Amando a Eliett Moore

Capítulo 10. Coraza de paz.

Eliett Moore escuchó de la boca de su esposo algo que en su vida no había oído jamás, y aunque ella sintió pánico, lo observó y contuvo su respiración de forma calmada.

—¿Qué te sucede Fernando? —preguntó asegurándose de controlarse así misma— ¿Tuviste mala noche? Entiendo que dormir fuera de casa y de tu oficina no debe ser nada cómodo.

—Eliett, respóndeme...no me cambies el tema, bien sabes que estaba trabajando como siempre.

—No voy a responderte hasta que aprendas a no gritarme, Fernando no es la manera. Además no soy una esclava para obedecerte como si fueras mi amo....

—¡Soy tu esposo Eliett! —dijo enfurecido con la mirada puesta para subyugarla— ¡¿No te es suficiente?!

—No, no me es suficiente, siempre fuí el centro de la vida de mis padres, la joya más preciosa de esta familia, siempre he sido amada, respetada y cuidada, nunca espero menos de quien dijo que me amaba delante de un juez.

—Eliett, somos...

—Por tu forma de hablarme, no somos nada. ¿Por qué debo confiar en tí, si tú no confías en mí? ¿Por qué date explicaciones si tú no me das explicaciones? —respiró profundo— ¿En dónde dormiste? ¿Con quién? —sonrió aún más pasiva— Conmigo no fue, porque yo si amanecí en nuestra cama, y sí, es cierto, salí a caminar a despejar mi mente de preocupaciones, liberar mi pecho que me duele al recordar que mi padre no está y a tí eso no te importa, tu atención está puesta en otras cosas que realmente son tus intereses.

—Cariño, perdóname —cambió repentinamente, porque la mirada de Eliett Moore decía mucho más que sus palabras— solo me preocupas, no quiero que salgas sola.

—Estoy bien y no soy una inútil, puedo cuidar de mi, voy a tocar el piano.

—Dejame explicarte. —ella se detuvo con más calma y espetó con firmeza.

—Ya no quiero explicaciones Fernando, la verdad estoy en un momento de mi vida donde no las necesito, realmente necesito, es a mi padre y no está, pero tampoco aceptaré insultos ni órdenes tuyas ni de nadie, solo porque me expliques algo que igual no me consta, hace mucho tiempo que no eres el mismo...es mejor que sigas así, no tengo ganas de seguir esta charla, me aburrió cuando aún comenzaba.

—¡Eliett, escúchame...! —ella cumplió su palabra subió a tocar el piano y Fernando parecía perder la control, pero se detuvo— ¡¿Qué me pasa?! ¡¿Soy un idiota o qué?! ¡Es mi mujer, deberá obedecerme.... pero...no me conviene llevarle a contraria, maldito Are Montgomery, seguro viene de verlo a él, nadie va a quitarme a mi mujer, nadie me arrebatará lo que me pertenece!

***

La tarde estaba fría, Eliett entró a la casa de sus padres, en dónde creció rodeada de amor, ella permanecía aún más enojada con el mundo entero, había perdido a su padre y saber de la traición de su esposo la hacía más vulnerable.

Ella entendía que realmente Are Montgomery estaba allí por voluntad de su difunto padre y tenía más confianza en él por el respeto y las consideraciones que existían entre ellos dos.

—Señora, ha llegado el abogado de su padre. —dijo la empleada y ella solo la miró detenidamente y luego repuso.

—¿Ya está aqui?, —preguntó sorprendida mirando el reloj— llegó una hora antes, pásalo al despacho, ya lo recibo. —dijo como si algo había endurecido su corazón.

—Ya su esposo lo hizo pasar. —dijo la mujer y Eliett volteó a mirarla e interrogó.

—¿Fernando está aquí? —la respuesta fue asertiva y Eliett se apresuró al despacho, algo le hizo despertar que realmente su esposo no solo era un infiel, sino que quería quitarle lo que su padre le había heredado como se lo había advertido Are Montgomery.

...

Eliett abrió el despacho repentinamente entrando a toda prisa, vió a su esposo sentado en el sillón de su padre, su enojo fue tan grande como su duelo, cerró los ojos y espetó.

—¡Fernando, levántate de la silla de mi padre! —su esposo se sorprendió, pero accedió recordando las palabras del señor Montgomery.

—¿Cariño, qué te sucede? —preguntó acercándose a toda prisa— Eliett, mi amor, ¿Qué pasa?

—¡Es la silla de mi padre, es de él, no tienes que ocuparla!

—Entiendo, es parte del duelo, todo está muy reciente cariño, discúlpame.

—Señorita Moore...—interrumpió el abogado.

—Es mi esposa, ¿Cómo que señorita Moore? —sonrió como si la vida lo había premiado y Eliett temió, Fernando no era de sonreír tan a menudo, en otras circunstancias hubiese enfurecido.

—¿Quienes deben estar en la lectura del testamento? —preguntó Eliett— ¿Acaso no llamaron al señor Are Montgomery? —la sonrisa de Fernando se congeló— Papá era muy estricto con sus cosas.

—Lo cité, pero aún no llega. —dijo el abogado de forma abrupta.

—A que hora lo citó. —preguntó siendo muy tajante— el señor Montgomery es muy puntual, papá lo elogiaba por ser ordenado.

—Buenas tarde. —interrumpió el magnate dejando a todos impresionados— ¿Acaso esperaban por mi?

—Señor Montgomery...

—Qué predecible ha sido usted, abogado Nieto, me cita para la lectura del testamento a las dieciocho horas, pero usted viene acá a las diecisiete horas, ¿por qué? ¿Acaso hay un plan en contra de la heredera?




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