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📍 Manual de supervivencia después de un examen
Hay dos tipos de personas cuando termina un examen: las que comparan respuestas y las inteligentes.
Nunca he entendido la necesidad de descubrir que has cometido un error cinco minutos después de entregar el folio. Si ya no puedes cambiarlo, ¿para qué sufrir dos veces?
Yo prefiero salir, respirar hondo y convencerme de que Napoleón vuelve a ser problema de otra persona.
Funciona sorprendentemente bien.
De camino a casa he pensado que las cafeterías se parecen bastante a los exámenes. Las dos están llenas de personas convencidas de que llevan razón.
Pero, por suerte, en una cafetería siempre puedes pedir otro café si te equivocas, cambiar de mesa o guardar silencio cinco minutos hasta que todo vuelva a parecer un poco más sencillo.
Los exámenes, en cambio, no sirven café.
Y creo que ese es su principal problema.
Emma leyó la última frase una vez y sonrió muy ligeramente.
Publicó la entrada y apagó el portátil.
Sobre el escritorio, la servilleta seguía donde la había dejado.
Emma apagó también la lámpara.
Mañana sería martes.
Y, por suerte, Napoleón ya no tenía nada más que decirle.
Fin de la entrada.
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Editado: 04.11.2026