Rehenes Con Previa Cita El ultimo paciente del dia

NO ES UNA COINCIDENCIA

La casa estaba silenciosa. Gina estaba en el baño, terminando de ducharse antes de arreglarse para ir a trabajar. Ya era lunes y comenzaba una nueva jornada laboral en la clínica “Lumiere”.

Frente al espejo, Gina no podía dejar de pensar en lo ocurrido.

“Estoy segura de que el robo fue organizado por alguien muy cercano a la clínica. Esa foto que tenían los asaltantes… Yudamis y Elías conocen a Jorge. ¿Será solo una coincidencia? Él parecía ser el más preocupado por toda esta situación.

“Estoy convencida de que Malena no está involucrada. Ella se llevó la peor parte. Sin embargo, prefiero no decirle nada todavía sobre la foto, al menos hasta saber algo más.”

Terminó de vestirse y maquillarse, y luego despertó a Malena.

—Malena… —le susurró al oído en voz baja—. Despierta, bella durmiente. ¡Tenemos que trabajar!

—Mmmm… —Malena abrió lentamente los ojos—. Amiga, ya voy. ¡Dame unos minutos más, por favor!

—Bueno… Voy a preparar el desayuno y después te despierto. Aún nos quedan dos horas antes de entrar al trabajo.

Gina comenzó a preparar el desayuno, pero la imagen de la foto de Yudamis y Elías permanecía fija en sus pensamientos.

Había guardado la fotografía en su clóset, dentro de una carpeta con varios documentos.

“¡Aquí estará segura!”, pensó.

Mientras preparaba el desayuno, se quedó inmóvil por un momento.

“Debo estar paranoica. Solo Jordi sabe de la existencia de esa foto. ¡Quedé con secuelas postraumáticas!”

Se llevó las manos al rostro.

En ese momento, sonó el timbre.

Gina se dirigió a la puerta y, al abrirla, se encontró con Jordi, quien llevaba unos paquetes en las manos.

— ¡Llegó el desayuno! —exclamó.

—Oh, Jordi, qué sorpresa. Gracias.

— ¿Qué es eso de sorpresa? Please, cable a tierra. Recuerda, ¡somos vecinos! —dijo Jordi en voz alta.

—Ay, Jordi… Sí, eres mi vecino, pero me sorprendiste. Estaba abstraída en mis pensamientos.

—Gina, Gina, Gina… ¿En qué estarías pensando? ¡Traviesa! Seguro en ese guapetón de Elías.

—Pues no… —Gina sacudió su cabello y desvió la mirada— Lo había olvidado. En fin, vamos a desayunar. Ya casi es la hora y tengo que despertar a Malena.

Jordi se quedó mirando fijamente a Gina, como si quisiera decirle: “No te creo”.

Jordi y Gina comenzaron a preparar la mesa para desayunar. Todo parecía estar en calma. Un olor a café inundó la cocina.

—Voy a ir a despertar a Malena —dijo Gina.

En ese momento, vio a Malena entrando a la cocina.

—Buenos días, chicos. ¡Qué exquisito olor a café!

—¡Mamer! ¿Cómo amaneciste?

—Muy bien, aunque algo adolorida, mi Jordi. Voy a tomar café rápido y me arreglo. Ya es la hora de trabajar.

Malena suspiró profundamente.

—¡Ánimo, ánimo y más ánimo a las dos! Ustedes no tuvieron la culpa de nada. Así que, niñas, cabeza erguida, a sacar pompis y pecho. Se van a trabajar bellas como siempre, ¿OK?

Al llegar a la clínica “Lumiere”, Gina y Malena se encontraron con un ambiente completamente distinto al habitual.

Ese día no se atenderían pacientes. La jornada sería exclusivamente administrativa, destinada a organizar todo lo ocurrido después del asalto y definir cuándo se reanudarían las atenciones.

Sin embargo, el ambiente era de tensión absoluta.

En la clínica ya se encontraba el personal de enfermería y los paramédicos. El doctor Jorge también había llegado, aunque todavía faltaba el resto de los médicos.

Los tres auxiliares de aseo se encontraban ordenando las instalaciones. También estaba un joven informático, quien trabajaba en la reparación de las comunicaciones y en la configuración de los computadores.

El doctor Jorge se encontraba reunido con el contador y el abogado de la clínica, conversando sobre el asalto y la información que había sido extraída de las instalaciones.

La reunión se realizaba en una de las salas que la clínica reservaba para asuntos importantes. El lugar contaba con una mesa rectangular, varias sillas negras muy cómodas y una iluminación tenue que le daba un ambiente acogedor y elegante.

En ese momento, alguien tocó la puerta.

—Pase —dijo el doctor Jorge.

Malena y Gina entraron a la sala y se unieron a la reunión.

—Muy buenos días —saludó Jorge, acercándose a ellas. Luego abrazó a Malena y a Gina.

—Vamos a esperar al resto del equipo para comenzar la reunión —anunció.

Jorge se dirigió a Malena.

— ¿Cómo has estado? Me tenías preocupado. Fui a tu casa ayer, pero no había nadie. Además, estabas incomunicada.

Gina abrió los ojos, sorprendida.

“¿Cómo que fue a su casa? No sabía que eran tan cercanos. Malena es muy reservada con sus cosas.”




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