Amando a Eliett Moore

Capítulo 9. La traición lo ha cambiado todo.

Muy temprano Are Montgomery estaba levantado, desayunaba con tranquilidad hasta que vió a Eliett frente a él.

—Sabía que vendrías —se puso de pié— te esperaba Eliett. —ella lo miró con cierta precaución al retirarse los lentes, sus ojos rojos e hinchado de llorar la delataban— No soy tu enemigo, sé que poco me conoces...

—¿Realmente a qué vino usted a esta ciudad? —preguntó— Mi padre está muerto, lo sabe usted, he escuchado tanto y he visto las imágenes que me dejó. También escuché a Fernando, quiere mi herencia.

—Te lo dije, tú padre antes de morir, me llamó, Eliett...Yo vine a cumplirle una promesa, creo que haces mal en no confiar en mi palabra.

—Esta ciudad está llena de hombres infieles que, lastiman a sus mujeres, y a nadie le importa, cada quien resuelve sus asuntos...

—No estás sola, y no eres cualquiera, y menos una de esas mujeres, ni son los mismos casos Eliett... tú no te comparas a nadie, eres tan única, tan hermosa que nadie podría igualarte, ¿Okey?

—¿No entiendes? Tengo el corazón roto, acabo de enterrar a mi padre, y tú vienes y me entregas esas pruebas que...yo no puedo entender, por qué a mí? ¿Acaso hice mal en no ser lo que mi padre quería para mí? Yo solo estudie piano, yoooo...

—Comprendo lo que te pasa, acabas de perder a tu padre y...

—Solo entendí que Fernando se acuesta con otra mujer, que no respetó nuestra alianza matrimonial y ahora siento que es verdad, quiere mi herencia.

—Yo estoy aquí para protegerte Eliett Moore.

—Esto es una locura, lo es...claro que lo es, —lloró en silencio y él magnate la abrazó a su pecho—no es fácil...le juro que es horrible, siento miedo...y muy confundida, de momento no sé porqué estoy aquí...

—Lo sabes Eliett, tú sabes que es verdad, ese hombre no te ama, tiene una amante, y se queda con lo que te corresponde...con lo que tú padre logró durante años.

—Y a mi me duele, —dijo apretándose contra su pecho y doblando su cuerpo desvanecido quizás por el dolor y por la noche sin dormir— ¿Acaso no lo entiendes señor Montgomery? Me duele demasiado...yo confié en él, y me traicionó.

—Eliett, claro que te entiendo, por eso estoy aquí...

—Es horrible. —se despegó haciendo espacio— Mi vida ahora es un completo cao....y no puedo....yoooo...

—No te calles Eliett, ¿Acaso vas a seguir sin confíar en mí? Nunca le he fallado a tu familia...déjame ayudarte, te protegeré y no tendrás que volver allí, no tienes porqué sufrir...recuperaremos tu patrimonio, ví que le firmaste unos documentos de poder absoluto a tus bienes...la herencia de tu madre, pero yo recuperaré lo que es tuyo...Eliett.

—Yo volveré allí, —espetó con odio en medio de su dolor, pero aún para el señor Are Montgomery le pareció delicada, ingenua para su edad— seguiré siendo la esposa de Fernando, tengo que descubrir ésto, necesito saberlo todo...

— Aún duda que ese infeliz traidor la engaña, lo sé —pensó el señor Montgomery— su padre tenía razón, es ingenua, ésto es como estar dispuesto a salvarla de ella misma... que se prepare entonces, yo no vine aquí a perder mi tiempo.

La verdad era que Eliett sabía todo lo que estaba en juego, conocía el temperamento de su esposo y había aprendido a vivir con eso, solo que ella espetó con frialdad.

—Señor Montgomery, estaré bien, aunque hay momentos que deseo morir, yo estaré bien, y no se preocupe, haberme traicionado Fernando, es un poco difícil, pero haber traicionado a mi padre lo cambia todo...solo que ahora no puedo enfrentar nada, hoy no, solo deje que yo llore lo que tenga que llorar, lo único que tengo, es dinero, solo dinero...

—Eliett...

—Adios señor Montgomery.

***

Fernando se levantó apresurado mirando la hora, se vestía murmurando porque su amante no lo había despertado.

Ella sonrió como si le placía atormentarlo, se acercó y arreglaba su camisa sin dejar de coquetearle, él estaba a punto de enfurecer viendo que a ella no le importaba.

—Tranquilízate cariño, te quedaste dormido, ¿Cuál es lo diferente? Solo dile que saliste de la ciudad, bueno, supongamos que es tonta, aunque...

—¡¿Qué vas a inventar?! —preguntó Fernando tomando el control del arreglo del cuello de su propia camisa, pero la mujer rió aún más y coqueteando le espetó.

—Yo no invento, después de lo que me dijistes, no dudo que el señor Montgomery la quiere como mujer, y te la va a ganar, ella tiene su confianza bastante sospechosa en él. —la mujer quebró la voz al sentir la presión en los brazos cuando Fernando sin misericordia la apretó.

—¡No vuelvas en tu vida a repetir eso! ¡Maldita seas, no sabes de lo que sería capaz! ¡Eliett Moore es mi esposa, quizás no sea el mejor hombre del mundo, pero ella siempre será mi mujer! —la mujer cayó sentada a todo golpe tras un empujón y el hombre se inclinó a tomarla nuevamente, pero ella lloró.

—Me haces daño, tú no la amas, estás conmigo.

—¡Que quede claro, Eliett es mía y siempre será mía, quiero el control de todo, de todo, incluyéndola a ella, ¿Acaso no entendiste?! ¡No te enamores de mí, solo disfruta, goza...!




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