Academia Vesperhall: Ash

VIII: Parciales

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Era lunes en la casa Hollow y no era, precisamente, cualquier lunes. Había caos y tensión por todos lados. Unos chicos de segundo año chocaron con unos de primero y hojas salieron volando por todas partes. No hay nada como la semana de exámenes.

Toby estaba tranquilo, como siempre, atiborrándose de panecillos y chocolate caliente. Noah lo acompañaba degustando una taza de café bien fuerte.

Hannah y Alicia bajaban por las escaleras. Después de la primera noche de luna llena, Alicia parecía estar muy cercana a Hannah. De hecho, solía acompañarla a todas partes y esperarla, incluso, en sus clases especiales de brujas.

Ese día, no era la excepción. Alicia venía colgada del brazo de Hannah.

—Buenos días —dijo Hannah.

—Buenos días —respondieron Noah y Toby al unísono.

—Es un hermoso día hoy —continuó Hannah—. Qué bien que estuvimos repasando todo el fin de semana.

—No sabes cuánto extrañé la playa —dijo Noah.

—Tienes una obsesión con las puestas de sol —bufó Toby.

—No lo entenderías.

Alicia se limitaba a mirarlos en silencio. Aún no tenía confianza para hablar con Toby. Fue raro para el ghoul el día que Alicia se sentó entre Hannah y él en el comedor.

—Vete allá, Turabi —le había dicho entonces.

Toby le hizo lugar sin decir nada y se enfocó solo en comer. Cuando quiso agarrar un panecillo que Hannah ya no iba a comerse, Alicia le enseñó los colmillos y Toby tuvo que retirar su mano.

Por ese motivo, cada vez que ambas llegaban, Toby intentaba no acercarse mucho a Hannah.

—Bien —dijo Noah—. Hoy tenemos Integración y ¿qué más?

—Ciencias naturales, Historia y Leyes —respondió Hannah.

—Le tengo un poco de miedo al chiflado —dijo Toby.

—Se llama Leonard von Cavelti —lo corrigió Hannah, visiblemente irritada.

—Cada vez que lo dices así me dan náuseas.

—Pero con la señora Connelly parece no hacerte efecto.

—No metas a la señorita Maeve en esto —dijo Toby, molesto y acortando distancias.

Alicia se paró en medio de los dos. El cabello negro y despeinado le daba un aspecto aún más aterrador a su mirada inexpresiva. Toby retrocedió levantando las manos. Noah, que los veía, sorbía de su taza.

Luego de unos minutos, todos los alumnos del primer año salieron al pasillo principal y bajaron hasta el aula de Adim Azmy.

Noah fue el primero en salir del examen de Integración. Para Noah, fue el más fácil que alguna vez había hecho. Hannah fue la siguiente en salir, Alicia tras ella. Vivienne salió unos minutos después y pasó de largo sin mirar al grupo que se formaba afuera del aula.

Toby salió casi al final de la hora. El pobre chico temblaba sin control. Estaba preocupado por las últimas preguntas de conducta básica, pero luego de conversar con Hannah, se tranquilizó.

Una a una iban pasando las clases. Cavelti evaluó números y figuras geométricas. Connelly hizo preguntas individuales a cada alumno sobre fechas y hechos del origen de las especies. Toby destacó respondiendo correctamente a todas las que le hizo. Nikos puso un examen escrito sobre leyes y sanciones antes de la reforma. Vivienne parecía muy satisfecha con sus respuestas y terminó resolviendo el examen en quince minutos.

El almuerzo llegó como una bendición. Alexandra se sentó junto a Noah. Los mellizos tenían una cara de desilusión y comían tristes. La chica sirena jugaba con los mechones de cabello plateado de Noah.

—Ojalá pudiera repetir ese primer año con Cavelti —dijo ella, mientras acariciaba el cabello de la nuca de Noah—, pero es un alivio que este sea mi último año. Ya no soporto cálculo.

—¿Cálculo? —preguntó Noah, con un dejo de preocupación en la voz.

—Sí. Los números son mucho más complejos de lo que pensaba en mi primer año.

—¿Tú qué harás cuando te gradúes, Sandy? —le preguntó Noah.

Toby y Hannah cruzaron miradas. No soportaban el nuevo apodo de Alexandra en boca de Noah. La sirena ladeó la cabeza y miró al techo.

—No lo sé —dijo ella—. Probablemente ayude a mi padre en las disputas del mar Caspio.

—Suena muy interesante —dijo Noah.

Alexandra y los demás se despidieron de Noah al terminar el almuerzo. Iban a ser muchas horas sin ellos y tendría tiempo para practicar su control. El conde Mihai Crowe les había adelantado que el examen no iba a ser sencillo. Y tenía razón.

Al caer la noche, los seis alumnos de su clase estaban de pie en el aula. Frente a ellos había un contenedor lleno de sangre. El conde Crowe se paseaba entre ellos con un cronómetro y una tablilla donde iba apuntando conforme avanzaba el tiempo.

—Dante —dijo de repente—, se terminó su examen. Pasó apenas. —Dante suspiró y salió del aula—. Charles, usted también. Qué decepción para la familia Orsini. —El conde resopló—. Thomas, fuera. Louis, también.

La mirada del conde pasaba de Vivienne a Noah. Entornó los ojos.

—Vaya. Vaya —dijo, con una sonrisa malévola—. No me esperaba esto del chico de Hollow. Llegó a la final por la nota perfecta.

Vivienne apretaba la mandíbula y los puños. Las uñas comenzaban a hacerle daño. Noah respiraba tranquilo y su mirada transmitía serenidad. Mora lo había entrenado muy bien. Muchas veces lo llevó a morgues y hospitales solo para divertirse. A pesar de eso, Noah aprendió a controlarse al punto de que la sangre no lo tentaba.

—Ashgrove, querida —dijo el conde Crowe—. Me va a tener que disculpar, pero... terminó su examen.

Vivienne aflojó los puños, frunció el ceño y salió rápidamente del aula. Solo quedaron el conde y Noah.

—Debo decir que estoy muy sorprendido, Baker. De hecho, superar a vampiros de linaje en un examen de control es todo un hito. Tu biocampo espectral parece estar bajo total control. Tienes la nota más alta. Puedes irte.

Noah se fue a su cuarto orgulloso. Miró por la ventana, pero la torre de Nocturne estaba totalmente en penumbra. Ni una sola ventana estaba iluminada. Ni siquiera esa, que parecía acompañarlo por las noches.




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