la cámara.

Noel se quedó inmóvil.




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