Mi niño es calvo

°•Prólogo •°

Antes de que comenzara a explicarme lo que estaba ocurriendo, me encontraba sentada en una rígida silla de metal en el pasillo del hospital, con los ojos ardidos y el alma completamente vacía de tanto llorar. La situación me estaba absorbiendo, devorando cada gramo de resistencia que me quedaba.

Aún recuerdo su pregunta, suspendida en el aire frío de aquella habitación blanca: «¿Realmente me amas?».

Y hoy me lo vuelvo a preguntar: para empezar, ¿qué es amar a una persona? Me he pasado la vida escuchando mil argumentos distintos sobre lo que significa el amor. Nadie me lo ha descrito jamás de una manera genérica, porque cada quien habla desde sus propias trincheras, desde lo que cree, sufre y entiende. Es un ejercicio inútil intentar generalizar algo que percibimos de maneras tan radicalmente distintas.

Claro, Gael. Claro que te amaba, con cada fibra de mi alma. Y más que amarte, estuve dispuesta a dar mi propia vida a cambio de que te quedaras. ¿Acaso eso no es el amor en su estado más puro? Si me lo preguntas a mí, el amor no es un concepto abstracto; es aquello que somos capaces de sacrificar por alguien y por nosotros mismos. Es un puente frágil, pero indestructible, que conecta este mundo con el cielo. Después de entregártelo todo, ¿qué más se supone que tenía que darte para que comprendieras la magnitud de lo que sentía?
Pero, pensándolo mejor, el amor no es solo un idioma común. Para que alguien se sienta verdaderamente amado, uno debe aprender a descifrar cómo esa persona interpreta el afecto. De lo contrario, es como hablar en lenguas distintas: por más que te esfuerces en explicarlo, jamás habrá entendimiento si no te detienes a descubrir el significado oculto de las palabras del otro.

«¿Gael, me escuchas?».
Perdóname por no haber sabido amarte a tu modo. Tal vez fallé en el intento de comprender tu silencio, o tal vez eso fue exactamente lo que te hice sentir. ¿Entregarte mi existencia entera era lo que realmente necesitabas? ¿O para ti amar significaba, en el fondo, aprender a soltarte y dejarte ir?
Ahora el tiempo ha avanzado, el mundo sigue girando y las piezas se han recolocado de formas insospechadas. Sé que debo ser lo suficientemente fuerte y buena para que nadie más vuelva a experimentar el vacío que tú sentiste en aquella época. En mi cabeza resuenan todavía un millar de preguntas sin respuesta, pero de algo estoy absolutamente segura: te amé, te amo y siempre lo haré. Porque guardo la fe ciega de que, al final del camino, me estás esperando en el cielo.

Hola a todos!

compartirles este borrador hecho con mucho cariño.
Más allá de ser unas cuantas páginas en proceso, mi mayor deseo es que este mensaje logre tocar sus vidas. Así como a mí me transformó y me brindó algo valioso al escribirlo, deseo que para ustedes sea un refugio cálido y un momento grato de lectura.
¡Espero que lo disfruten tanto como yo al crearlo!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.